Miércoles, 23 de Agosto de 2017

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Antonio García Ponce: de lo universal a lo nacional

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Nos queremos referir hoy a Antonio García Ponce, al autor de obras de ficción, no tocamos ni al analista político ni al historiador a quien debemos tan valiosas contribuciones. Y en especial vamos a referirnos a las novelas suyas que nos permiten ir hacia lo universal o hacia el cierto hondón de la vida venezolana. Nos referiremos por ello a La ilusión del medio perenne y a La espada tenaz de Vicencio Pérez Soto, lo cual no implica desdeñar La insolencia de un olvido o de sus celebrados Cuentos de amores que no fueron, que todavía siguen fascinando a sus muchos lectores.

El Escribir

La obra narrativa del caraqueño Antonio García Ponce(1929) se compone hasta el presente de un libro de ficciones breves Cuentos de amores que no fueron.(Caracas: Planeta, 1995. 110 p.) y de tres novelas: La ilusión del miedo perenne.(Caracas: Planeta, 1992), bautizada desde su tercera edición como Nadia, la esposa de Stalin, La insolencia de un olvido.(Caracas: Grijalbo, 1996. 174 p.) y La espada tenaz de Vicencio Pérez Soto(Caracas: Contraloría General de la República, 1998. 203 p.). Estos cuatro libros se han reunidos en el volumen Nadia, esposa de Stalin.(Caracas: Editorial Doy Fe, 2005. 381 p.), a todos estos libros los citamos aquí por sus primeras ediciones.

Nadezhda

Que La ilusión del miedo perenne es un libro extraordinario es decir una verdad que es casi un lugar común. Y lo es por la redonda concepción de la novela que hallamos en él, por las mil reflexiones que suscita en su lector porque si bien es una novela política e histórica, es también la honda historia íntima de una mujer y lo es sobresaliente también por la bella prosa en que está escrita, una de la más depurada en la reciente ficción venezolana.

Para La ilusión del miedo perenne es una de las pocas novelas venezolanas que tocan asuntos universales. Hay que colocarla en este sentido junto a las de Arturo Uslar Pietri(1906-2001) La visita del tiempo(Bogota: Norma, 1990. 338 p.) que se desarrolla alrededor a la figura de don Juan de Austria(1545-1578) en la España del siglo XVI; al lado de la Atanasio Alegre en El crepúsculo del hebraísta(Caracas: Alfa, 2008. 303 p.), sobre la figura del humanista Johannes Reuclin(1455-1522), el maestro de hebreo de Martín Lutero(1483-1546), libro clavado en pleno siglo XVI en un momento decisivo de la civilización europea: el de la protesta luterana; junto al de David Alizo(1941-2008) Nunca más Lilli Marleen(Caracas: Mondadori,2008. 647 p.) sobre el asesino nazi, El último fantasma(Caracas: Alfagura,2008. 198 p.) de Eduardo Liendo(1941), escrita alrededor de Lenin(1870-1924) o Simón Barceló(1873-1938) en una novela tan desconocida hoy, guardamos un raro ejemplar de la biblioteca de nuestros bisabuelos en nuestras estanterías, tanto que el acucioso historiador de nuestra novela histórica no la tomó en cuenta, es La última tentación de Ramón Berenguer (Barcelona: Prometeo,1929. 314 p.) ambientada en España en los días del Cid, plena Edad Media. Quizá quiso Barceló rendir con su libro emocionado tributo a uno de los libros más amados de su generación, La gloria de don Ramiro(1908), del argentino Enrique Larreta(1875-1961), el cual sucede en la España de Felipe II(1527-1598), que es la mejor novela del modernismo latinoamericano.

Cuando nos enfrentamos a La ilusión del miedo perenne descubrimos como hay hechos de la historia humana, sobre todo aquellos que rozan ciertos seres en todo lo de humano que tienen que para su tratamiento requieren de los ojos y de la imaginación de un novelista, sino no se los puede iluminar con certeza.

Tal la sensible que fue siempre Nadezhda Aliuieva(1899-1932) a la cual este narrador nos permite ver cómo era, como fue su desarrollo humano, cómo cayó, siendo la esposa de aquel monstruo que fue Stalin(1879-1953), que la hizo deslizarse, confundirse(p.164), que su vida se derrumbara(p.150), que la llevó al tedio y a la melancolía que la consumían(p.166), que la condujo a la depresión(p.145) que la llevó a suicidio a los treinta y tres años.

