Viernes, 25 de Mayo de 2012

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'Matiné' de Liliana Porter en Ruth Benzacar

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Matiné es el título que esta exposición toma prestado del cuarto video de Liliana Porter, realizado en 2009, con música de Sylvia Meyer, el cual se presenta aquí por primera vez.

Al igual que en el video, las pinturas, objetos, dibujos, fotografías y grabados incluidos en esta muestra, presentan una serie de aparentes dislocaciones. La dislocación no es percibida como tal, por el contrario hay una coherencia que la integra, que la incluye, y que estimula una intuición del verdadero orden de las cosas. Lo que resulta de estos quiebres, de estos desencuentros formales, es una suerte de contravención del ordenamiento que rige las convenciones.

Los códigos de la pintura abstracta se encuentran con narraciones de catástrofes, los adornos banales se vuelven significantes, los conejos recortados en papel se van y no vuelven, un pollo insomne se obsesiona con Mambrú que se fue a la guerra.

Liliana Porter nació en Buenos Aires en 1941. Desde 1964 vive en la ciudad de Nueva York.
Su obra se encuentra representada en numerosas colecciones públicas y privadas entre las que se encuentran: Museo de Bellas Artes, Museo de Arte Moderno y Museo de Arte Latinoamericano (MALBA) de Buenos Aires, Argentina; Museum of Modern Art, National Library, El Museo del Barrio, Metropolitan Museum y Whitney Museum de Nueva York, EE.UU.; Museo de Bellas Artes, Caracas, Venezuela; Museo de Arte Moderno, Bogotá, Colombia; Instituto de Cultura, Puerto Rico; Casa de las Américas e Instituto Wilfredo Lam, La Habana, Cuba; Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, España; Tate Modern, Londres, Inglaterra.

Del 13 de mayo al 19 de junio de 2009

Ruth Benzacar Galería de Arte
Teléfono +5411 4315 8840
Florida 1000. CABA. Argentina
www.ruthbenzacar.com


Brahms con sombrero de fieltro y otros artificios1

Conversación con Ana Tiscornia.
Rhinebeck, Nueva York. Febrero 2009

Ana Tiscornia –Un conejo disfrazado de tigre, un búho con máscara de león, Mickey vestido de señorita, una muñeca escondida detrás de la esfi nge de un prócer, un marinero con gorro mexicano, un busto de San Martín con cabeza medieval, un indio con traje, un pingüino de vidrio con sombrero negro, Lulú disfrazada de sí misma, Brahms con sombrero de fieltro, un pollo con vestido de bailarina, son situaciones que tú estableces donde el disfraz y el disfrazado son equivalentes en su protagonismo. ¿De qué se tratan esos disfraces que no disfrazan del todo?
Liliana Porter –Son leves modificaciones. Es decir, pequeños gestos que hacen que lo que son y lo que quieren ser, se parezca mucho. Un perro disfrazado de perro, por ejemplo, se trata de una apariencia que cubre otra apariencia.

AT –Lo interesante es que esos ajustes de sintonía, enmascaran y a la vez revelan.
LP –Es que justamente el tema es el de una representación que se sustituye por otra. El hecho de que sean objetos inanimados, además de dar risa, lo hace más claro porque nadie duda que son apariencias, que son representaciones.

AT –Al mismo tiempo, como espectador, uno establece una relación de complicidad con estos objetos. ¿Por qué crees que uno puede estar conciente de la representación y al mismo tiempo entregarse a ella?
LP –Porque desde que nacemos estamos involuntariamente ejercitándonos en eso. Es decir, cuando uno es chico, uno es animista y no cuestiona su animismo. Un oso de felpa, el perro, la tía, la muñeca, pueden tener el mismo valor emocional, o si se quiere un valor emocional puesto al mismo nivel. Después, cuando crecemos, empezamos a organizar las cosas y separamos, lo vivo, lo que no lo está, el juguete, el adorno, pero ese orden es un orden intelectual no es un orden que parte del conocimiento. Me refi ero al conocimiento con mayúsculas.

AT –Querés decir a la verdad, a la explicación detrás de todo lo inexplicable.
LP –Si, a eso que no sabemos qué es. Entonces podríamos decir que lo que pasa con mis objetos es que agarran al espectador distraído y hacen que se vuelva a relacionar con ellos sin problemas, como cuando era chico y sabía que todo era representación. Estos objetos que yo propongo re-activan ese mecanismo que estaba allí, latente. Lo que es fantástico también es que después, uno vuelve a intelectualizar esa relación. Como por las dudas.

AT –¿Por las dudas de qué?
LP –Por las dudas de que la realidad no te quede desestabilizada. Esa actitud es la misma que lleva a alguien a poner un elefante de vidrio en el estante como si fuera normal. Es fantástico ver como uno entra y sale de la ficción.
Pero volviendo a cuando se entrega a la ficción, esa relación que establece el espectador con mis objetos, se da mas fuerte en las películas que en los grabados.

