Miércoles, 23 de Agosto de 2017

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Blanco Fombona Revivido

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Por: R.J. Lovera De-Sola

Hay quien ha creído que se puede penetrar en la biografía de Rufino Blanco Fombona(1874-1944), uno de los diez grandes de las letras venezolanas, eludiendo la fascinación del personaje o considerándolo un escritor atrabiliario. Nada de eso es cierto aunque si es verdad que la suya es una de las vidas más difíciles de encarar entre los cultores de la literatura y de la historia entre nosotros. Todo esto lo sabe bien el librero Andrés Boersner(1960), ahora convertido en autor y es ello lo que le ha permitido ofrecernos en su Rufino Blanco Fombona entre la pluma y la espada.(Caracas: Fundación para la Cultura Urbana, 2008. XXII, 173 p.) un acercamiento bastante certero a nuestro gran creador, inventor así tomara la pluma para escribir literatura, redactar su apasionante Diario de mi vida o para cultivar la historia, la de Simón Bolívar(1783-1830) y la de la Emancipación americana en particular.

Rufino Blanco Fombona es un personaje magnífico para una biografía por los mil sucesos de su vivir. Igual nos sucede con la Manuel Vicente Romerogarcía(1865-1917) quien espera aun un biógrafo porque esta es la mejor forma de entender a aquel otro venezolano apasionado, cuyas sin pares peripecias son más interesantes que su novela Peonía(1890). Tanto así como fue don Rufino.

Fue Blanco Fombona a la vez hombre de acción y de reflexión, de ambas y no sólo de una de ellas. Quien pretenda mirarlo solo actuando se perderá de la mitad del gran caraqueño. Al igual que si solo lo mira a través de todo lo que escribió, siempre bueno, supremo en nuestra vida intelectual.

Por ello indica Boersner: “Lo importante es conocer al personaje para saber cuáles son las ideas que al fin de cuentas van a prevalecer en su pensamiento”(p.XVIII); hay que saberlo leer, como indica Boerner, “hasta el índice del libro para evitar sorpresas…la nota a pie mismo, máxime cuando entre uno y otro mediante veinte años de diferencia”(p.XV).

También apunta el biógrafo: “Suele pensarse que la mejor manera de encontrar a un autor es mediante escritos inmediatistas como el diario íntimo. Esta supuesta libertad de contenido puede conducir a ruta engañosas, llenas de falsas pistas…Con frecuencia hay que apelar a las vías marginales para saber qué hecho determinó cierta frase…Igualmente toma mucho tiempo descifrar la verdad”(p.XXI).

Rufino siempre estaba a flor de piel, por ello “Estas instantáneas, rápidas, nerviosas, son lo mas destacado de su prosa”(p.41). Y de allí el por qué de la importancia de la escritura autobiográfica en él, expresada casi siempre en las páginas de su fascinante Diario.

Pero ante Blanco Fombona debemos saber primero aquello que no fue: no es “una figura, más que una obra; un gesto más que una palabra”(p.XV) como dijo equivocadamente Ángel Rama(1926-1983), siempre errado en cuanto a la comprensión de nuestras letras. Fue el compilador de la edición mutilada de los Diarios de Blanco Fomona en la cual fragmentó lo que no se podía desunir y eliminó documentos fundamentales, uno de ellos del cual Rufino se sintió siempre feliz de haberlo escrito, su carta a Juan Vicente Gómez(1857-1935), denunciado la presencia de los barcos de los Estados Unidos para respaldar el golpe de 19 de diciembre de 1898 contra Cipriano Castro(1858-1924).

En verdad Rufino fue un hombre, que como el mismo lo confesó, “A mi me alimenta la esperanza” como escribió en Camino de imperfección(Madrid: Editorial América, 1933,p.198-199), apenas iniciado su largo destierro al exilio(Abril 16,1911).

