Los miércoles 10, 17 y 24 de febrero en la Fundación Juan March
- Junto a Britten, compositores menos conocidos como Bridge, Frankel, Searle y otros
En paralelo a la exposición Wyndham Lewis, 1882-1957, que se inauguró el viernes 5 de febrero, en Madrid, en la sede de la Fundación Juan March (www.march.es), el ciclo El modernismo musical en Inglatera, cuyo primer concierto tuvo lugar el día de la inauguración y los otros tres se ofrecen los miércoles 10, 17 y 24 de este mes de febrero, recrea en el terreno musical un proceso análogo al que Lewis representó en la pintura: la recepción, en el tercio central del siglo XX, de las primeras vanguardias del continente y su adaptación a una tradición creativa propia, por débil que ésta fuera. Junto a la personal aportación de Britten, la renovación inglesa tuvo sus mejores defensores en otros compositores menos conocidos como Bridge, Frankel, Searle y Lutyens, entre otros.
El viernes 5 de febrero, en el acto de inauguración de la exposición, tuvo lugar el primer concierto de este ciclo. El tenor Agustín Prunell-Friend y la pianista Chiky Martín interpretaron obras de Frank Bridge (1879-1941), Benjamin Britten (1913-1976) y Lord Berners (1883-1950).
El ciclo continúa a partir de este miércoles (los conciertos de los miércoles son transmitidos por Radio Clásica, de RNE), según el siguiente programa.
*El miércoles 10 de febrero, la London Sinfonietta (Clio Gould, violín, Timothy Gill, violonchelo, Mark van de Wiel, clarinete, y John Constable, piano) interpreta obras de Alexander Goehr (1932), Humphrey Searle (1915-1982), Benjamin Frankel (1906-1973), Elisabeth Lutyens (1906-1983), Alan Bush (1900-1995) y Hugh Wood (1932).
*El miércoles 17 de febrero, el Cuarteto Bridge (Colin Twigg, violín 1, Catherine Schofield, violín 2, Michael Schofield, viola, y Lucy Wilding, violonchelo) interpreta obras de B. Frankel, F. Bridge, H. Searle y B. Britten.
*El miércoles 24 de febrero, Brenno Ambrosini, al piano, interpreta obras de H. Searle, F. Bridge y Sir Arthur Bliss (1891-1975).
La relación entre la creación musical e Inglaterra ha sido históricamente problemática. La ausencia de grandes compositores ingleses desde Purcell hasta Britten resulta difícil de explicar a la luz de la extraordinaria vida musical que Londres ha promovido tradicionalmente. Pocas ciudades europeas como la capital inglesa han disfrutado de una red de instituciones musicales tan rica y variada desde la Edad Moderna, siempre atenta a la promoción de estrenos musicales, la presentación de grandes virtuosos y la edición de las últimas novedades. Pero, casi siempre, protagonizados por compositores e intérpretes procedentes del continente. De este modo, Inglaterra ha acabado encarnando un caso paradójico para el historiador de la música y para el aficionado: la extraordinaria pujanza de su vida musical no corría paralela al surgimiento de talentos compositivos. Fue esta circunstancia la que forjó la máxima, algo exagerada, de “The land without music” con la que se ha venido describiéndose musicalmente Inglaterra.
El “renacimiento musical inglés” de comienzos del siglo xx, con una inevitable nostalgia por un pasado dorado sintetizado en la figura de Purcell, el consort de violas y el oratorio, supuso un punto de inflexión para Inglaterra como centro innovador en la creación musical occidental, aunque no estuvo exento de problemas. Benjamin Britten resumió la desesperación de los compositores ingleses de estos años en su artículo An English composer sees America, publicado en 1940 en Nueva York durante su visita a Estados Unidos: “En general, a menos que uno sea una institución nacional, la interpretación de nuevas obras [en Inglaterra] está limitada a la rama londinense de la International Society for Contemporary Music […] Aquí [en Estados Unidos], el compositor tiene la oportunidad de conseguir encargos de la radio o de compañías fonográficas. En Inglaterra éstos serían más raros que los timbales cromáticos. Aquí existen becas privadas; no tengo noticia de nada parecido en Inglaterra” (Britten on Music, Oxford, 2003, p. 25).
