A partir del martes 3 y hasta el próximo 26 de noviembre, con motivo de la exposición Caspar David Friedrich: arte de dibujar
- Intervienen Antonio Colinas, Javier Hernández-Pacheco, Guillermo Solana, Luis Gago, Antonio Mari, Dámaso López García, José Varela Ortega y Leonardo Romero Tobar
El próximo martes 3 de noviembre se inicia en la Fundación Juan March (www.march.es) un “Aula Abierta” sobre Romanticismo que, con motivo de la exposición Caspar David Friedrich: arte de dibujar –en la Fundación Juan March hasta el próximo 10 de enero-, pretende acercarse a la literatura, filosofía, pintura y música adjetivadas con el término de romántica.
Entre el martes 3 y el jueves 26 de noviembre, Antonio Colinas, Javier Hernández Pacheco, Guillermo Solana, Luis Gago, Antoni Marí, Dámaso López García, José Varela Ortega y Leonardo Romero Tobar, quienes se ocupan, respectivamente, de Leopardi, el Círculo de Jena, Delacroix, Schubert, el genio romántico, Lord Byron, España como ejemplo y destino del Romanticismo y, por último, Espronceda como paradigma de poeta romántico español, imparten cada uno una sesión dirigida a docentes (con entrada restringida previa inscripción, de 18 horas a 19,30 horas) y una conferencia de entrada libre, a las 19,30 horas.
- Martes 3: Antonio Colinas: Giacomo Leopardi: preludios a un Romanticismo esencial
- Jueves 5: Javier Hernández-Pacheco: El Círculo de Jena o la filosofía romántica
- Martes 10: Guillermo Solana: Delacroix o el arte romántico
- Jueves 12: Luis Gago: Schubert o el romántico que no pudo ser
- Martes 17: Antoni Marí: El genio romántico
- Jueves 19: Dámaso López García: Lord Byron o el sentimiento romántico
- Martes 24: José Varela Ortega: La mirada del otro.
- España como ejemplo y destino del Romanticismo: pasión y exotismo
- Jueves 26: Leonardo Romero Tobar: Espronceda o el romanticismo en España
Se ofrece a continuación un resumen de algunas intervenciones.
Antonio Colinas
Leopardi
Giacomo Leopardi (Recanati, 1798-Nápoles, 1837) es el más genuino representante del Romanticismo italiano y uno de los más sobresalientes del europeo. Su obra se nutre de la vigorosa influencia de los clásicos, pero a la vez brota con ella la modernidad literaria en su país, produciendo un cambio de estética, sobre todo con los poemas de sus Canti (Cantos), pero a la vez con su revulsivo pensar. Precozmente comienza a aprender en los autores grecolatinos, pero pronto otras lecturas de la rica biblioteca paterna, sus dotes de políglota y su encerrada y compleja vida en el Palacio familiar, produjeron en él una amalgama de la que brotaría un nuevo tiempo literario y precisamente en unos momentos en los que la historia de su país se ve sacudida por influencias foráneas, como la de la Revolución Francesa (decisiva también en los primeros años de otro poeta como Hölderlin) y sobre todo por la ocupación napoleónica de Italia. Más allá, pues, de los valores y resultados de su ingente obra en varios géneros (poesía, teatro, narrativa, ensayo, diario, epistolario), la rica personalidad de Leopardi, sus tardíos viajes y amistades con los liberales de su tiempo, expresan unas grandes ansias de libertad que llenaron su corta vida a la vez con geniales hallazgos y con los frustrantes y negadores caminos de su filosofar, con un nihilismo que estallaría en sus ensayos, diálogos y pensamientos y, vivencialmente, durante sus últimos días en Nápoles. Una personalidad literaria como la de Giacomo Leopardi, sólo puede equipararse, dentro del panorama de las Letras italianas, a los grandes maestros que le influyeron (Dante, Petrarca), así como a otros poetas europeos, coetáneos suyos (Novalis, Hölderlin, Keats, Shelley), que le acompañaron en la ingente tarea de traer con palabras nuevas un nuevo tiempo a la literatura, una nueva luz al conocimiento y, con sus versos, un más claro y emocionado sentir.
