Mayo de 2008
9-11/9-11 es el título de un film de animación, cortometraje de aproximadamente 20 minutos, que fue estrenado simultáneamente en Estados Unidos y en Chile el 11 de septiembre del pasado año 2007, y que hoy recorre el circuito de exhibiciones no comerciales en distintos lugares y festivales del mundo1. Como lo indica su título, se trata de una relación intencionada entre lo que la historia de uno y otro país, en distintas épocas, coincidió en marcar como un día traumático, oscuro, y un giro violento y sangriento en el curso de las cosas. El autor del film es el artista estadounidense Mel Chin. Se trata, considerando al autor, de la perspectiva de un estadounidense, quien llega a la evidente conclusión de que, respecto al golpe de estado de 1973 en Chile, las políticas extranjeras de sus gobiernos tuvieron una responsabilidad directa (“Un comunicado secreto desclasificado de la CIA mencionaba que ‘la mano Americana’ debía estar ‘bien oculta’”),2 y esa reflexión entronca naturalmente con su preocupación anterior y permanente por las coercitivas políticas extranjeras, del país del norte y de las grandes potencias, sobre Latinoamérica y el Tercer Mundo3. Esa conducta de los gobiernos estadounidenses tuvo en el 2001 un efecto contraproducente contra sí mismos y contra su pueblo. El film es la expresión de una toma de conciencia que en Estados Unidos, siendo quizá hasta entonces una reflexión de minorías progresistas, empieza a hacerse evidente para muchos, después del 11 de septiembre.

Es más o menos sabido que el ataque contra lugares simbólicos y estratégicos del país más poderoso del mundo, y la imagen de los aviones estrellándose contra las Torres Gemelas, ha sido visto por muchos artistas e intelectuales como un hecho culminante, o al menos muy relevante, del proceso histórico llamado el fin del arte, desde lecturas de Hegel y-o desde la tradición del arte de Marcel Duchamp. Es probable que tales puntos de vista sean importantes si se considera que estos hechos quizá tuvieron la potencia de metaforizar al mismo arte contemporáneo, arrancándole a éste, por decirlo así, la prerrogativa de la construcción de metáforas estéticas para la comprensión de la realidad. De este modo, sobre todo el caso de las Torres Gemelas es tenido como una soberbia y siniestra performance, vista en vivo por millones de telespectadores, la cual cumple y supera todo posible proyecto del arte contemporáneo. Pero no se podría negar que esa importancia resuena más que nada en el propio campo del arte, y es una reflexión de especialistas en torno a las zonas geopolíticas dominantes. Pues, por otro lado, el bombardeo de la Moneda, las guerras y el genocidio en Rwanda, entre tantos acontecimientos horrendos que se pueden enumerar, no han sido mencionadas como imágenes o signos del fin de ningún arte, ni del sentido de su continuación, como fuera expresado por Adorno “después de Auschwitz”. Lo que por mi parte quiero decir, o más bien reiterar, es que esto es así probablemente debido al rango subalterno de los lugares donde ocurren estas otras tragedias, lo que connota además el rango subalterno de nuestras culturas en la Historia del Arte tal como la conocemos.

Distinto al punto de mira descrito, Mel Chin presenta su film “como parte de un diálogo sobre el impacto humano de estos traumas colectivos”. El film se preocupa de establecer relaciones comprobadas de intervención de las potencias sobre los países pequeños, y el ataque contra Estados Unidos queda evidenciado como una consecuencia de sus propias políticas, pero ambos momentos son protagonizados y padecidos vitalmente por los humanos sin poder, por su lucha por conseguirlo, y por seres desarraigados, melancólicos a causa de esos mismos hechos y sus cadenas.

