Sábado, 26 de Mayo de 2012

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Redibujando el paisaje de los medios

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Por Benjamin Weil. Comisario Jefe de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial. Gijón

Desde el advenimiento de las telecomunicaciones -el poder de transmitir en tiempo real información desde lugares remotos- las vivencias humanas de la realidad han dejado de basarse en el contacto directo dentro de un mismo tiempo/espacio para convertirse en una combinación de ese contacto con un ahí y un ahora “mediado”, una capa adicional de experiencia que ha ido abstrayendo, progresivamente, nuestra percepción del mundo. Paso a paso, en el transcurso de un siglo, las tecno logías de la telecomunicación han redibujado el mapa de nuestro entorno, fundiendo diversos tiempos/espacios y creando un paisaje cada vez más complejo.

La aparición de los dispositivos móviles de telecomunicación y de una red globalizada, que alberga y distribuye un flujo constante de información, han acelerado considerablemente ese giro. Nuestro “paisaje de los medios” ha dejado de centrarse en el espacio para hacerlo en el tiempo: estamos en todas partes y en ninguna, pero siempre en el ahora y aquí. Ya no hay Pasado ni -hasta cierto punto- Futuro. En un mundo en estado de permanente redefinición, los artistas reflexionan sobre los métodos, las estrategias y la forma del arte contemporáneo. Y esa podría ser la premisa de Feedforward: una exposición que, de alguna manera, actúa como “secuela” de Feedback, la muestra inaugural de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial; una estrategia que, en sí misma, se empapa de la cultura contemporánea, aunque sólo sea para cuestionarse mejor sus deficiencias.

Para describir esos cambios que factores, tan determinantes, como la telecomunicación móvil o la red globalizada han generado en la percepción humana del mundo, se recurre a menudo a la expresión “realidad aumentada”, una denominación que intentaría reflejar que lo que vemos con nuestros propios ojos no es sino una parte de la imagen: nuestro “mundo” tiene muchas más capas y es considerablemente más complejo. Y la cantidad de información que necesitamos procesar si aspiramos a comprender el territorio que habitamos se ha ampliado en forma considerable, cuando no exponencial. Como los héroes de Snow Crash1, vamos de lo real a lo virtual y viceversa, combinando las dos experiencias en tiempo real. Y aunque los anteojos imaginados por Neal Stephenson no han llegado todavía a nuestras tiendas, podemos entrever ya el futuro estado de las cosas. Podemos imaginar, por ejemplo, modernos sistemas automovilísticos de navegación que proyectarán datos sobre el parabrisas, una superficie que, más pronto que tarde, podría acabar convertida en una pantalla que fundiría a la perfección visión e información, sobre la velocidad, cartográfica o de otro tipo.

Nuestro paisaje es caleidoscópico y se encuentra en la intersección de una multiplicidad de flujos de datos y sistemas de gestión, cada uno de los cuales aspira a conformar determinados aspectos de nuestras vidas contribuyendo, de alguna manera, al hacerlo a la fragmentación de nuestro territorio. Sin embargo, uno de los aspectos más apremiantes del actual estado de nuestra civilización sería que, como consecuencia de lo anterior, la Historia habría dejado de existir como punto de referencia colectivo. Por contra, las vivencias individuales del paisaje de los media se compartirían en fragmentos.

El comportamiento humano es, cada vez más, monitorizado, analizado y diseccionado para generar sistemas tendentes a instigar patrones racionalizados de actividad, relacionados, bien con el trabajo, bien con el ocio, en nombre de una productividad y una modernidad mayores.

Mientras, los sistemas de comunicación móviles y en red portarían también las semillas de la reorganización y, de algún modo, de la resistencia a la racionalización a ultranza. Ya en la década de los años veinte del pasado siglo, el hundimiento de la utopía moderna representada por Metrópolis, de Fritz Lang, sentó las bases de una perspectiva menos optimista de la visión, excesivamente entusiasta, de un futuro brillante.

