A manera de homenaje a los jóvenes cuentistas que, según el escritor mexicano Ignacio Padilla, son los “corredores de cien metros en un mundo donde al parecer se corre la maratón”, inició este jueves el IV Encuentro Internacional de Cuentistas, en el marco de la 24 Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
“La fiesta dentro de la otra fiesta”, como la llamó Padilla, se inició con una mesa en la que participaron los escritores mexicanos Ana Clavel y Fabio Morábito, el argentino Ricardo Piglia y el español José María Merino.
Ricardo Piglia desenfundó su genio como narrador al intentar armar un cuento con la interferencia sonora que, desde otro salón de la FIL, se introducía en la sala de los cuentistas: “podríamos hacer un cuento colectivo en el que se escuchen todas las conferencias de la Feria en el mismo lugar al mismo tiempo, podríamos escuchar aplausos de lugares inauditos”. Varios segundos de risas después, el narrador dijo que los cuentistas “estamos siendo atentos a captar el momento donde hay el nudo de una historia, es lo que forma esa cofradía. Los cuentistas tenemos la ventaja de movernos en un mundo donde todos somos expertos en la narración. Aprendemos a narrar porque contamos historias y recibimos las historias que nos cuentan”. Por eso, dijo, resulta inútil contar un sueño, porque el que sueña está demasiado interesado por la historia. “Cada vez que me cuentan un sueño trato de ver si estoy en el sueño, si no, no me interesa”, sentenció. “Narrar no es solamente estar interesado en contar la historia, sino encontrar el modo en que la emoción que nos genera pueda ser transmitida a los demás”, terminó Piglia antes de leer algunos efectivos cuentos de Prisión perpetua, que pegaron en el estómago y los maxilares del público al desatar una risa colectiva.
Fabio Morábito se fue directo a leer pequeñas ficciones que reflexionan sobre su concepción del acto de narrar y leer. Uno de ellos hablaba sobre la importancia vital y objetiva que tiene el hecho de contar bien una historia para entretener a un maestro refunfuñón, que golpeaba a los niños por mera distracción: “un buen cuento nos ahorró unos certeros golpes en la nuca. Así debería escribir uno: bajo una constante amenaza física, en un pupitre incómodo, y rogando para la eficacia de una frase. Escribir sin levantar la cabeza”.
Bajo el título “Caldo largo de cola de sirena o breve teoría de cómo escribir un cuento”, la narradora mexicana dio una breve lección sobre los elementos necesarios que debe tener este género. A manera de receta y usando el recurso de “control de cambios” del procesador de textos Word, estableció algunos de sus elementos narrativos favoritos como “un título que plantee un enigma y un subtítulo que cree un contrasentido o un sinsentido”. En tanto, José María Merino afirmó que “no es el ser humano lo que inventó la ficción, es la ficción quien inventó al ser humano. Somos un ser que interpreta al mundo a través de ficciones”. También reconoció que tiene una “deuda profunda con la literatura latinoamericana que vino a rescatar al género fantástico”.
Con la potencia de las frases cortas, los jóvenes cuentistas se instalaron de la mejor manera en sus asientos y sus sonrisas fueron perennes a lo largo de la conferencia. Finalmente esta mesa funcionó como un divertido cuentacuentos en el que todos los asistentes también fueron personajes.
Prensa y Comunicación Feria Internacional del Libro de Guadalajara
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