Hasta el 22 de diciembre de 2010
Astolfo Funes: la ferocidad cotidiana
por Katherine Chacón
Conocí la obra de Astolfo Funes en 2003, cuando su pieza Leda y el gallo resultó ganadora del XXII Salón Municipal de Pintura de Maracay.
En ese momento, la propuesta pictórica de Funes resaltaba dentro del conjunto que conformaba el envío del evento, tanto por su intensidad expresiva como por su carga de oscuro humor, ironía y desparpajo. El cuadro, realizado en acrílico sobre tela, reflejaba lo que sería el estilo de Funes por esos años: el uso desinhibido del color, que daba al amarillo preeminencia en el plano; la distorsión de las figuras, la aplicación del pigmento por medio de empastes que traducían la gestualidad del artista al momento de la creación, y el tratamiento abigarrado de los fondos, en los que el pintor solía introducir grafittis, trazos inconexos, manchas, letras y formas diversas. Destacaba asimismo un tema que será recurrente en su trayectoria: la mujer.

En las obras de Funes la imagen de la mujer se aleja de los valores subrayados por la convención social –acaso por un temor atávico– y potenciados actualmente por la publicidad: la idílica belleza, la sexualidad rosa, la ternura almibarada, o la cándida maternidad, y cobra, por el contrario, una vitalidad subterránea, liberada del “buen gusto” y del “buen hacer”. Sus mujeres son imágenes impúdicas que muestran su rostro y su cuerpo sin contención alguna, y exhiben torsos muchas veces desnudos y rostros expresivamente deformados, con cierta grave desenvoltura. Son figuras que siempre miran al espectador, acaso retándolo a digerir la desfachatez de la escena, e introduciéndolo en un espacio que lo seduce y atemoriza al mismo tiempo: el espacio de la ferocidad femenina tantas veces socavada.
Pero la mujer, más que un tema en la obra de Funes, es un recurso figurativo que permite al artista acercarnos a un universo salvaje que es propio de lo humano y que subsiste a pesar de nuestros afanes civilizatorios: aquello que en nuestro interior lucha por no ser domesticado, que permanece irredento, que es salvaje y que, por ser parte de nuestro ser, es cotidiano, subyacente siempre tras el complejo entramado de normas y convenciones.
Las relaciones con lo animal, campo simbólico de lo instintivo, se verifican en las piezas de Funes a través de la introducción de gallos, pollos o perros en el espacio del cuadro, o en el dibujo de manos femeninas que semejan o, más abiertamente, son sustituidas por patas de gallo que surgen como garras.
Asimismo, las alusiones a lo “malo” –siniestro, oscuro, incorrecto– saltan de vez en cuando en los títulos de sus trabajos, como El médico Malapraxis, de uno de sus cuadros, o la “Mala vida”, nombre de una de sus exposiciones realizadas en Nueva York.

La muestra que nos convoca, reúne piezas en las que el artista se vuelca hacia lo gráfico, no sólo en la reiteración de una técnica que se nutre directamente del dibujo, sino en la composición de los cuadros, muchos de los cuales aluden al diseño de las portadas de las revistas de moda, en las que es determinante la importancia que cobra la figura –en este caso figurín o modelo– sobre el fondo. Funes sobrepone la figura de la mujer a un fondo monocromo, casi siempre blanco, y sustituye los grafismos “callejeros” de sus obras anteriores, por letras tipográficas deformadas, que incluyen tachaduras a modo de correcciones de un arte final. Las manchas, trazos y chorreados de sus fondos, dan paso en algunas piezas a fragmentos en los que se ha dibujado una tosca retícula, o en los que se disponen bandas de colores planos que aluden a una rústica geometría.
El estilo expresionista del trabajo de Astosfo Funes persiste en estos cuadros sólo en apariencia menos “salvajes”, y no es en modo alguno sólo un recurso plástico. El artista necesita crear sobre la pared o en el piso, muchas veces aplicando el pigmento directamente con las manos, otras, ejerciendo intensa presión sobre la tela que se rompería si estuviera sobre un bastidor y un caballete. Al pintar o dibujar Funes utiliza el gesto y la fuerza dinámica de su cuerpo como elementos que ayudan a plasmar en el lienzo toda su carga emocional. O acaso, más bien, es el lienzo el ámbito que traduce en forma lo que en el cuerpo es vivido como emoción.
Astolfo me comentó que parte del cambio que se percibe en las obras que conforman esta muestra radica en que inicialmente había querido retratar a la mujer dentro de un contexto urbano. Creo que su intención está manifiesta en estas piezas, en las que lo urbano va de la mano no sólo con esta especie de parodia de la visualidad que propone el diseño publicitario, sino sobre todo con la contraposición de este señuelo fashionable y citadino -y su recurrencia formal en la intervención de lo geométrico- con el dibujo espontáneo, el esbozo precario, la deformación, la tosquedad y la fragilidad.
Emoción, gesto, empaste y trazo libre, que nos hablan de la violencia, la carcajada, el desatino, el erotismo, lo irracional, del desencuentro: de la “mala vida” como campo del imaginario, acaso fértil para cuidar y resguardar nuestra ferocidad cotidiana.
Katherine Chacón
Cover
Del 27 de noviembre al 22 de diciembre de 2010
Galería Extracto
Calle Bolívar # 15. (Frente al Centro Artesanal Hannsi)
Tlfs: 0212-6378404/0412-2391864/ 0416-4043066
Horario de atención al público: Jueves y viernes de 2:00 p.m. a 6:00 p.m./ Sábados y Domingos de 12:00m a 6:00 p.m.
www.galeriaextracto.com
Fuente: Astolfo Funes