Con todo, herramientas tradicionales de resistencia y contrapoder, como los sindicatos, han fracasado en el intento de ocupar el núcleo de un sistema cada vez más mecanizado. Y si la web 2.0 y otras herramientas comunitarias ofrecen una mayor monitorización y análisis de comportamiento, encierran también las bases para una invención de nuevos patrones de contrapoder y de resistencia, basados en el fragmentado mundo que habitamos. Más que en torno a tribus o entidades definidas, los grupos se forman mediante el consenso inmediato de servir a causas e intereses específicos. El reciente boicot a Whole Foods2 en los Estados Unidos, que siguió a la publicación de un documento en el que su presidente menospreciaba la importancia de la reforma del sistema sanitario propuesto por el actual gobierno, constituiría el último ejemplo de esa conducta. Y aunque, en ocasiones, pueda resultar confuso, la coparticipación rápida y descentralizada en el conocimiento y el acceso a fuentes alternativas de información pueden resultar beneficiosos para la mejor comprensión de cualquier situación dada. Como si fuera un organismo vivo, nuestra estructura social genera antídotos que le permiten sobrellevar sus propios fallos.

Ese es el paisaje que los artistas han de reflejar y representar. Pero la velocidad e inestabilidad generalizadas en nuestro mundo exigen un tipo de representación capaz de operar, de hecho, menos como feedback y más como feedforward, lo que introduce la cuestión de la función del arte dentro de la cultura contemporánea. Si lo entendemos como un instrumento de cambio social, el arte contemporáneo necesitará apuntar a la disfunción del sistema con medios eficientes. Con todo, el grado de convicción se basará también en la capacidad del arte mismo para distanciarse y establecer, así, una mirada crítica. Representar y, al mismo tiempo, involucrarse es lo que da forma a la hipótesis de la “Estética Relacional”3.

El propio sistema de representación presenta múltiples caras y refleja un ámbito en constante flujo y que se ha vuelto cada vez más abstracto. La exposición revisa toda una serie diversa de prácticas artísticas que, en su conjunto, muestran la instantánea de un mundo descontrolado.

Feedforward reflexiona sobre un conjunto de temas que guardan relación con ese estado de cosas. De hecho, seguramente, lo primero que constatamos en ella es que nuestra relación con el tiempo ha cambiado, pero también lo ha hecho nuestra relación con el espacio dada nuestra existencia simultánea en diversos ámbitos.

Otra cuestión en juego es la del valor de la información en sí misma, y la posibilidad de especular con ella, algo que, podría alegarse, nos ha conducido a los excesos y a los recientes fracasos en el mundo de la economía con efectos, por desgracia, más “reales” que “virtuales”.

En su presentación caleidoscópica de proyectos, Feedforward apunta también a la necesidad de replantearse la exposición en su sentido tradicional. Sin asumir del todo la condición de espacio de contemplación, ni tampoco la de sala de juegos, la superposición de múltiples proyectos artísticos brinda a los visitantes la oportunidad de adentrarse en la complejidad de nuestro mundo en formas susceptibles de estimular el ensamiento crítico y, esperemos, de hacer que, al abandonar la exposición, lo hagan con un sentimiento de satisfacción y de control sobre su propio destino.


1 Snow Crash, Neal Stephenson, editada por Bantam Books, Nueva York, 1992.
Publicada en España en 2000 por Ediciones Gigamesh.
2 Whole Foods, una c adena de supermercados radicada en los Estados Unidos, tiene una r eput ación más ecológica, por lo que c uent a con el apoyo, ante todo, de urbanitas con un alto grado de conciencia social.
3 Un término acuñado en los años noventa por el crítico y c omisario francés Nicolas Bourriaud para describir el trabajo de toda una generación de artistas que desarrollaron el c oncepto de la obra de arte c omo int erfaz, más que como producto acabado. Al participar en un proyecto, o ensamblar una diversidad de elementos, los visitantes construyen su propia experiencia de la obr a convirtiéndos e, al hacerlo, en activos creador es de significado.


LABoral Centro de Arte y Creación Industrial
Los Prados, 121, 33394 Gijón – Asturias
T. +34 985 185 577. F. +34 985 337 355
info(arroba)laboralcentrodearte.org.
www.laboralcentrodearte.org

Fuente: Prensa LABoral Centro de Arte y Creación Industrial

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