El universo propuesto por el artista trasforma al lienzo, en un sutil juego de armonías cromáticas. Retazos abstractos y detalles figurativos intervienen el todo resignificando la estructura compositiva. Un artista ecléctico que siempre sorprende y que ahora -luego de mas de 30 años de trabajo en Europa- reside en Buenos Aires y comparte su obra con el público argentino.
Sobre la muestra
Por Alberto Giudici
La abstracción libre, de larga y fecunda presencia en nuestra plástica, tiene en Rodolfo Zagert una voz distinta, personalísima. Lo que primero salta a la vista en su más reciente producción es la cualidad poética de sus lienzos, un estado de gracia que se impone por sobre toda consideración técnica o formal. Digamos, antes que nada, que Zagert vivió fuera del país casi cuatro décadas y ha vuelto, para radicarse definitivamente, hace apenas tres años. También, que sus intereses pictóricos y temáticos son diversos y sumamente eclécticos, por lo que puede pasar de la figuración a la abstracción casi sin transición.
Pero donde se siente más cómodo, donde se siente más él, es en ese universo en el que el lienzo se representa a sí mismo en un juego de sutiles armonías cromáticas. En la pura abstracción. Ya sea en el soporte de tela o empleando láminas traslúcidas, las tenues tonalidades parecen expandirse fuera del marco, perderse en el espacio, fundirse en un todo más allá de su condición fáctica, la de su propia materia plástica. Por sobre ese fondo, trabajosamente elaborado, Zagert coloca pequeños retazos de formas netas y contrastantes. Y a veces, no siempre, un detalle figurativo, mínimo, como una suerte de intrusión, de intervención alienígena: unas manos enlazadas, alguna imperceptible figura humana perdida en el ordenado caos de la tela. Estos elementos, casi flotantes, no son azarosos: tensionan la estructura compositiva y actúan como ideogramas que otorgan al lienzo una densidad insospechada y la apenas insinuada cualidad de un mensaje.
Una de las pinturas, explica el artista, es el imaginado segundo después del big-bang. El título aclara: fragmento. Es, en efecto, una sinécdoque: la parte que representa al todo. Pero, ¿cómo hacer un recorte del infinito sin que éste, a su vez, sea otro infinito? Eterno conflicto de la pintura con su propia naturaleza. El cuadro, como límite, es el desafío del arte y del artista: un territorio donde Rodolfo Zagert se interna para buscar otros mundos, que son los que habitan en él.
Rodolfo Zagert
Nace en 1950 en Eldorado, Misiones, Argentina. Estudia arte y arquitectura en Buenos Aires. En 1972 continua becado sus estudios en Alemania. Permanece en ese país donde desarrolla su producción artística en el campo de la plástica y la arquitectura hasta 1991, año en el que se traslada a Palma de Mallorca. Como arquitecto se especializó en la rehabilitación, obteniendo el prestigioso “Premio Ciudad de Palma” en el año 1999 por la restauración de un palacio del siglo XVI. A partir del 2003 se dedica exclusivamente a la pintura, y desde el año 2006 vive alternativamente entre Palma y Buenos Aires.
Del 16 de diciembre de 2009 al 24 de enero de 2010
Centro Cultural Recoleta
Junín 1930 – Sala 10
Horario: Lunes a viernes de 14 a 21hs. Sábados, domingos y feriados de 10 a 21 hs
Informes: 4803 1040
Entrada Libre y Gratuita
+info:www.rodolfozagert.com
Fuente: Simkin & Franco
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