Tenía, era un escritor a fin de cuentas, lo que Boersner denomina a la “neurosis escribana”(p.XV), todo lo que vivía, todo lo que imaginaba iba directo a la página. Por ello “esta ansiedad lo revela más espontáneo e imaginativo cuando escribe sus diarios”(p.XV). Fue por ello, “gran maestro del diarismo y de injuria en nuestra literatura”(p.XV). Pero no sólo él como veremos más adelante.
Por ello, recalca este autor: “Lo importante es conocer al personaje para saber cuáles son las ideas que a fin de cuentas van a prevalecer en su pensamiento”(p.XVIII).

Boersner lo considera con razón héroe(p.XIV). Lo fue, en el sentido de Augusto Mijares(1897-1979),”La humanidad ha dado siempre el título de heroísmo, no al combatir vulgar, sino a una íntima condición ética, que es lo que pone al hombre por encima de sus semejantes: héroe es el que resiste cuando los otros ceden; el que cree cuando los otros dudan; el que se rebela contra la rutina y el conformismo; el que se conserva puro cuando los otros se prostituyen”(Lo afirmativo venezolano. Caracas: Dimensiones, 1980,p.32-33). Pero le puede suceder que todos los demás, los que aceptan lo que sucede, lo destruyan, porque también le sucedió lo que indica Oriana Fallaci(1929-2006):”La eterna leyenda del héroe que se bate solo, pateado, vilipendiado, incomprendido. La eterna historia del hombre que rechaza plegarse a las iglesias, a los temores, a las modas, a los esquemas ideológicos, a los principios absolutos vengan de donde vengan, se revistan del color que sea, del hombre que predica la libertad. La eterna tragedia del individuo que no se adapta, que no se resigna, que piensa por su cuenta, y por eso lo matan entre todos”(Un hombre. Barcelona: Noguer,1979,p.17). Palabras que se pueden aplicar también al Libertador, a quien tanto estudió Rufino. Ambos eran caracteres de este tipo, como también lo fue el griego Alekos Panagulis(1939-1976), el político ateniense evocado por la gran periodista italiana. En este sentido fue Rufino héroe porque su vida fue estimulante para su compatriotas.

Y teniendo en cuenta esto piensa Boersner que se podría caracterizar a Blanco Fombona de aventurero(p.XIV), no lo creemos. Fue su peripecia por el entonces Territorio Federal Amazonas más bien una odisea, como lo fue su lucha contra la dictadura gomecista, al propia de un intelectual, un hombre que puso por encima de los hombres las ideas.

Pero fue tal su vida que se hizo legendario, pero “La leyenda la forjó el escritor mismo”(p.XIV).

Más que egocéntrico, como escribe Boersner, fue más bien egotista, por ello lo autobiográfico siempre está presente en él, por ello su Diario es esencial para entenderlo.

No entiende bien a don Rufino cuando apunta: “acusamos el nervio, la rapidez, el atolondramiento, la desorganización con que llevaba sus ideas al papel”(p.XV). En verdad esto hay que matizarlo porque lo que fue nuestros escritor fue un hombre apasionado, tanto en literatura, en el amor y en sus opiniones y acciones políticas. Y claro, aquí si tiene razón Boersner, “esta ansiedad lo revela más espontáneo e imaginativo cuando escribe sus diarios”(p.XV) porque fue la suya una pasión anhelante, a veces desolada.
Al analizar a Rufino hay que separar con cuidado al maestro del diarismo con el maestro de la injuria, que también lo fue, sobre todo en su Judas Capitolino(Chartres: Imprenta de Edmond Garnier,1912. XXIII,292 p.), porque son dos formas del discurso.

No creemos que se le puede criticar a sus cuentos “la sensación de lo inacabado, del bosquejo preliminar que no termina de consolidarse”(p.XVI): ¿es que eso no es el cuento, mera aproximación a un suceso, a un personaje, a un estado de espíritu, la mirada a apenas un matiz, mas a un asesinato, un hecho, que a un asesino, cuya psicología hay que describir en el espacio largo de la novela.

