La Obra Social ”la Caixa” presenta un recorrido por el grabado desde el siglo XVI hasta hoy, con obras de Rembrandt, Canaletto, Goya y Degas, entre otros
La exposición De Durero a Morandi. Grabados de la Fundación William Cuendet & Atelier de Saint-Prex, organizada por la Obra Social ”la Caixa” con la colaboración de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, es una exquisita selección de 120 obras procedentes de esta colección suiza, que permitirán al visitante descubrir la evolución del grabado desde sus inicios en las ediciones de la Biblia en el siglo XVI. La muestra incluye piezas de algunos de los artistas más importantes en las técnicas del grabado, como son Durero, Rembrandt, Canaletto, Piranesi, Lorrain, Goya, Degas o Morandi, y llega hasta los artistas contemporáneos que siguen trabajando desde el Atelier de Saint-Prex. Se trata, pues, de una oportunidad única para adentrarse en el mundo del grabado, así como para ahondar en las técnicas que han ido apareciendo a lo largo de los siglos, como el aguafuerte, la litografía o el cliché-verre, gracias a la voluntad didáctica de la muestra comisariada por Florian Rodari y Catherine McCready. De Durero a Morandi. Grabados de la Fundación William Cuendet & Atelier de Saint-Prex se presenta por primera vez en España en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón, y viajará en otoño a Salamanca y Murcia.
Se trata de un recorrido por la historia del grabado, desde las primeras planchas de tema bíblico del siglo XVI, hasta las creaciones de los artistas contemporáneos que han explorado las posibilidades del tórculo. Durero, Rembrandt, Canaletto, Piranesi, Claude Lorrain, Francisco de Goya, Henri Fantin-Latour, Honoré Daumier, Edgar Degas, Eugène Carrière, Giorgio Morandi: los grandes nombres del arte europeo están presentes en esta selección, que se podrá ver en Gijón hasta el próximo 12 de septiembre y posteriormente viajará a Salamanca y Murcia.
Esta exposición forma parte de una serie de iniciativas de la Obra Social ”la Caixa” para poner al alcance del público de nuestro país colecciones europeas de prestigio. En esta línea, destacan las exposiciones dedicadas a la colección Jean Planque de arte del siglo XX, o la colección de Louis-Antoine Prat de dibujos de los siglos XVIII y XIX.
La Fundación William Cuendet & Atelier de Saint-Prex, de donde proceden las piezas, se creó en Lausana en 1977, con el objetivo de reunir a las fuerzas vivas del grabado y ofrecer a los artistas contemporáneos la oportunidad de dialogar con la tradición. En la actualidad, la colección está depositada en el departamento cantonal de grabados del Museo Jenisch en Vevey (Suiza) y se enorgullece de contar con más de 8.000 piezas.
Cuenta con un activo muy importante: el legado del pastor William Cuendet, que a principios del siglo XX reunió una prodigiosa colección de grabados. El interés inicial de Cuendet era religioso. Apasionado de Durero y de Rembrandt, le interesaba, sobre todo, la lectura que estos dos artistas hicieron de las Sagradas Escrituras. Cuendet era también un gran conocedor de los procedimientos del grabado. Esta mezcla de espiritualidad, sensualidad y conocimientos técnicos constituye uno de los aspectos más emblemáticos de su labor coleccionista.

La historia del grabado está íntimamente vinculada a la del libro y la impresión. Nació para ilustrar almanaques y calendarios, textos religiosos, atlas científicos o geográficos, y más tarde novelas históricas o cortesanas, y se fue adaptando paulatinamente a las novedades técnicas. Así, se pasa de las viñetas aún muy rudimentarias de los incunables alemanes del siglo XV, talladas en madera, a las ilustraciones más refinadas de los grabadores al aguafuerte de los siglos XVII y XVIII y a los dibujos litografiados que aparecen desde mediados del siglo XIX.
El grabado se utilizó, ante todo, para multiplicar las imágenes. Junto a esta reproducción masiva, cada vez menos cuidada, hubo artistas independientes que utilizaron este medio, ya que descubrieron en él un método ideal para dar a conocer más lejos y a un público más amplio su obra personal. Finalmente, todas las técnicas del grabado dieron lugar a obras maestras. Y las necesidades de estos artistas para lograr la plena expresión de su talento comportaron transformaciones en el manejo de los instrumentos y revolucionaron radicalmente los procesos normales de reproducción.
El arte del grabado es un arte extremadamente diverso y complejo. El artista graba sus temas al revés, para recuperarlos del derecho sobre el papel. La elaboración de un molde inicial obliga a anticipar el resultado y a reflexionar sobre la obra. Además, el grabador tiene el privilegio de poder contemplar sus progresos en el trabajo y, en ese sentido, es constantemente presa de la especulación. Por ello, uno de los temas favoritos de los grabadores es el memento mori, la meditación sobre el paso del tiempo o de la luz, y en sus composiciones evocan a menudo la fragilidad de las cosas.
