Domingo, 23 de Abril de 2017

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Musica Ficta participa en el Ciclo dedicado a las Músicas para el Buen Morir

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El 10 de enero, a las 19 horas, en la Fundación Juan March

Con el concierto que ofrece el grupo Musica Ficta, el lunes 10 de enero a las 19 horas, en la Fundación Juan March (www.march y también en Facebook) continúa el ciclo de los Lunes temáticos, y que está dedicado, en esta temporada de octubre a mayo, a las Músicas para el Buen Morir. Es esta una modalidad que se puso en marcha en octubre de 2006 y ofrece, una vez al mes, los lunes por la tarde, un concierto de tema monográfico de una hora de duración y sin descanso. En ocho conciertos, de octubre a mayo, Músicas para el Buen Morir, el tema escogido para esta temporada 2010-2011, presenta obras, desde la época medieval hasta el siglo XX, relacionadas con la muerte en un sentido real o metafórico.

Este ciclo presenta una selección de músicas de épocas muy diversas que fueron concebidas para propiciar un buen morir; obras no sólo con la función de facilitar el tránsito entre dos mundos o conmemorar la muerte de Jesucristo, sino también con la de homenajear al difunto, llorar la desaparición del ser amado o recordar la fugacidad de nuestra existencia.

El lunes 10 de enero, el grupo Musica Ficta (Rocío de Frutos, soprano; Agnieska Grzywacz, soprano; Jordi Abelló, alto; José Pizarro, tenor; Ariel Hernández, tenor; Tomás Maxè, bajo; y Raúl Mallavibarrena, director), ofrece obras de Tomás Luis de Victoria

La misa de difuntos o de réquiem ha sido en nuestra cultura el género musical más directamente vinculado a la ceremonia funeraria. Interpretado como acompañamiento en la misa de sepelio, su tono suave y pausado buscaba mitigar el dolor de los allegados al tiempo que alimentar el alma del difunto para el viaje que en ese momento emprendía. Los Réquiem de Victoria (1605) y de Mozart (1791) se encuentran entre los más conocidos, a los que cabría añadir una extensa nómina conformada por los de Berlioz (1837), Verdi (1874), Fauré (1887-88), Dvorák (1890) y Duruflé (1947), entre otros muchos. Incluso fuera del rito romano ha tenido su desarrollo, como confirman el Musikalische Exequien de Schütz (1636) y Ein Deutsches Requiem de Brahms (1865–68). El trágico transcurso del siglo XX impulsó nuevos réquiem –por ejemplo, el War Requiem de Britten (1961)–, concebidos como una especie de conjuro contra la barbarie colectiva por el horror de las masacres. Dentro de esta tradición, el Dies irae constituye un caso particular en su descripción apocalíptica del día del juicio final anunciada por el toque de trompetas. En origen un himno en canto llano, pronto se integró en el réquiem y su melodía originaria ha sido desde entonces empleada para evocar la muerte, como hicieron Berlioz en la Symphonie fantastique (1830), Saint-Saëns en la Danse macabre (1874), Britten en la Sinfonia da Requiem (1940) o Penderecki en el Dies irae (1967).

Réquiem (2)
Hace ahora 400 años fallecía en Madrid el abulense Tomás Luis de Victoria (1548-1611), tenido como el mejor polifonista del Renacimiento español y, junto a Francisco Guerrero y Cristóbal Morales, parte del triunvirato de compositores clásicos españoles del siglo XVI. No hay duda de que la proyección histórica de Victoria hubiera sido muy distinta sin los años que pasó en Roma, aproximadamente entre 1569 y 1577-78, tan trascendentales para el aprendizaje de su escritura vocal y para la difusión continental de su obra. Además de varias colecciones impresas en Roma, Victoria también logró publicar su música en Madrid, donde la industria de la imprenta era frágil y tenía una distribución más pobre que la italiana. En 1605 sacó a la luz en la Villa y Corte su última composición, que acabaría siendo la más emblemática de una producción que supera los dos centenares de piezas: el Officium Defunctorum.

Esta extraordinaria obra había sido compuesta para los servicios funerarios celebrados en abril de 1603 en memoria de la emperatriz María –hija de Carlos V y hermana de Felipe II– de quien Victoria había sido capellán personal desde 1586 en el madrileño convento de las Descalzas Reales. Siguiendo la convención del Oficio de Difuntos, Victoria consagra la parte central a la misa de réquiem con sus secciones habituales –con la excepción del Dies irae ausente–, precedida por una lección de maitines y culminada por un motete funerario y un responsorio de absolución. El tono patético, fervoroso y meditativo impregna este oficio de difuntos de principio a fin. La interpretación del motete Vadam et circumibo civitatem con el que concluye el concierto permitirá una comparación con el estilo temprano de Victoria, pues esta obra, igualmente a seis voces, forma parte de su primera colección impresa, aparecida en Venecia en 1572.

Veinte años antes de la publicación del Officium, Victoria imprimió en Roma su Officium Hebdomadae Sanctae, una colección de 37 piezas para la celebración de la Semana Santa, integrada por lamentaciones, responsorios, pasiones y otros géneros sacros. Entre ellas se incluyen los Responsorios del Jueves Santo, concebidos para acompañar el llamado Oficio de Tinieblas. Celebrado con la única luz de quince cirios, uno tras otro se apagaban hasta alcanzar la oscuridad del templo que simboliza la entrada de Jesús en la sepultura y el arrojo de la Iglesia a las tinieblas, en espera de una luz redentora. Estos responsorios, todos a cuatro voces, describen distintas escenas previas a la muerte de Jesús tomadas de los evangelios.

Las dos colecciones para los Oficios de Difuntos y de Semana Santa condensan la intensidad y austeridad de la mejor música de Tomás Luis de Victoria, al tiempo que logran la suspensión del tiempo, sugiriendo la eternidad de la vida más allá de la muerte en sintonía con la idea religiosa imperante.

Fundado en 1992, Musica Ficta está considerado uno de los grupos más destacados renovadores de la interpretación de la música antigua en nuestro país. En septiembre de 2002 apareció el Officium Defuntorum de Tomás Luis de Victoria, disco premiado como “Mejor disco de Música Renacentista del año” por la revista CD Compact. En agosto de 2007 completaron los tres volúmenes, de la primera grabación mundial, de la integral de las Villanescas Espirituales de Francisco Guerrero. En febrero de 2010 apareció su grabación de los 18 Responsorios de Tinieblas de Tomás Luis de Victoria, primera de una serie de proyectos encaminados a conmemorar, en 2011, el 400 aniversario de la muerte del compositor abulense.

Fundación Juan March
Castelló, 77 - 28006 Madrid - España
www.march.es

Fuente: Gabinete de Prensa Fundación Juan March

 

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