Javier Hernández-Pacheco
El Círculo de Jena
La idea de Romanticismo, que empezó siendo un movimiento artístico, una teoría filosófica y una actitud existencial, se ha incorporado al lenguaje ordinario con suerte diversa y en cierta forma ambigua, hasta el punto de que uno nunca sabe si es bueno a malo que le apliquen el adjetivo. Es pues un término que requiere cierta clarificación semántica. Y eso es lo que se pretende aquí, rastreando las raíces históricas de este movimiento a finales del siglo XVIII. Como se expresa Friedrich Schlegel, el Romanticismo es el resultado en la emergente y juvenil intelectualidad alemana de fin de siglo, de la obra literaria de Goethe, de la filosofía de Kant, y más específicamente de Fichte, y de la difusión desde Francia de las ideas revolucionarias. De este modo, nada hay más alejado de este ideal que la imagen sensiblera del que esconde en la literatura su incapacidad creativa y la falta de voluntad para transformar la circunstancia histórica. Y tampoco tiene que ver el Romanticismo con lo que Goethe denominó “al alma bella”, o con lo que Marx denuncia en su crítica de los socialismos utópicos. La poesía no es un refugio, sino más bien la esencia misma de una realidad que busca su plenitud y que mientras ésta no es llega es sólo fragmento de sí misma. Y es responsabilidad del artista, no sólo dar voz a esa tendencia, sino colaborar prácticamente en la tarea en que el mundo propiamente consiste. El arte es así recreación del mundo más allá de sus límites fácticos, hasta hacer de las cosas lo que todo quiere ser: no sólo un mundo mejor, sino reflejo verdadero de lo fantástico. Eso ciertamente, se llama también Idealismo.
Luis Gago
Schubert
Franz Schubert representa un caso único dentro de la historia de la música. Fue un casi estricto coetáneo de Ludwig van Beethoven pero, al contrario que él, no gozó prácticamente de ningún reconocimiento en vida. Los dos vivieron toda su vida adulta en Viena, uno como el compositor más famoso y rupturista de su tiempo, y el otro luchando infructuosamente para que se reconociera su genio y se publicaran e interpretaran sus obras. La temprana muerte de Schubert y la rápida eclosión del Romanticismo musical contribuyeron aún más a que gran parte de su música permaneciera en el olvido durante décadas, valorada y apreciada sólo por un reducido círculo de entendidos, con varios de los grandes compositores románticos a la cabeza. Sólo a mediados del siglo XX empezó a cobrarse conciencia de la verdadera dimensión y de la semilla de futuro de sus creaciones, valorándose no sólo sus Lieder (compuso más de seiscientos), los que más fama le reportaron en su tiempo, sino también su manejo de la gran forma o sus innovaciones armónicas. Músicos como Benjamin Britten o Sviatoslav Richter revelaron con sus interpretaciones a un Schubert mucho más moderno y tremendista de cómo había venido presentándose hasta entonces. El austríaco fue un compositor intuitivo, hecho a sí mismo, que apenas viajó y que, al contrario de antecesores como Haendel, Mozart o Haydn, y de sucesores como Mendelssohn, Liszt o Schumann, no tuvo ningún contacto con las grandes personalidades artísticas europeas de su tiempo. Todo ello hace de él un caso único dentro de la historia de la música occidental. Clásico por nacimiento, muchas de sus obras apuntan en una dirección que ni siquiera los compositores románticos fueron capaces de atisbar.
Dámaso López García
Lord Byron
Tal vez la figura de lord Byron sea más importante que su propia obra literaria. Es un rasgo que comparte con otros escritores. El ejemplo humano, la importancia del personaje literario, acaso oculte, en cierta medida, la obra del autor. Tal vez en el presente el nombre de lord Byron evoque la plenitud del Romanticismo, sin que su obra sea, precisamente, la que más favorezcan los estudiosos del Romanticismo. La singularidad de esta circunstancia la subraya el hecho de que Bertrand Russell dedicase un capítulo en su Historia de la filosofía occidental al poeta inglés. Coleridge habló durante buena parte de su vida del poema filosófico que estaba escribiendo su amigo Wordsworth, The Prelude. Sin embargo, a juicio de Bertrand Russell, Byron debe contarse entre quienes fueron «causas de cambio de la estructura social». Es difícil separar al personaje de su obra. Como, a su vez, es difícil separar a la persona del personaje. Hubo en la Europa anterior al siglo XIX ejemplos aislados de autores que fueron satánicos o que rozaron el malditismo, hubo don Juanes, condes de Villamediana o marqueses de Sade, pero estaba reservado a lord Byron la creación de un modelo específicamente moderno que se ha imitado y sigue imitándose con provecho. Los reflejos de ese descontento íntimo, la arrogancia rebelde, el desdén de las convenciones, la aspiración a lo absoluto y, por qué no, la frivolidad desdeñosa o el aristocratismo, real o fingido, son todos ellos elementos que todavía en el siglo XXI siguen proyectando su sombra. El origen de todos estos rasgos, no aislados, sino en su contradictorio conjunto, puede fijarse con frecuencia en lord Byron.