La complejidad y las distintas aristas que confirman o contradicen el planteamiento basal de la película, el cual he resumido aquí con mucha torpeza —si es que es el caso que he llegado a comprenderlo— está asumida en el complejo y brillante guión de Mel Chin, llevando la situación de ambos países y épocas a una historia de ficción, del breve amor de dos personajes con biografías complicadas, que se encuentran en Nueva York el año 2001. Naturalmente, ambas biografías, que envuelven a padres e hijos, están tejidas cuidadosamente, sin valerse de los efectos o truculencias que los momentos reales tienen el riesgo de hacer demasiado explotables en una creación imaginaria, sino mostrando las razones y motivos de cada uno de los varios protagonistas, lo que indica la calidad artística y la sensibilidad del autor hacia los problemas a los cuales apunta en su cortometraje.
La imagen de 9-11 está construida con frecuentes planos largos, con bastante sobriedad de la cámara, lo que es de agradecer, y con un estilo de dibujo poco frecuente en las películas de animación, por la dificultad que representa su realización, incluso pensando en condiciones de producción más onerosas, o más sistematizadas, que no las medianamente modestas de 9-11 (aproximadamente, la producción ha costado 300 mil dólares). El dibujo, de tipo realista, es de fuertes y concentradas expresiones en los rostros, uno de los elementos más visibles que construye la atmósfera dramática, así como las locuciones, alejadas del énfasis y las entonaciones acostumbradas en las locuciones de animación. Los personajes se mueven sin intentar la perfecta representación realista del movimiento. Es notable que no se haya usado la técnica del rotoscopiado o calco de un actor o actriz previamente filmados, (procedimiento por otra parte bastante caro y estéticamente frío, a pesar de su realismo), sino que en los mejores momentos las figuras y el movimiento logran expresar el dolor de los cuerpos, su cansancio, en el sentido propio del dibujo que “siente” en el trazo la vida de lo representado. El continuo achurado, que hace temblar los cuerpos, también expresa a estos personajes doloridos, melancólicos, tensos. Lo importante es la actuación, la expresividad de las poses y de sus transformaciones, y la expresividad justa de los gestos, y tanto en unas como en otras se encuentran muchas referencias a figuras de la historia de la pintura.

La dirección de arte indicada por Mel Chin tuvo por inspiración la serie “Los desastres de la guerra”, de Goya, en especial, y la atmósfera de los dibujos de Goya, en general. Pero en el resultado, la imagen realizada por el Estudio Plano Visual, y por su director, el artista Felipe Montecinos, debe tanto a los dibujos de Goya como, según me parece, al estilo y la cualidad atmosférica de los dibujos de un Enki Bilal, u otra influencia dibujística similar. Es decir (se trata de una percepción subjetiva), en el dibujo y el movimiento de 9-11 hay una tensión interna entre el desafío de trabajar estudiando y concentrándose en Goya, tarea que se comprende es muy complicada incluso para los grandes Estudios internacionales, y la fuerte influencia de la forma del cómic (más bien que de las mismas animaciones de Estudios), que es la corriente “natural” de los artistas-animadores chilenos de Plano Visual, y en general, de los dibujantes que trabajan en Estudios de animación en Chile. Sin embargo, de la misma tensión, o a pesar de ella, comoquiera se la interprete, surge un resultado innegablemente interesante.

Vicente Plaza
1 Agradezco a Ximena Romero, productora de animación de 9-11/9-11, y representante para Latinoamérica del film, por su cordial cooperación para realizar este artículo. Email: xp.romero(arroba)gmail.com
2 El de Marzo de 1981, en Houston, Texas, Mel Chin vió el documental On company Busssines, de Allan Francovich, que trataba de la participación encubierta de los EEUU en el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende en Chile, el año 1973. Los hechos documentados le impactaron. Luego, cuando ocurrió el ataque a las torres gemelas en Septiembre del 2001, le volvió a la mente aquel documental y al conmemorarse un año de los ataques se le ocurrió escribir la historia entrelazando ambas historias, que no sólo tenían la fecha en común, sino que en ambos eventos los EEUU habían estado involucrados. (Comunicación de Mel Chin a Ximena Romero).
3 En el trabajo titulado The Extraction of Plenty from What Remains: 1823- (1989), presentado en el marco de una exposición individual en el Hirshhorn Museum, Mel Chin coloca dos réplicas de la Casa Blanca que aprietan un cuerno de la abundancia (Cornupia) hecho de caoba, bananas, barro, café y sangre de cabras. En este trabajo, el artista reacciona a la larga historia de las políticas extranjeras de Estados Unidos que ha fracturado la habilidad de los países latinoamericanos para prosperar por sí solos. La fecha del título 1823- (en adelante) es una referencia a la Doctrina Monroe. The Sigh of the True Cross (1988), está basado en un violín etíope, de una sola cuerda. Chin compone la iconografía del instrumento y de la hoz y el martillo, para comentar las fallidas políticas de ayuda extranjera respecto al el hambre y la sequía en Etiopía. The Opera of Silence (1988) es también una obra compleja y poblada de significados. Un enorme tambor de la ópera de Beijing descansa en un grupo hecho con huesos de muslos humanos, y la piel del tambor está tejida en el emblema de la C.I.A., comentando las interrelaciones de China, Tibet y la C.I.A. (Wikipedia, traducción mía).
4 Hay que considerar también que el excelente guión de Mel Chin, aunque distinto a la organización narrativa acostumbrada, es sin embargo esencialmente un guión cinematográfico narrativo, en términos propios, y que el campo de la animación como arte tiende muchas veces a rechazar la forma argumental, rechazan el film argumental, centrándose, como decíamos, en los valores plásticos de la forma y el movimiento, lo cual no deja de tener consecuencias, a veces, en cierta insipidez o hermetismo.