Y en la novela: ¿Qué sucede tras El hombre de hierro(Caracas: Tip.America, 1907. 338 p.), por qué una novela tan buena no vuelve a aparecer entre las suyas? Hay que responder a este punto, aunque el hecho está claro: Gómez le tuerce el destino, incluso al gran cultor de la imaginación novelesca. Las novelas que vinieron después fueron meros panfletos disfrazados dentro de los moldes de la invención narrativa

Pero siempre en Blanco Fombona estará presencia del arranque emocional(p.XVI): en eso era genio y figura. Sin ello no podía escribir. Incluso cuando escribe sobre los tres personajes que “nutre casi toda su obra”: Bolívar, Gómez y él mismo”(p.XVII). “Cuando estudia a Bolívar busca retratarse”(p.XIV), apuna Boersner con razón.

Boersner le encuentra parecidos con Francisco Herrera Luque (1927-1991), en este caso en el sentido indagador de las raíces del ser venezolano. No hay que olvidar que uno de los buenos puntos de partida de Los viajeros de Indias del historiador-psiquiatra es precisamente El conquistador español del siglo XVI(Madrid: Mundo Latino, ¿1921?. X,294 p.) porque Rufino observó lo patolólgico de las acciones de muchos de ellos, cosa que Herrera Luque estudiaría dentro de los contornos de la historia psiquiátrica. No olvidemos que antes de Rufino ya José Gil Fortoul(1861-1943) había apuntado caracteres enfermizos en los conquistadores y Lisandro Alvarado(1858-1929) había comenzado a estudiar las “neurosis” de nuestros hombres célebres.

Otro escritor a quien hermana Boersner con Rufino es Argenis Rodríguez(1935-2000), este último escribió sus Memorias al alero de su admirado Rufino. Y nos podemos preguntar aun más: ¿ Rufino no habría podido firmar la panfletaria trilogía suya Breve relación de la destrucción de un país del creador llanero?. Lo creemos.

Aspecto importante, digno de extenso estudio, son los sesgos eróticos del vivir de Blanco Fombona, todo confiado en su Diario, cosa que ante hizo, fue el primero en hacerlo, Francisco de Miranda(1750-1816) en su magnífico Diario(1771-1792) todavía escasamente conocido entre nosotros pese a su singularidad, fue el principal escrito en prosa concebido por un venezolano durante todo el período colonial, ¡nada menos!, es nuestra personal opinión, después de haber leído línea a línea, los cuatro tomos de su primera edición(1929). Es, como todo entre nosotros, antecedente del Diario de Rufino. Fue don Francisco el primero en confiar en sus hojas el suceder de su rica vida erótica, se ha calculado que se ayuntó con cerca de doscientas mujeres.

El importante sesgo erótico de la vida de Rufino, insistimos, le acerca a Miranda. Y es asunto que está aun por estudiarse en el caso de nuestro grande autor. Hay comprender esta faceta suya por lo que refiere en su Diario y además las confesiones que hay en su poesía, en donde siempre está la verdad más verdadera, la íntima de toda intimidad.

Usa Boersner la palabra “burdeleaba”(p.XIII) para aplicársela a Rufino. A este, como a todo hombre entero, nunca le faltó burdel, lo cual forma parte de la educación sentimental de todo varón heterosexual. Tuvo Rufino experiencia con las mujeres porque las prostitutas son las verdaderas educadoras sexuales de los hombres, las sabias, las que los introducen en el vivir. Y no solo por enseñarlos a hacer el amor sino por todo lo que sucede cuando tranquilos en la cama, desnudos, viene el momento de las confesiones hombre-mujer. Por ello Rufino fue más allá de aquello que comenta Boersner: “conoció todos los países del mundo a través de sus mujeres”(p.XIII). Por que en él, como indica Mario Torrealba Lossi,“Los arrebatos dionisíacos…la presencia de un espíritu romántico, el signo donjuanesco frente a la mujer y el amor”(p.131) siempre estuvieron presentes. Pero él, como lo diría hoy el feminismo, fue un falócrata, un machista, hijo de su tiempo no podía dejar de serlo. Por ello, un hombre tan culto y sensible, no pudo entender el gran milagro que significó Isadora Duncan(1878-1927) cuando la vio bailar desnuda sobre el escenario en París. Fue una lástima. En La Lámpara de Aladino está su crónica de aquel día.

