cubo espacio de arte presenta la exposición Probabilidades de regreso de Vicente Da Palma, del 30 de abril hasta el 5 de junio de 2009, en el Pasaje Arcadia, local 12. Balmes 179. Barcelona.
Vicente Da Palma (Barcelona 1975) Pintor de oficio desde el 96 y licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en 2008, Vicente Da Palma empieza su periplo artístico en el 2002. Con varias exposiciones individuales y colectivas en L’Hospitalet, Barcelona, Nîmes, Oporto, Kaunas, etc... llega su primera muestra individual a Barcelona: Probabilidades de regreso. 8 degradados monocromáticos al óleo sobre madera en los que el encuentro del color se deja en suspenso, o en palabras del propio artista «en fuga constante».
Para quien se mueve entre el léxico del griego clásico con tanta torpeza como yo, es difícil no aturdirse ante los significados que suele ofrecer una misma palabra y quedarse perplejo ante la plasticidad de esta lengua.
Entretenido con estas cosas de héroes clásicos que buscan patrias borradas del mapa después de la guerra, se advierte que el griego tiene todo un campo léxico para referirse a ellos y a sus viajes, palabras que evocan en un mismo golpe semántico a un sujeto y a un horizonte en fuga constante, aquel al que lanzaron su última mirada para no dejar de surcar siempre el mismo mar y las mismas playas.
Vicente Da Palma
Fran Martínez Cruz
Aristóteles es de ellos , pero Leibniz es nuestro
o la heterodoxia del ortodoxo
«Aristóteles es de ellos, pero Leibniz es nuestro», no encuentro nada mejor que esta cita de Isaiah Berlin para intentar explicar el asombro que me produce la actitud de Vicente Da Palma frente a la obra de arte.
La filosofía se diferencia de otras disciplinas en que las ideas no son un proceso acumulativo en el que cada una o cada nuevo pensamiento anula o puede hacer prescindible lo anterior. En el arte sucede lo mismo, pues si algo hemos aprendido a través de todos los dogmatismos ideológicos y estéticos que hemos sido capaces de crear a lo largo de la Historia es que el arte es pensamiento convertido en metáfora. Vicente Da Palma asume esta actitud delante de su trabajo artístico. Para él, el arte es un paisaje por donde pasear estableciendo un diálogo entre su experiencia y el Saber. El asombro y placer que me produce la total libertad de esta actitud no sé si tiene que ver con lo anterior, pero lo cierto es que si tuviera que situar el trabajo de Vicente Da Palma en comparación con algún otro artista tendría verdaderas dificultades. Recuerdo una instalación suya en la que proyectaba unas diapositivas de viajes sobre unos plásticos livianos que se movían suavemente con el aire. Esta obra me llevaba al Ulises de Teo Angelópulos, pero me intrigaba la ausencia de nostalgia, melancolía e incluso la ausencia de romanticismo. Esta sensación se me repite cada vez que veo una nueva obra suya. Me pasó con Palacio de Minos, donde me venía a la memoria la esencia de aquel film de Brodthaers en el que se empeñaba en escribir con tinta una y otra vez en un papel bajo una lluvia torrencial, la diferencia era que dónde Brodthaers hablaba de fatalismo e impotencia, Vicente Da Palma nos habla del gozo de recrear la fatalidad. Lo mismo me sucede con estas pinturas que presenta en cubo.

El trabajo de Vicente Da Palma establece más paralelismos con filósofos que con artistas. Tiene de Steiner, la felicidad que le produce la capacidad de poder confrontar continuamente su vida con la Historia de la Cultura. De Vico asume «verum ipsum factum» lo verdadero es lo mismo que lo hecho. Para Vicente Da Palma el hecho de hacer es fundamental, porque es haciendo y además a la manera de un paciente artesano, donde encuentra el espacio para que el tiempo se convierta en gozo y la obra de arte en gozosa metáfora. Como Fichte y Schelling asume que la Historia no funciona como una línea ideal de progreso continua, sino más bien como un bucle donde los altibajos se reproducen en tiempos y lugares diferentes, pero -he aquí lo contemporáneo y lo que al tiempo lo convierte en un heterodoxo dentro de la ortodoxia contemporánea, y es que en muchas ocasiones la contemporaneidad manifiesta el trauma en su ideal de ausencia de trauma- lo asume sin trauma.
Esto puede explicar la sorprendente falta de nostalgia en un trabajo que a priori está planteado desde la necesidad del mito. La originalidad del trabajo de Vicente Da Palma estriba en que el conflicto producido a partir de conjugar la experiencia personal con la necesidad del mito lo resuelve no a través del trauma, sino a través del gozo. Reconozco que este es uno de los factores por los que la obra de Vicente Da Palma me resulta sorprendente y sumamente atractiva al mismo tiempo. Su asunción del gozo le diferencia de la melancolía de Angelópulos, de la nostalgia de Kounnellis o, en la exposición de cubo, del concepto de sacrificio de las pinturas de Rothko. Y todo esto lo resuelve con una contemporaneidad pasmosamente natural, sin complejos que emana de su actitud ante la vida. Otra característica importante del trabajo de Vicente Da Palma es que a diferencia de otros artistas contemporáneos de su generación, no sólo trabaja a partir del mito y la belleza, sino que no renuncia a la trascendencia. Pero de una manera original, sorprendente y desde un total laicismo (ahí la diferencia con Beuys), la trascendencia no la coloca en la obra realizada por el artista, sino que la sitúa en el artista que realiza la obra. Para él, el artista no es trascendente por lo que hace, sino porque es hombre.
Otro hecho también sorprendente es que a través del mito sin nostalgia, del romanticismo sin melancolía, y por encima de todo de la belleza sin pecado de culpa y del gozo por la experiencia, Vicente Da Palma nos habla con optimismo y desde una actitud absolutamente laica de la esperanza y nos recuerda la posibilidad de la utopía.
Agustín Fructuoso
Del 30 de abril al 5 de junio de 2009
cubo espacio de arte
Pasaje Arcadia, local 12 • Balmes 179
08006 Barcelona
Tel. 934156316 / 687744620
www.cubo.com.es/
Horario: de lunes a viernes de 16 a 20h