Pero eso el proceso de Nadia fue doloroso: hija de un legítimo revolucionario de la primera hornada, vio la pérdida de los ideales, vio como Stalin sacrificó a los compañeros, estuvo en desacuerdo con la persecución de Trotski(1879-1940), sintió horror cuando apareció Lavrenti Beria(1899-1953), el gran asesino, en su hogar moscovita, tanto que “La mirada turbia de esa víbora me espeluzna”(p.155) llegó a decir. Tenía razón: de él se sirvió Stalin para mandar a la muerte a millones de rusos. Por ello tiene sentido aquella línea de la novela en la que leemos que Nadia vivió “el giro diabólico del terror”(p.88).

Pero García Ponce nos presenta también la crisis de aquella pareja: “El matrimonio tropezaba con deslumbramientos y marchiteces”(p.96). De allí esta diálogo:” “Zoia, no es nada fácil de explicar. Hay algo más que su carácter, su mal genio, su actitud cada vez más paternalista conmigo. Es una alteración de la conducta humana que yo diría tiene su origen en ese encumbramiento absorbente, esa dedicación absoluta a las funciones de mando. Es el lado perverso de la brillantez del poder, que ciega y envilece, lo que está deteriorando nuestra relación, con la misma implacabilidad de un coyote sobre su presa”(p.97-98). Así es, el poder lo disuelve todo, incluso el amor. Quizá por ello “Sentía amor, sentía miedo”(p.146): dos cosas incompatibles porque no se puede tener miedo de aquel a quien amamos. Estas cuatro líneas citadas también no explican el por qué del título del libro.

Ya hemos dicho que Nadia fue una hija verdadera del proceso revolucionario ruso cuyos ideales sintió en su propio casa: convicciones, persecuciones de la Orjana, allanamientos del hogar, vigilia por los camaradas presos. Así, repetimos, esta es la novela de los ideales de un gran cambio que luego el poder corrompió y destruyó. Por ello Stalin se transformó en el “un instrumento fatal de la diosa Revolución”(p.75), no olvidemos que eliminó a todos los compañeros que lo llevaron al poder. A todos. Porque incluso el propio Lenin, el líder de aquella mutación es muy posible haya sido mandado a envenenar con él, como lo supone su gran biógrafo, el norteamericano Robert Payne. Ninguno sobrevivió.

Pero La ilusión del miedo perenne es varias cosas más: es la novela de los grandes personajes femeninos como Inessa, la amante de Lenin, de la propia Krupskaia y de las mujeres del gran cambio en una época, sobre todo desde 1918 de la gran mutación en la sociedad: Alejandra Kollontai(1872-1952), Clara Zetkin(1857-1933) o Rosa Luxemburgo(1870-1919). Y entre todas ellas es sobresaliente el retrato psicológico de Nadia que aquí hallamos, es también más un nuevo jalón a la novela de la mujer escrita por un venezolano, novela de los grandes cambios mujeriles, por ello no es casual que uno de sus personajes sea la gran Alejandra Kollontai, la única mujer miembro del gabinete de Lenin, para quien cambio social, feminismo y libertad sexual debían marchar al unísono, por ello sus memorias las tituló Autobiografía de una mujer sexualmente emancipada. Estuvo Alejandra Kollonmtai en Caracas en un momento de los años treinta, cuando era embajadora de la URSS en Mexico, como nos lo narró uno de los testigos de esta visita, Luis Beltrán Guerrero(1914-1997) quien por hablar francés fue invitado por don José Nucete Sardi(1897-1972) a aquella reunión. Alejandra Kollontai es figura de gran trascendencia en la historia de la mujer liberada del siglo XX, tal y como muy bien nos lo hace ver García Ponce en algunos pasajes de su narración.

Así también es La ilusión del miedo perenne la novela con la historia personal de Nadia pero a la vez la historia de la gran revolución bolchevique, por lo cual hoy en día, caído el socialismo, con “El muro de Berlín”, el 10 de noviembre de 1989, la novela cobra un nuevo sentido, nos permite otra lectura, modo de mirar que no le quita sus otros significados porque este libro es a la vez la historia personal, íntima de su protagonista, es una pieza clave entre los libros venezolanos relativos a la influencia del marxismo entre nosotros, tanto como lo es, desde otros ángulos, en estos días la deliciosa novela de Eduardo Liendo: El último fantasma(Caracas: Alfaguara, 2008. 198 p.).