Los grandes nombres reunidos en esta exposición son admirados tanto por el contenido de la imagen como por la habilidad, evidente u oculta, con la que esa imagen transmite su mensaje. Desde Rembrandt, que lo experimentó todo, la mayoría de los artistas dedicados al trabajo del grabado han querido obligar al cobre a ofrecer todos sus recursos. A finales del siglo XIX, un artista como Degas demostró tener una inventiva fuera de lo común, buscando por todos los medios obtener resultados de color, materia y luz gracias a instrumentos o a ataques al ácido inéditos. Son los artistas del siglo XX quienes probaron todo tipo de audacias, sometiendo el cobre a cuestionamientos múltiples, imprevisibles, destinados a renovar el lenguaje tradicional.
Ámbitos de la Exposición
La exposición se estructura en siete núcleos temáticos con una finalidad didáctica: los inicios del grabado en las ediciones de la Biblia, su papel en la transmisión de conocimientos científicos y geográficos, y la progresiva conquista de la subjetividad, que lleva a los artistas a estudiar los efectos de la luz sobre el paisaje o explorar la psicología de los personajes que retratan. El grabado al servicio del libro. La Biblia, Durero, Rembrandt y el pastor Cuendet
Con la aparición de la imprenta, a mediados del siglo XV las viñetas grabadas sustituyen las delicadas iluminaciones de los manuscritos medievales. La imagen complementa la palabra religiosa y ayuda a difundirla entre las personas que no saben leer ni escribir.
Durero realizó numerosas imágenes relacionadas con los textos sagrados: vida de la Virgen María, pasión de Jesucristo, representaciones de escenas del Antiguo Testamento y del Apocalipsis. Un siglo y medio después, Rembrandt interpretó al aguafuerte los pasajes más significativos del Nuevo Testamento. Es fácil comprender por qué el pastor William Cuendet coleccionó durante toda su vida estas imágenes que ilustran su meditación de hombre de fe.
El vedutismo y Venecia
A partir del siglo XVI el grabado contribuyó a la divulgación de los conocimientos científicos y geográficos, a través de atlas y cosmografías que incluían vistas de ciudades y mapas topográficos.
En el siglo XVIII, se desarrolló en Italia la moda del vedutismo. Los artistas reproducían, de un modo a veces muy fiel y otras más caprichoso, vistas de monumentos importantes, obras de arte y paisajes urbanos. Los viajeros podían adquirir estas imágenes y llevárselas de regreso a su país. Canaletto en Venecia y más adelante Piranesi en Roma son maestros indiscutibles de este género, que más allá de satisfacer las exigencias de la verdad topográfica, abre una puerta a la fantasía.

El clasicismo francés
La Fundación William Cuendet cuenta con un conjunto excepcional de grabados de maestros franceses del siglo XVIII. Destacan los paisajes de Claude Lorrain, grabados al aguafuerte, por la delicadeza y sutilidad de los efectos luminosos. La colección incluye también retratos de personajes ilustres de la corte de Francia. Con una técnica sencilla y virtuosa, los artistas consiguen reproducir todos los matices de los tejidos y su reflejo en las cabelleras y los rostros.
Intimidades
A menudo, el grabado tiene una función utilitaria: permite reproducir e interpretar pinturas y esculturas, difundir la imagen de los grandes personajes del mundo y divulgar monumentos famosos, en series comerciales. Pero el grabado es también un medio de expresión personal que el artista utiliza para expresar sus inquietudes y sus preocupaciones más íntimas. Esta sección presenta retratos de una notable profundidad psicológica, obras que establecen un diálogo con la poesía o la música, escenas de género e interiores, en los que el talento del artista se libera de la utilidad.
La pasión por el paisaje
El descubrimiento del paisaje, la relación entre el paisaje y la subjetividad, cobran una importancia fundamental a partir del romanticismo. La mayoría de los artistas que trabajan en el ámbito del Atelier de Saint-Prex son pintores profundamente interesados, en su obra personal, por el género del paisaje. El conjunto de los clichés-verres de Camille Corot y de las litografías de Rodolphe Bresdin es ejemplar. Su obra no sólo demuestra una extraordinaria libertad en el uso del instrumento, sino que, al mismo tiempo, constituye para algunos un magnífico estímulo para renovar su técnica y desarrollar nuevos temas.
Investigaciones técnicas
Las colecciones de grabados son motivo de reflexión y de discusión para los artistas contemporáneos: las técnicas y proezas de los antiguos, el misterio que todavía hoy rodea algunas de las obras maestras del género.
En esta sala se pueden contemplar obras de gran virtuosismo técnico, como La Santa Faz de Claude Mellan, realizada con un único trazo sin levantar el buril de la plancha de cobre, y El ángel anatómico de Jacques-Fabien Gautier d'Agoty, uno de los primeros grabados en color.
El taller
En un taller de grabado acostumbran a coincidir artistas de personalidades diferentes y expresiones contradictorias. El Atelier de Saint-Prex no es una excepción. Pero hay una serie de elementos en común, que dan a la producción de sus artistas una coherencia fundamental: el amor por el grabado, el conocimiento de su historia y la admiración por sus maestros.