Fue Rufino Blanco Fombona caraqueño de vieja estirpe. Ser a la vez agresivo desde temprano pero meditador y reflexivo desde el comienzo. 1899 fue el año de su iniciación literaria con sus Trovadores y trovas(Caracas: Tip. Herrera Irigoye, 1899. XXXIII,178 p.), su primer libro.

El año anterior, 1898, fue el de la afirmación del imperialismo norteamericano. Este será asunto que siempre inquietó a Blanco Fombona como también sucedió al uruguayo José Enrique Rodó(1871-1917), al argentino Manuel Ugarte(1878-1951) y a su compatriota César Zumeta(1863-1955), quien tres años antes había publicado El continente enfermo(New York: spi, 1899. 24 p.). De allí que en 1902 Rufino haya publicado, en Holanda, su ensayo La americanización del mundo(Amsternam: spi,1902. 26 p.).

En 1900, en su estancia zuliana, al publicar sus Cuentos de poeta(Maracaibo: Imprenta ameriacana, 1900. XII, 214, XXVI p.), surgió otra faceta de su escribir. Don Miguel de Unamuno(1864-1936), ya interesado en la literatura latinoamericana, se lo comentó en una carta: “Me agrada sobre todo en sus cuentos la preñada concisión, el toque fino y rápido. Casi todo es preciso, sobrio, burilado…con clarosocuro, matizado”(p.26). A partir de allí se inició su relación con el Rector de Salamanca, del 12 de enero de 1901 data la primera carta que Rufino le remitió. La amistad y la cooperación entre ambos se ampliará, sobre todo por un tema que ambos interesaba: Bolívar. Fue por insinuación de Rufino que Unamuno redactó, en 1914, su ensayo “Don Quijote Bolívar”, una de las páginas de oro dedicadas al Héroe, tan singular como las de José Martí(1853-1895), Juan Montalvo(1833-1889) o Rodó, este última también concebida por insinuación de Rufino.

En 29 de Agosto de 1901, en Amsterdan inició Rufino la escritura de su Diario, que es obra fundamental en él, un creador tan profudamente autobiográfico. Esa parte holandesa la conocemos ahora como Viéndome vivir(Caracas: UCAB, 1998), “narrativa brillante, clara, precisa, escueta”(p.31). “Yo soy” es frase se repite en el diario recuento. Será así Rufino otro “Don yo”, como le decían a don Domingo Fuastino Sarmiento(1811-1888). No hay en su Diario “espacio para el fraude, el silencio o la idealización. Lo crudo y contradictorio está a la orden del día”(p.31) acota Boersner. En nuestro tiempo, por haber repasado los siete tomos del Diario de Anis Nin(1903-1977), podemos comprender mejor a Rufino. Y además a Miranda, Valentín Espinal(1803-1866), José Rafael Pocaterra(1889-1955), Mariano Picón Salas(1901-1965), Laureano Vallenilla Planchart(1912-1973), Víctor Manuel Rivas(1909-1965), Argenis Rodríguez(1935-2000) o Ángela Zago, nuestros grandes autobiófrafos. A los que había que añadir nuestros grandes epistológrafos que encabeza Simón Bolívar y siguen Teresa de la Parra(1889-1936) y Pedro Emilio Coll(1872-1947).

De 1907 es su primera novela El hombre de hierro, la mejor de la suyas. Aquel prodigio de la escritura nunca se volvió a repetir en él, pese a haber escrito varias más.

Al año siguiente Rufino nos dejó en su Diario el mejor relato que conocemos de la toma del poder por Gómez. Para historiar aquel hecho hay que consultarlo y citarlo a él.