El modernismo musical en Inglaterra es el proceso que resume este ciclo, recreando en el terreno musical algo similar a lo que Wyndham Lewis representó en la pintura: en música se produjo una recepción de las primeras vanguardias del continente y su adaptación a una tradición compositiva propia, por débil que ésta fuera. El paralelismo, como cabe imaginar, no es simétrico en todos sus aspectos: la aportación pictórica durante el siglo XIX fue más rica que la musical, mientras que la cronología de la recepción de las vanguardias en la isla es –quizá por esta misma razón– algo más tardía en música que en pintura. A través de cuatro conciertos, el ciclo muestra cómo operó este proceso desde los primeros síntomas claros de modernismo en la década de 1920 hasta la integración definitiva de la vanguardia a comienzos de la década de 1960. Aunque la personal aportación de Britten ocupa un lugar destacado en este panorama, siendo quizá el único compositor inglés de este periodo realmente internacional en su difusión, la renovación compositiva en Inglaterra tuvo sus mejores defensores en otros compositores menos programados y mal conocidos. El empleo del dodecafonismo vienés en la obra de Frank Bridge (maestro de Britten), Humphrey Searle y Elisabeth Lutyens, la producción de Benjamin Frankel en la estela de Shostakovich y Bartók o los estrechos vínculos del también pintor Lord Berners con compositores como Stravinsky o Casella retratan un rico panorama de intercambios estilísticos que conforman la esencia de este ciclo inspirado en la aportación de Wyndham Lewis.
El programa de mano, cuya introducción notas a cada concierto son del crítico musical de la revista Scherzo y de Radio Clásica, de RNE, Juan Manuel Viana, incluye, como apéndice, la primera edición española de una breve selección de textos del compositor Arthur Bliss publicados en 1934. Bajo el significativo título de Aspectos de la música contemporánea, Bliss, otro autor innovador también programado en este ciclo, reflexiona no sólo sobre la posición de la vanguardia musical inglesa, sino también sobre algunos ideales estéticos compartidos por pintores y poetas contemporáneos británicos.
Los intérpretes
La London Sinfonietta es uno de los grupos de música contemporánea más destacados del panorama internacional, con una reputación basada en el virtuosismo de sus interpretaciones y la ambición de sus programas. Su objetivo es situar la nueva música en el corazón de la cultura contemporánea eliminando fronteras; entre sus proyectos habituales figuran trabajos con coreógrafos, artistas de vídeo, directores de cine, artistas electrónicos, intérpretes de jazz y de folk. El grupo es Orquesta Residente del Southbank Centre, ejecutando regularmente con compositores-directores como Oliver Knussen y George Benjamin, así como con algunos de los intérpretes de mayor prestigio para los repertorios de los siglos XX y XXI, incluyendo a Diego Masson, Peter Eötvös y Martyn Brabbins. Durante años ha persistido en llevar la mejor música contemporánea a salas y festivales del Reino Unido y alrededor del mundo con una intensa agenda de conciertos.
El Cuarteto Bridge es un grupo londinense que posee, veinte años después de su creación, una envidiable reputación por sus programas y grabaciones, entre los que se encuentran los cuatro cuartetos de Frank Bridge, así como sus obras tempranas de cámara. Frecuentemente actúan como embajadores de la música inglesa y en particular de la obra de Bridge.
Brenno Ambrosini es un pianista veneciano, que ha estudiado además órgano, violín y composición. Ha seguido estudios en Múnich, París y Madrid, a cuyo Real Conservatorio Superior de Música está muy ligado. Es catedrático de piano del Conservatorio Superior de Castellón.
Fundación Juan March
Castelló, 77 - 28006 Madrid - España
www.march.es
Fuente: Gabinete de Prensa Fundación Juan March