Las Técnicas del Grabado
La obra gráfica empieza con un dibujo sobre un molde o «matriz» y finaliza con la estampación sobre papel. Dependiendo del material, de los instrumentos y del proceso, varía la técnica. Su característica principal es obtener como resultado último una serie de reproducciones o «tiradas» de estampas, en vez de crear obras únicas.
Aguafuerte. Primero se aplica una capa de barniz sobre la plancha de metal y se dibuja sobre ella con una punta que levanta el barniz. A continuación, la plancha se sumerge en un ácido que muerde los trazos desprotegidos del metal. Por último, se entinta con un rodillo, forzando la tinta dentro de las hendiduras, y se estampa en papel.
Punta seca. El artista raya directamente con una punta la plancha de metal de un modo parecido a cuando dibujamos con lápiz. Sin embargo, es una superficie mucho más dura que el papel y requiere un mayor esfuerzo y pulso. Una vez grabada la imagen, la plancha se entinta y después se limpia, de modo que sólo los surcos creados por la punta retienen la tinta al estamparse sobre el papel.
Aguatinta. Permite lograr una gradación de tonos. Por este motivo, se suele complementar con el aguafuerte o la punta seca para obtener líneas precisas, además de distintos tonos. Se comienza aplicando polvos de resina sobre la plancha, que se adhieren al calentarse. Los espacios que quedan al descubierto entre los diminutos granos serán mordidos en un baño de ácido, obteniendo una superficie finamente granulada que se entinta y se estampa sobre el papel.
Litografía. Se traza el dibujo fácilmente con un lápiz graso o tinta litográfica sobre una piedra plana muy compacta. Después de dibujar, se cubre la superficie de la piedra con una mezcla de goma arábiga y ácido, se humedece la piedra con agua y se entinta. La reacción química de esta mezcla con el agua hace que sólo las partes dibujadas retengan la tinta, mientras que el resto de la piedra la rechaza. Se termina con la estampación de la imagen final. Linóleo. El linóleo es un material muy blando y fácil de cortar, al estar compuesto por una capa de corcho en polvo. El material da nombre también a una técnica en la que se dibuja con la gubia en un bloque de linóleo, de modo que la imagen queda en relieve y el fondo rebajado. Cuando se entinta el bloque con un rodillo, la tinta sólo se fija en las zonas salientes que corresponden a la estampación final. Al contrario de otras técnicas donde se consiguen más texturas, el linóleo crea áreas de color lisas y uniformes.
Xilografía. La más antigua de las técnicas de grabado utiliza la madera como material de base. Con la ayuda de una gubia o un escoplo, el grabador extrae de la matriz toda la zona contigua al trazo, para que éste quede en relieve. Esto se conoce también como entalladura, y es lo contrario de la talla dulce, que se graba en hueco sobre el metal. Cuando la imagen queda totalmente definida, se entinta con un rodillo y se pone una hoja de papel encima, que se presiona firmemente contra la plancha para que la tinta penetre en las fibras.
Grabado a buril. El grabador trabaja el cobre con un instrumento acerado, terminado en forma de V, el buril, que conduce sobre el metal con precisión de orfebre. El artista tiene que calcular la profundidad y la separación de los surcos, en una tarea que requiere mucha habilidad y concentración. Antes de proceder a la tirada, el impresor rellena de tinta las líneas huecas con la ayuda de un paño. Debido a la habilidad necesaria y al cuidado que hay que dedicar al diseño de las estructuras, se puede decir que la técnica del grabado a buril es la más meditada, y fue la empleada para realizar las imágenes más elaboradas del Renacimiento.
Cliché-Verre. Esta técnica es casi contemporánea de la fotografía y adopta algunos de sus elementos materiales y sus gestos. Sobre una placa de vidrio traslúcido, se extiende una capa de colodión, que queda como un barniz opaco en el que el artista traza su dibujo a la punta, obteniendo así un dibujo seco y preciso. Luego, esta preparación se coloca sobre un papel fotosensible y se expone a la luz para que el dibujo quede inscrito en él. En Francia, fueron principalmente Corot y los artistas de la Escuela de Barbizon quienes se interesaron apasionadamente por los resultados tan impredecibles y sensibles ofrecidos por este nuevo método.
De Durero a Morandi. Grabados de la Fundación William Cuendet & Atelier de Saint-Prex
Del 21 de julio al 12 de septiembre
Centro de Cultura Antiguo Instituto
C/ de Jovellanos, 21
33201 Gijón
Horario
De lunes a sábado, de 11 a 14 h y de 18 a 21 h
Domingos, de 11 a 14 h
Festivos, cerrado
Servicio de Información de la Obra Social ”la Caixa”
De lunes a domingo, de 9 a 20 h
Tel.: 902 22 30 40
www.lacaixa.es/obrasocial
Entrada gratuita a la exposición
Fuente: Departamento de Comunicación de ”la Caixa”