A los meses, ya en 1909, el dictador lo envía la cárcel, a nuestro entender sobre todo por la célebre carta que le mandó(la misma que Rama suprimió de su edición de los Diarios, está en Por los caminos del mundo y en Camino de imperfección. Por cierto lo que opinó Rama de Por los caminos del mundo es falaz porque no leyó el libro), en defensa de nuestra soberanía vulnerada por los navíos de guerra norteamericanos que ayudaron a Gómez a apuntalar el golpe. Alguna vez la publicó como “Cara al Capitolino”.

Amigos jurados, entre los cuales se encontraba su fraterno Luis Correa(1886-1940), convencieron al tirano lo dejara libre. Salió al exilio.

Entre 1910-1936 estuvo desterrado veinte y seis años. Tiene treinta y seis años cuando salió de La Rotunda al exterior. Tendrá sesenta y dos al regresar y solo le restaban ocho años de vida. Ese fue su drama: desconocía el país que encontró al morir Gómez. Tal su tragedia final.

La proscripción de su tierra será época de grandes trabajos, como bien lo recalca Boerner.

En 1912 en su Judas Capitolino, respondió al volumen que el gobierno escribió contra él: Leprosería moral(Nueva York: spi, 1911. 74 p.) estaba firmado por José María Peinado, seudónimo de Delfín Aurelio Aguilera(1865-1937), el volumen incluía interpolaciones de César Zumeta. Judas Capitolino es uno de los grandes panfletos políticos escritos por un venezolano.

Desde 1914 el tema de Bolívar lo asedia. No sólo recopila las Cartas del caraqueño sino que produce libros que son aun fundamentales para el estudio de aquella personalidad impar. Tal El espíritu de Bolívar(Caracas: Impresores Unidos, 1943. 266 p.), “su estudio bolivariano más ambicioso”(p.132) comenta Boersner con razón, las intuiciones interpretativas de Rufino son veraces. Le siguen tanto Mocedades de Bolívar(Buenos Aires: Club del Libro, 1942. 205 p.), que permanece aun, ha sido rectificado sólo en algunos puntos. De esa cosecha es también Bolívar y la Guerra a Muerte(Caracas: Impresores Unidos, 1942. 294 p.), una obra de larga gestación, iniciado en Caracas en 1906, lo que nos indica que sus estudios de Bolívar no se iniciaron en 1914 con su primera compilación sobre el asunto sino ocho años antes.

En 1915 sucedieron dos hechos destacables en su vida: fundó en Madrid la Editorial América, en la cual aparecieron hasta 1935, más de trescientos títulos y fue publicado su libro La lámpara de Aladino(Madrid: Renacimiento, 1915. 590 p.), sin duda su mejor libro de ensayos.

De 1921 es El conquistador español del siglo XVI. Ocho años más tarde, en 1929, apareció El Diario de mi vida. La novela de dos años(1904-1905), primer tomo impreso de su Diario(Madrid: Renacimiento, 1929. XII, 357 p.)). Fue aquel 1929 un año muy destacable de la literatura venezolana: aparecieron Doña Bárbara de Rómulo Gallegos(1884-1969), Las memorias de mama Blanca de Teresa de la Parra(1889-1936), y los poemarios Las formas del fuego y El cielo de esmalte de José Antonio Ramos Sucre. Junto con el Diario de Rufino estamos ante un momento de pródiga creación literaria, un momento en que ya trabajaban en sus libros, que se publicarían en 1931, Arturo Uslar Pietri(1906-2001): Las lanzas coloradas y Enrique Bernardo Nuñez(1895-1964): Cubagua. Ese mismo año aparecería también el poemario La voz de los cuatro vientos de Fernando Paz Castillo(1893-1981).

En 1933 publicó Camino de imperfección, segundo tomo del Diario. En este caso el título era hiriente, lo contrario a Camino de perfección de Manuel Díaz Rodríguez(1871-1927), gran escritor también pero alto funcionario gomecista.
En 1935 murió Gómez. Rufino cerró sus negocios en Madrid y regresó a los pocos meses, ya al año siguiente.

