Jueves, 21 de Septiembre de 2017

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Ignacio Pinazo. El humo del amor - IVAM

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‘Ignacio Pinazo. El humo del amor’ reúne 56 obras entre pinturas, fotografías y dibujos. La exposición se articula en torno a una obra central “Cupido encendiendo un cigarrillo”, realizada en 1892 y que, procedente de una colección particular, se muestra al público por primera vez..Este singular lienzo, que representa al dios del amor acompañado de una atractiva muchacha que le enciende un cigarrillo, formó parte de las obras que presentó Pinazo a la Exposición Nacional de 1895.

Esta exposición pone de manifiesto, a través de una selección de obras destacadas, el importante cambio de rumbo que tomó el artista a partir de 1886 año de su traslado a Godella (Valencia).Allí, cada vez más aislado de los circuitos artísticos oficiales y partiendo de unos códigos creativos derivados del costumbrismo y el realismo, Pinazo inició en solitario un trayecto de investigación plástica sumamente complejo e innovador, clave para la evolución del posterior desarrollo de la pintura en el siglo xx.

Con motivo de la exposición se ha editado un catálogo que reproduce las obras expuestas y reúne textos de Consuelo Ciscar, Francisco Javier Pérez Rojas, y Aida Pons Moreno.

La composición de ‘Cúpido encendiendo un cigarillo’ (1892) no se entiende sin tener en cuenta el desarrollo de la pintura decorativa, en la que se encontraba inmerso en ese momento el pintor, y en la cual aborda temas alegóricos en los que Eros es protagonista principal. La escena transcurre en medio de un paisaje primaveral que proclama la fertilidad de la tierra a través de las múltiples floraciones y frutos que se divisan en la amplia panorámica. Una naturaleza exuberante, llena de colorido y verdor, que denota la familiaridad de Pinazo con el medio rural valenciano.

Como antecedentes de este cuadro se pueden citar una serie de obras como el lienzo Cazando mariposas (c.1880), el Retrato de María Jaumandreu (1885), y el lienzo de gran formato Bella herida por Cupido (1889) (Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias Gónzalez Martí), que pintó en uno de los paneles decorativos de la cervecería El León de Oro en Valencia, y que constituye otra de las piezas claves de la exposición . Estas obras son claro exponente de un ciclo temático esteticista de exaltación de la naturaleza y del esplendor de la juventud, de la fuerza del amor y la pasión. A pesar de que el conjunto seleccionado para la muestra reúne obras de signo diferente, actúan como elementos aglutinadores de todas ellas el paisaje y una iconografía femenina plenamente inserta en las coordenadas culturales y la visión erótica de entre siglos, que no debe de ser obstáculo para apreciar los valores plásticos, la hondura psicológica, y la originalidad de estas pinturas como singulares creaciones de su tiempo.

Las flores forman parte de los paisajes de Pinazo y con frecuencia los presiden subrayando el anhelo bucólico y esteticista. En el lienzo del ‘Cupido fumador’ las plantas y flores son elementos de imbricación de los personajes. Todo en la joven protagonista es refinado y delicado, no hay ni el más mínimo asomo de rusticidad en esta ninfa urbana, que se encuentra elegantemente calzada y vestida en medio de un campo florido y primaveral para encontrarse con Cupido. Quizás no desconcertaría tanto el lienzo, si el asunto simbolista hubiera sido abordado desde otro lenguaje estilístico más idealista e irreal, en concordancia con lo fantástico del asunto, pero, muy al contrario, Pinazo opta por una narración bastante realista y descriptiva, que convierte la fantasía y fabulación en vivencia real contemporánea.

De este lienzo hay que destacar una serie de bocetos a lápiz y al óleo que se presentan también en la muestra. Pinazo solía hacer numerosos estudios de sus composiciones, sobre todo dibujos, con los cuales iba desentrañando y seccionando distintos pormenores de la idea, repitiendo cuantas veces le viniera en mente una misma figura. El pintor tendía a diseccionar en detalle los elementos de sus composiciones. Sus obras son muy elaboradas y meditadas, sin dejar nada al azar o a la improvisación. Las diferentes pinturas de temas florales y mitológicos que realiza hasta 1891, son también experiencias que se sintetizan y enriquecen la nueva pintura.

El tema de los cupidos lo aborda con unas evidentes notas de humor, pero resulta hoy difícil analizar este tipo de pinturas a un nivel más profundo al margen de los estudios sobre iconografía femenina que se han publicado en los últimos años, desentrañando el fuerte componente erótico existente en gran parte de ellas. Si se observa con detenimiento la imagen y el vestido de la joven que acompaña a Cupido, su cabello y el entorno, irremediablemente nos retrotrae a otras obras de Pinazo pintadas unos años antes que pueden formar parte de un relato imaginario. La imagen y el paisaje de la joven amiga de Cupido recuerda en bastantes detalles el Retrato de María Jaumandreu (1885) como alegoría de la primavera. Incluso la casa de campo que se ve en el Retrato de María Jaumandreu es la misma que aparece en la escena de Cupido encendiendo un cigarrillo. Quizás Pinazo se sirvió de la experiencia de este retrato y de la de obras anteriores como Cazando mariposas para componer este idílico y nostálgico paisaje de primavera. Pero si se analizan otros detalles del lienzo de Cupido encendiendo un cigarrillo, se comprueba que la joven lleva el mismo traje que la mujer del gran lienzo apaisado de la Cervecería del León de Oro de Valencia que representaba a una Bella herida por Cupido. En la pintura de la cervecería el Cupido, también con alas de mariposa, muestra su carcaj con flechas. Por el contrario el Cupido fumador lo tiene completamente vacío, está desarmado e indefenso. El asunto en definitiva es una fantasía a la cual no se le puede dar una lectura precisa y lógica por lo caprichoso y arbitrario del asunto, pero, el citado cuadro participa de muchos de los componentes y elementos connotativos y simbólicos de la pintura de entre siglos.

El humo del amor, no como emanación del cigarrillo que fuma Cupido, sino como metáfora del ardor sensual que desencadena el fuego de sus flechas, hace de nexo con otras pinturas en las que el hijo de Venus sigue estando de algún modo presente. El universo iconográfico de Pinazo era muy rico y plural. A pesar de sus preferencias por una serie de temas concretos como el paisaje y la pintura de tipos, no es menos curiosa su pintura decorativa y la manera como la desarrolla. Este tipo de encargos se escalonan especialmente entre 1887 y 1900. Pinazo no era un pintor decorador en el sentido más estricto y tradicional del término, pero aborda la cuestión de un modo personal, donde tanto la iconografía como el estilo son indicadores de la modernidad que representaba su pintura en Valencia.

Ignacio Pinazo. El humo del amor
Del 11 de mayo al 18 de septiembre de 2011
Comisario: Francisco Javier Pérez Rojas

IVAM
Guillem de Castro, 118
Valencia 46003
Teléfono: +34 96 386 30 00
Web: www.ivam.es

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