De aquella niña amada del hogar proletario en que vio la luz Nadia hasta que vio la tragedia desde su propios ojos y se dio cuenta que ni siquiera por ser la esposa del dictador, que era ya en lo que se había transformado Stalin, podía influir, pedir clemencia y respeto para los demás, muchos los propios compañeros que hicieron posible la toma del Palacio de Invierno.
Por ello leemos en el libro unos renglones tan significativos con estos: “¡Maldita hora, llena de tanta sangre y crueldad, que nos ha secado la alegría, que ha endurecido hasta volverte un pedernal”(p.140). “Pero tengo un temor, es un miedo ilusorio, sin que pueda saber por qué”(p.220-221), como escribió Nadia en uno de sus cuadernos escolares.

La Espada Tenaz

No exageramos al señalar que La espada tenaz de Vicencio Pérez Soto de Antonio García Ponce, es la tercera gran novela dedicada entre nosotros al gomecismo. Las otras dos son, en el orden de su publicación, las dos a distancia de pocos meses, concebidas por lo tanto prácticamente al unísono, En la casa del pez que escupe el agua(Caracas: Fuentes, 1975. 472 p.) de Francisco Herrera Luque(1927-1991) y Oficio de difuntos.(Barcelona: Seix Barral, 1976. 351 p.) de Arturo Uslar Pietri(1906-2001).

Y la singulariza porque a través de su personaje central, el general Vicencio Pérez Soto(1883-1955), en una suerte de autobiografía, escrita en primera persona, podemos observar todo el proceso del gomecismo desde dentro. En este sentido no hay que olvidar la relación tan íntima que tuvo este engendro con el régimen de diciembre, llegó hasta inventar el lema “Viva Gómez…y adelante”, que es sin duda complementario del “Gómez único” de Ezequiel Vivas(1864-1919). Y esto lo logra García Ponce siguiéndole los pasos del vivir del terrible personaje, ser muchas veces vesánico como su jefe, a través de diversos parajes del país en donde estuvo en ejercicio de diversos cargos. Por ello lo escuchamos en su monólogo exclamar: “al general…Gómez, a quien debo todo lo que de valor tiene mi vida de soldado y hombre público”(p.39). De allí el titulo de la obra: “puse mi espada a la orden de la Causa, sin condiciones. Mi sable corta, y mi brazo no tiembla”(p.72).

Pide el general Pérez Soto ser escuchado, y tal y descarnadamente no los presenta el novelista, sólo que por benevolencia deja de narrar algunas perversas historias de su personaje, bien conocidas siempre gracias a la “radio bemba” caraqueña, veraces porque como indica el paraguayo Augusto Roa Bastos(1917-2005): ”la tradición oral es la única fuente de comunicación que no se puede saquear, ni robar ni borrar”(Vigilia del Almirante. Madrid: Alafuguara, 1992,p.78).

Por ello Pérez Soto dice: “Deseo, más bien, que se pongan en guardia y me oigan como si ustedes fueran los abogados del diablo”(p.42) y es lo que nos cuenta el novelista, paso a paso. Con todo lo malo hecho por este opresor, que fue la mayor parte de lo que hizo, como aquello de bondad que hubo en él, sobre todo en su larga, leal y fiel amistad que tuvo con Andrés Eloy Blanco(1896-1955), un hombre situado en las antípodas de él: sólo que la ley goethiana de las “afinidades electivas” los acercó. Una por la inmensa admiración que sintió el general Pérez Soto porque aquel que podía hacer lo que deseaba realizar pero no podía hacer por carecer de talento: escribir buena poesía. Y porque la hidalguía del bardo cumanés los acercaba. Porque Pérez Soto también, pese que por mantenerse en el poder, hacer negocios y tener, a como diera lugar a todas las mujeres que deseara, estaba dispuesto a pasar por encima de todos los límites. Era un venezolano fiel a la amistad de buena lid. Es precisamente por esta faceta suya que en cierta hora Pérez Soto, mal visto en ese momento, defendió públicamente, sin que la temblara el pulso, la honestidad de su amigo Andrés Eloy, pieza que sirvió al poeta para organizar su célebre “Expediente de limpieza de manos”, aparecido en el diario caraqueño Ahora(diciembre 2,3,6, 1937), que puede leerse hoy en sus Obras completas(Caracas: Congreso de la República, 1973,t.,II, Vol.I,p.357-370), que ya quisieran los políticos de la llamada ahora “cuarta república” o del chavismo poder exhibir, firmar y hacer públicos. Es en esa parte de la novela que Antonio García Ponce nos obsequia una de las más bellas definiciones de la amistad que hallamos leído, y que conste que conocemos y tenemos bien vividas, las de Marco Tulio Cicerón(106-43 aC), las de Miguel de Montaigne(1533-1592) y las de nuestro propio Libertador, eco de las de aquellos. Esto escribió el novelista cuya obra analizamos:

”Al amigo se le quiere a conciencia, sabiendo quién es y qué hace, sin ocultaciones ni perdones. El amigo no es una aparición fortuita, no es un sentimiento de un día, no es un arrebato, ni tampoco es una imposición ni un llamado de la sangre. La amistad no tiene la delicia de lo imprevisto, el atractivo de lo encontrado durante un latido acelerado de los sentidos, ni posee la angustia agridculce del enamoramiento…pero se ama al amigo por una meditada inclinación, alumbrada con todas las luces del entendimiento. El amigo es el apoyo de una roca viva a tu lado”(p.111).

Todo lo cual es válido también para la amistad entre hombres y mujeres, la cual pese a que a muchos parezca que no existe sí existe y tiene su plenitudes. Muy grandes.

El País del Realismo Atroz

Tal es nuestro vivir político que lo que ha habido en Venezuela es la presencia del anti Maquivelo criollo como nosotros lo hemos denominado. Está claramente desarrollado en Los cuatro reyes de la baraja(Caracas: Grijalbo, 1991.260 p.) de Herrera Luque en donde la expresión “realismo atroz” aparece en uno de sus pasajes(p.49). Nos lo encontramos en las Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez(Caracas: Ediciones Centauro, 1979. 480 p.) de Ramón J.Velasquez y en El pasajero de Truman(Caracas: Mondadori, 2008. 302 p.) de Francisco Suniaga. García Ponce no podía dejarlo de lado. Aparece en algunos de los pasajes de su obra. Por ejemplo cuando leemos:

“en nuestra historia todo es casual, no hay leyes, no hay determinismos, ni factores cruciales como el medio o la raza o la economía, ni funcionan los esquemas de los positivistas ni de los marxistas ni siquiera el mágico esquema de Dios. Todo es casual: alzamos la tapa de la olla y ¿qué vemos? Un guiso, un caldo, una pasta. Servimos la olla,¿quién se come el plato?...”(p.43).

¿O es, nos preguntamos nosotros, la pervivencia de la “sopa de Boves”, “te la comes o te jodes” como dice Herrera Luque en otra de sus novelas(1998. Caracas: Grijalbo,1992,p.78). Y la sopa de Boves no es otra que la de la violencia, del abuso. Y por cierto en 1998 Herrera Luque vaticinó, en un ejercicio de política ficción, la aparición en nuestra escena política de un ersonaje como Hugo Chávez, el hombre que todo lo útil lo destruye.
De allí también que subraye García Ponce, a través de la historia de su siniestro protagonista, “lo caprichoso que es el curso de nuestra historia”(p.45), que este señale: “no hay nada excepcional aquí, es el mismo cuento de las pasiones personales que la retórica política traduce en tonantes palabras:”’¡Las definiciones necesarias ante la gravedad de la hora!’”(p.46), que toda suceda “al calor de la discontinuidad suicida”(p.152). Palabras que le quitan toda la posibilidad a la esperanza por días mejores.

La Política

De allí también que sobre el arte de gobernar leamos aquí en esta ficción:

“porque en la guerra, y en la política, triunfa el que capta su medio, el que sabe manejar a los hombres, el que capta su medio, el que sabe manejar a los hombres, el que sabe oírlos, mirarlos de frente a los ojos y adivinar si mienten o dicen la verdad, comprender sus grandes y sus pequeñas ansias, reconocer sus méritos, estimular sus virtudes, eludir sus hipocresías, aguantar sus egoísmos y, ante todo, saber imponerse sobre la ambiciones y las mezquindades que aun en el más modesto de todos ellos los impulsan a volar más alto, con o sin razón”
(p.32).

Por ello, reitera, para mandar hay tener: “buen juicio y prudencia, sabe captar las circunstancias y calibrar a los hombres”(p.49).
Pero no podremos andar en política mientras no conozcamos nuestro pasado, mientras sea verdad aquella de que: “Somos un país sin memoria, es el lamento de siempre”(p.45).

Mayo 3,2009