Pero desde1936 con el regreso “Su vida es la crónica de un desadaptado”(p.123): no conocía el país que había dejado en 1910, este había cambiado por el efecto del “rey petróleo”, era un país del siglo XX.

En 1941 escribió: “Mientras se tenga vida hay que vivir; es decir actuar. La vida no es inacción”(p.138); “No soy hombre suave, ni falso, ni de alfeñique, sino absolutamente leal y absolutamente sincero”(p.140). No estaba dispuesto a detenerse, ello era imposible para él

En 1942 hizo imprimir en Caracas otro tomo del Diario: Dos años y medio de inquietud(Caracas. Impresores Unidos, 1942. XII,302 p.). 1943: fue último año de su vida que vivió en Venezuela como lo enfatiza Boersner(p.153). El 16 de Octubre de 1944 murió en el Hotel “City” de Buenos Aires.

“Tenía setenta años. Sus libros y folletos suman más de cincuenta. A esos habría que agregar centenares de artículos, centenares de prólogos, traducciones, anotaciones de otros libros”(p.154), tal el balance de una vida intensa y de una dedicación inmensa a poner sobre el papel lo que el cerebro y el corazón le dictaban.

Políticamente creemos que fue un rebelde, nunca un hombre de izquierda, aunque había estudiado a Carlos Marx(1818-1883) y las diversas formas del socialismo. Fue siempre un hombre idealista quien deseaba la innovación, el cambio para mejorar.

Fue siempre critico del imperialismo norteamericano, ha señalado Edgar Gabaldón Márquez(1921), que La americanización del mundo es el mejor texto en el cual se describe el coloniaje como forma societaria. Rufino es su punto de partida del desarrollo de tal concepción para él(El coloniaje. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1976.526 p.).

Siempre consideró “la necesidad que tienen los pueblos latinoamericanos de crear un código de leyes que permitan una política exterior fuerte y solidaria”(p.33), cosa que no hemos hecho.

Fue siempre jurado enemigo de las dictaduras. Tanto como entre nosotros Pío Gil(1865-1918), a quien trató, planfletista ético singular fue el tachirense.

Siempre sintió “la exclusión de los mejores”(p.38) que tanto se practicada en Venezuela. Todavía se lo sigue haciendo.

Insiste Boersner en un discutible punto en relación con Rufino:“Es imposible que una persona con tal carácter no cayera en el terreno de las contradicciones”(p.XVI). Pero todos los hombres lo son, es una característica de la humana piel. “He ahí al hombre/He ahí su contradicción” dijo el gran Miguel Hernández(1910-1942). Las contradicciones, las dudas, las idas y vueltas es lo que no hace humanos. Y Rufino no podía ser la excepción.