Leonardo Romero Tobar
Espronceda
José de Espronceda nace en 1808, un momento clave para la España moderna y un año en cuyas cercanías vienen al mundo figuras tan significativas del Romanticismo español como Cecilia Böhl (1796), Trueba y Cossío (1799), Mesonero Romanos (1803), Hatzenbusch (1806), Larra y Donoso Cortés (1809). Las peculiaridades del Romanticismo hispano tienen en esa circunstancia un rasgo caracterizador, aunque no sea el único, y es su retraso cronológico respecto al de otras Literaturas europeas. Espronceda y Larra, con su precocidad, quemaron etapas para adelantar manifestaciones románticas innovadoras. El primero comprometiéndose, casi adolescente, en la actividad política radical; el segundo, buscando su campo literario también a una edad tempranísima. El exilio de Espronceda en Londres y París (1827 –1833) le puso en relación directa con la vivísima cultura de la Europa contemporánea. Acción pública y pasión personal, pues, serán las dos vías que marquen el curso de su existencia posterior, hasta su inesperada muerte en 1842. La voluntad de intervención pública y la sensibilidad hacia las injusticias de la sociedad resuenan en muchos textos suyos en prosa o en verso y la pulsión ardorosa de su experiencia erótica reescribe temas y motivos de tradiciones literarias antiguas y nuevas. Estos armónicos resuenen con insistencia en su obra literaria. Pero no se cierra con en estos aspectos la capacidad conmovedora de su expresión lírica, pues Espronceda es, sobre todo, poeta. Un intenso sentido del ritmo y de la eufonía sumados a una refrescante capacidad para troquelar imágenes brillantes traspasan su estilo en una visión del mundo de absoluta modernidad que lo emparejan con los más innovadores poetas del Romanticismo. El desdoblamiento del yo lírico en la figura del poeta y su receptor y la textura irónica a la hora de organizar su discurso poemático son dos sugestivos componentes de una escritura que nos devuelven a un lírico de plena actualidad.
Antonio Colinas es poeta, narrador, ensayista y traductor. Es autor, entre otros muchos libros de creación propia o ensayística, de Hacia el infinito naufragio. Una biografía de Giacomo Leopardi.
Javier Hernández-Pacheco es catedrático de Filosofía en la Universidad de Sevilla. Entre sus trabajos destacan sus monografías sobre Nietzsche y sobre el romanticismo temprano del Círculo de Jena.
Guillermo Solana es director artístico en el Museo Thyssen-Bornemisza. Entre sus publicaciones destacan la edición de los diarios de Delacroix (El puente de la visión) y Salones y otros escritos sobre arte, entre otros.
Luis Gago es editor de la Revista de Libros y director artístico del Liceo de Cámara, ambos de la Fundación CajaMadrid. Ha sido subdirector y jefe de programas de Radio2 (RNE), coordinador de la Orquesta Sinfónica de RTVE y crítico musical de El País.
Antonio Marí, escritor y poeta, es catedrático de Teoría del Arte en la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona. Es autor de una antología del romanticismo alemán, El entusiasmo y la quietud.
Dámaso López García es catedrático de Literatura inglesa y decano de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense. Ha traducido obras de autores como Conrad, V. Woolf, Lytton Strachey, T. S. Eliot o Seamus Heaney.
José Varela Ortega es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Rey Juan Carlos y presidente de la Fundación Ortega y Gasset. Es autor, entre otros libros, de Los amigos políticos.
Leonardo Romero Tobar es catedrático de Historia de la Literatura en la Universidad de Zaragoza. Especializado en romanticismo y novela española del siglo XIX, pueden citarse entre sus libros La novela popular española del siglo XIX (1800-1870) o Panorama crítico del romanticismo español.
Fundación Juan March
Castelló, 77 - 28006 Madrid - España
Salón de actos.
19,30 horas.
Entrada libre
www.march.es




