La Embajada de Italia en la Argentina, el Istituto Italiano di Cultura, la Associazione Culturale Colosseum y el Museo Nacional de Arte Decorativo presentan este recorrido por la historia de la corbata.
Desde sus orígenes en Croacia como protectora de la garganta y el pecho durante la batalla, hasta su presente global como accesorio de arte decorativo individual. Eje del pecho y pedestal del rostro, la corbata también funciona como un signo de indentificación o de pertenencia a cierto ámbito social o laboral.
Sobre los objetos que se exponen:
140 corbatas de 1940 a la actualidad. Hay modelos realizados para ocasiones especiales como los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Las hay de los clubes italianos (Inter, Napoli), de Halloween, Estilo artepor y futurista.
10 corbatas de época
Tejidos varios de confección
10 trajes masculinos de diferentes épocas
15 paneles fotográficos
10 banner ilustrativos
Los auspiciantes y/o fabricantes de las corbatas son: Eties, Annamode, Cravattificio Diana, Alberto Valentini.
Las marcas son: Armani, Versace, Pierre Cardin, Hermes, Missoni, Gucci, Salvatore Ferragamo, Prada, etc.
Los personajes con corbata cuyos retratos se exponen van desde: Katherine Hepburn, el Príncipe Carlos, Oscar Wilde, Paul Newman, George Clooney, Salvador Dalì, Marcelo Mastroianni, etc.
Cuenta Alberto Belucci(*) sobre la muestra
La Associazione Culturale Colosseum, que a principios de 2006 presentó en nuestro Museo la recordada exposición sobre el zapato italiano con el título “El Arte que camina”, apunta ahora su mirada un metro y medio más arriba y presenta un recorrido ilustrado por la historia, el arte y la moda de la corbata, que nos traslada desde los antecedentes más antiguos, como fueron las tiras de género anudada al cuello de las huestes imperiales de Huang-ti y Trajano, hasta las esbeltas creaciones de los diseñadores contemporáneos de mayor prestigio.
La trayectoria artística y geográfica de la corbata es apabullante. Sabemos que el nombre le vino dado por el pañuelo anudado al cuello y dos extremos libres y en punta, que usaban los soldados croatas (hrvat =croata) que pasaron por Paris de vuelta de la Guerra de los Treinta años. Sabemos también que, apenas bautizada por los franceses, la moda de la corbata crece, se expande y se diversifica por Europa. La vemos florecer en las espumas del jabot barroco y volverse coloratura en las puntillas del rococó francés, adelgazarse y aquietarse al cruzar el canal de La Mancha; rebelde, en cambio, se agiganta y agita sus moños en la desmesura de los románticos para terminar aterrizando, pulcra y obediente, en la elegancia eduardiana que cierra el siglo XIX y abre el XX.
Pero recién hacia 1880 la corbata deja de ser una voluminosa faja cilíndrica, blanca o negra, que rodea el cuello y se ata al frente con nudo ‘mariposa’ coronado con broche o alfiler, para tomar la forma afinada y vertical que hoy conocemos, y que se denominó régate. A partir de allí se multiplicarán los modos de anudar y portar corbata. Si hacia 1824 Honoré de Balzac informaba que había 22 posibilidades diferentes para los nudos de su tiempo, hacia 1900 se registran alrededor de 80, desde los lazos más simples (el sencillo y el four-in-hand, por ejemplo) hasta los más abultados y complejos (Windsor completo).
En la adopción de las corbatas “verticales” finiseculares, cruzadas de coloridas franjas diagonales, tuvieron mucho que ver los colegios y clubes ingleses que las adoptaron para sus miembros convirtiéndolas en signo de identificación y pertenencia. Y son ésos los años en que la corbata se va globalizando en la moda de Occidente y en las culturas urbanas de América y Australia. Al mismo tiempo los artesanos e industriales italianos se centraban en las tecnologías de la seda y el jacquard y en el cuidado de la factura, al punto de crear sistemas especiales de corte y de forrado interior de las corbatas, pero también de proponer imaginativas combinaciones formales y cromáticas, a tono con la elegancia distintiva del diseño italiano del siglo XX.