Este es un libro certero. Pero lo será más si Boersner corrige los errores que se encuentran en él. Tal estos casos: el colegio Santa María era un colegio laico(p.6); cuando escribe “Rojas Paul hace pasantía de unos meses en la presidencia”(p.6) se equivoca: el período presidencial en aquellos años duraba dos años, desde la aprobación de la llamada Constitución Suiza, impuesta por Guzmán Blanco; hay varios nacimientos que sitúa en 1873 cuando sucedieron al año siguiente que fue cuando José Antonio Maitín y Pedro José Rojas murieron y nacieron Rufino, el maestro Santiago Key Ayala(1874-1959) y el músico Reinaldo Hahn(1874-1947); el Diario de Rufino no fue el único más largo de nuestras letras. También el de Francisco de Miranda lo fue. Y teniéndolo en cuenta no es solo el de Rufino el “testimonio personal más importante de nuestra literatura”(p.31); la extracción del petróleo no se inició en Venezuela en 1906 sino en 1878, con la compañía Petrolia del Táchira(p.47); cuando hace esta risible afirmación hierra: “el nuevo gobernador de Caracas, Nereo Pacheco”(p.58), en verdad este siniestro personaje solo fue el carcelero de La Rotunda; cuando se refiere a Rafael Bolívar Coronado(1884-1924) no debe condenarlo, los actos de nuestra antiplagiario tienen su explicación(p.79) y hoy en día, como lo sostiene el historiador Germán Cardozo Galue la obras de la colección colonial impresa en Madrid bajo su cuidado se le concede especial valor para el estudio de la historia regional falcón-zuliana. Ello nos indica que Bolívar Coronado obtuvo los textos que publicó, bajo los seudónimos utilizados, distintos a su persona, los había sacado de los archivos españoles. Bolívar Coronado fue también, y no es poco, el autor de la letra del Alma llanera, himno popular de Venezuela; Juancho Gómez(1860-1923), el vicepresidente asesinado en Miraflores, no era primo del Benemérito sino su hermano. Su primo(p.95) era Eutoquio Gómez(1868-1935); el doctor Esteban Gil Borges(1879-1942) no cayó por no nombrar a Gómez en su discurso al inaugurar la estatua del Libertador en Nueva York en 1921 sino por intrigas en la camarilla gomecista ante hombre tan destacado. Y, además, tampoco Manuel Díaz Rodríguez(1871-1927) nombró a Gómez al inaugurar la estatua de Bolívar en Roma y nada le sucedió(p.95); cuando José Rafael Pocaterra publicó su novela El Doctor Bebé no estaba saliendo libre de La Rotunda, eso fue en 1922, ni del Castillo de San Carlos en Maracaibo, en 1908, en donde lo mandó preso Cipriano Castro y no Gómez(p.103). La novela fue escrita y se publicó cuatro años después de haber salido libre: en 1913. Hasta aquí los lunares corregibles de la obra comentada.
Disentimos de este punto. Boersner anota:“Sólo en las últimas obras de Blanco Fombona…se percibe cierta serenidad”(p.XV). Nos parece un equívoco. En verdad El conquistador español del siglo XVI o La evolución política y social de hispanoamericana(Madrid: Bernardo Rodríguez, 1911. XXIV, 156 p.), e incluso El modernismo y los poetas modernistas(Madrid: Mundo Latino, 1929. 364 p.) lo son. Y lo es El hombre de hierro, su mejor novela, escrita antes que don Juan Bisonte le torciera el camino. Y Rufino lo supo. Por ello escribió en Camino de imperfección:”Dos fatalidades avillanan mi literatura: el haber tenido que contender durante un cuarto de siglo con el más soez patán, zafio autócrata aldeano, de lodosa alpargata”(p.XVI): allí está la explicación, sobre todo de que nunca haya logrado producir otra novela tan buena como El hombre de hierro.
Al libro de Andrés Boersner le falta empaparse mejor de todos los vericuetos de la historia venezolana del período en que don Rufino vivió. Lo mismo del vivir diario de la literatura venezolana, no la que está solo en las obras, que él conoce bien, sino la humana, la vivida por los escritores: por ejemplo: las tertulias en la sede de El Cojo Ilustrado, las memorias y recuerdos de los creadores: con eso podría llegar más hondo.

Estamos pues al pie, al final, de esta evocación de Rufino Blanco Fombona. Cerramos con un recuerdo emotivo que nos pinta al escritor tal cual fue. Esto sucedió en 1936. A poco se haber regresado le pidió a su gran amigo Luis Correa que deseaba recorrer Caracas. Este le envió a su hijo Leopoldo Correa, quien nos relató lo que contamos. Pasearon una tarde por Caracas. Subieron hasta La Pastora. Frente a una casa Blanco Fombona se paró, colocó su bastón sobre el balaustre de la reja y lloró, lloró muchísimo, largo rato. Leopoldo Correa conmovido guardó silencio. Cuando Rufino se sacó el pañuelo y se secó las lágrimas le preguntó por qué había llorado de aquella forma. Rufino le dijo “esta era mi casa”. Estaban ambos parados frente a Villa Ignacia, la residencia de su familia en La Pastora, la de los recuerdos entrañables.