En 1924 el diseñador textil Jesse Langsdorf patenta la forma de corte de la corbata actual, en base a la costura de tres trozos y al aprovechamiento máximo de la tela. Sobre ese modelo, de aceptación y difusión inmediatas, la imaginación de los diseñadores fue introduciendo distintas variantes y opciones de uso, con lo que la corbata se convirtió en soporte de sucesivas estéticas visuales y testimonio del gusto colectivo. En general los diseños pasaron del énfasis geométrico de las primeras décadas al exotismo formal de los años veinte, de los colores saturados de los 30’s a la preferencia por las diagonales anchas de los 50’s, de las flores de los 60’s a la delgadez de las corbatas-tira de los 70’s, y de los motivos búlgaros de los 80’s y el amarillo característico de los 90’s al satinado liso monocromo –generalmente azul o celeste- habitual en nuestros días. Basta recorrer las fotografías antiguas y actuales de congresos internacionales, reuniones de negocios, elencos ministeriales o eventos sociales para comprobar los corsi e ricorsi que ha experimentado la moda de la corbata del siglo XX, desde el abandono del voluminoso plastrón ceremonial –como el que lució Giacomo Puccini al visitar Buenos Aires en 1905- hasta la estética emergente, cada vez más generalizada y decontracté, del nudo flojo y cuello abierto de las generaciones jóvenes (y no tanto).
La corbata es eje del pecho y pedestal del rostro, registro del ámbito laboral y social –y acaso también del carácter y el espíritu- de quien la exhibe. En ella se concentra la “densidad subjetiva” de la vestimenta masculina y con razón se dice que su paño es una lengua que comunica. Es que a medida que el viejo “focale”, nacido para proteger la garganta y el pecho, dejó de ser delgada bufanda, amplia servilleta y ocasional pañuelo, dejó de lado su utilidad funcional, fue convirtiéndose, en cambio, en un elemento de arte decorativo individual, cotidiano y portátil, que en la brevedad de su materia y en la levedad de su consistencia nos revela simultáneamente la identidad pública y la intimidad estética de sus portadores. De allí que Lord Brummell -aquel dandy por excelencia, que usaba corbatas almidonadas y necesitaba un par de ayudantes para anudarlas- sostuviera que “la corbata es el hombre que la lleva”, y que Oscar Wilde llegara a afirmar que “una corbata bien anudada es el primer paso verdaderamente serio en la vida”.
Agradezco a la Embajada de Italia en la Argentina, al Instituto Italiano de Cultura y a la Associazione Culturale Colosseum el apoyo y la decisión que han hecho posible la realización de esta exposición en el año en que festejamos el Bicentenario de la Revolución de Mayo. Una forma de asociar a esta muestra, también, el recuerdo de aquellos patriotas que entremezclaron los nudos de sus blancos moñitos con esas otras cintas desplegadas al viento que adornaron sus solapas y adelantaron para la historia los colores de la nueva Patria.
(*) Director del Museo Nacional Arte Decorativo
El Istituto Italiano di Cultura, fue fundado en 1940 bajo el nombre de “Centro Studi Italiani”. Cerrado durante la II Guerra Mundial, fue abierto nuevamente en su sede actual en 1952, con el nombre de “Centro Italiano di Studi”. Sólo unos años después, asumió el nombre actual, que identifica en 90 ciudades del mundo una oficina periférica del Ministerio de Asuntos Exteriores italiano, específicamente destinada a la promoción y la difusión de la cultura italiana. En 2001 se completaron unas obras de reestructuración y modernización que dieron al Istituto su aspecto actual.
Las específicas funciones del Istituto Italiano di Cultura son: entablar relaciones con instituciones, entidades y personas del mundo cultural y científico del país huésped; promover el conocimiento de la realidad italiana y favorecer los proyectos finalizados a la cooperación cultural y científica; proporcionar información sobre la vida cultural italiana y sus instituciones; promover eventos culturales y muestras; apoyar iniciativas para el desarrollo de la comunidad italiana, tanto para favorecer su integración en la sociedad huésped, como para conservar sus relaciones culturales con el país de origen; promover la difusión de la cultura italiana también con la colaboración de los lectores de italiano destinados a las universidades argentinas y de las universidades italianas especializadas en la enseñanza de la lengua.
El Istituto tiene una biblioteca que rebasa los 40.000 títulos. La sala multifuncional “Benedetto Croce” tuvo el honor de hospedar a conferencistas como Italo Calvino, Umberto Eco, Giorgio Bassani, Vittorio Gassman, Franco Zeffirelli, Sandro Pertini, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Adolfo Bioy Casares, Victoria Ocampo, Gianni Vattimo, entre otros.
Nodi Italiani – La Trama de la Historia.
Del 9 de marzo al 18 de abril de 2010
Inauguración, 9 de marzo, 19 hs
Curadores: Luciano Calosso y Enrica Barbano
Museo Nacional de Arte Decorativo
Av. de Libertador 1902
Informes: 4801-8248
Entrada: $ 5. Estud y Jub $ 3. Martes, gratuita
De 11hs a 19 hs lunes cerrado
Fuente: Paula Simkin & Daniel Franco
Prensa y Comunicación