AT –¿Por qué?
LP –Porque la luz está apagada y el espectador cree que no tiene testigos.

AT –Aquí en los disfraces, hay varias capas de fi cciones. Más allá del concepto del enmascaramiento de la representación, como dijiste una vez también “se trata de cómo se articula todo para que funcione y diga lo que uno quiere. O se parezca a lo que uno necesita decir.” Hay un nivel metafórico en estas situaciones que no es secundario, sino paralelo.
LP –No sé exactamente como formularlo pero cuando creo estas situaciones, pruebo muchas cosas hasta llegar a aquella que funciona. No es que sé exactamente por qué es ésta o aquella pero hay un momento en que digo ésta es. Es parecido a cuando uno se compra un vestido, uno se prueba
uno y otro hasta que llega aquel que te queda. ¿Qué quiere decir que te queda? Que con ése, sos vos. De la misma manera un actor, que está siendo transitoriamente otro, sabe cuando el vestido es el que le calza al personaje.
En ese sentido los disfraces reafi rman los atributos que yo veo en las representaciones iniciales, pero no tanto porque reafi rmen al personaje sino por la disonancia del atributo, por lo inesperado. Algo así como la picardía de romper la convención.

AT –Las representaciones que tú ves y que haces ver al espectador no son en realidad aquellas a las que aspiró el fabricante del objeto. Eso lo dejó bien en claro el crítico Gabriel Peluffo cuando tituló un artículo sobre tu trabajo “Los objetos que ruegan”2. ¿En que difi ere lo que tu ves en el objeto de aquello que pretende mostrar?
LP –Bueno, el fabricante, por ejemplo hace la estatua de Brahms, y cuando la hace la piensa como un homenaje, un souvenir recordatorio del músico, o algo así. Yo, en cambio, cuando la veo pienso que, quizás, ésta es una de tantas “impersonations” de Brahms, y soy conciente enseguida de la distancia, del tiempo, de las circunstancias, del contexto. La sola presencia del objeto me hace evidente todo eso. Entonces cuando yo lo agarro de sujeto...

AT –Esa es la clave. Que vos tomás un objeto y lo transformás en un sujeto.
LP –Sí, lo acepto como quien es, un señor con toda su misteriosa realidad, y le pongo un sombrero medio anómalo, que no es del mismo material del objeto inicial, ni tampoco es tridimensional sino impreso en un papel y recortado. Ahora todos lo aceptamos, pasamos a través de todas las temporalidades y fi sicalidades y decimos: es un señor con sombrero. Es un disfraz tenue, pero suficiente para introducir otro plano perceptivo.

AT –Otro plano perceptivo donde, a través de la acumulación de los disfraces, también desarrollás una visión del mundo, una narrativa que, como bien dijo Gregory Volk, es como “un alocado desfi le transcultural, una sociedad de apariencias, en la cual las divisiones entre lo viejo y lo nuevo, lo extraño y lo familiar, aristócratas y plebeyos, humanos y animales, están completamente confundidas y borradas.” Volk, refl exionando sobre tus personajes, hace también una mención a la teoría del carnaval del crítico literario Mikhail Bakhtin y al “momento carnavalesco”, aquel en que “las reglas, valores, jerarquías y modos de percepción normales, se suspenden de manera temporal para dar paso a una libertad enteramente nueva, que puede ser a la vez torpe y estimulante, desconcertante y liberadora. Exceso, exageración, hipérbole, exuberancia y parodia son inherentes a estas situaciones carnavalescas, que no buscan trascender la vida normal; no intentan sustituir una nueva conciencia penetrante por otra enervada.”3 ¿No creés que lo que hacés con el espectador es un paralelo de lo que hacés con los disfraces, obligarlo a transitar entre la vida “normal” y la carnavalesca?
LP –Puede ser. Es que ese es mi tema, esa cosa escabullidiza de los límites. Pensá por ejemplo, si mirás a la gente con la idea de que estás mirando un personaje en lugar de una persona, todo se vuelve un disfraz, entrás a la panadería y el tipo está disfrazado de panadero, te cruzás con el policía y es lo mismo, cada uno está disfrazado del rol que decidió jugar.

AT –Por eso cuando uno sale de ver una exposición tuya, el mundo real, de golpe, le parece de utilería.

1 En el marco de la muestra Matiné. 13 de mayo al 19 de junio de 2009. Ruth Benzacar Galería de Arte.Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
2 Gabriel Peluffo, “Los objetos que ruegan”. Plegable de la muestra Diálogos, Museo Juan Manuel Blanes, 1997, Montevideo, Uruguay
3Gregory Volk, “Five Sections for Liliana Porter”, catálogo de la muestra Línea de tiempo, Museo Tamayo, México DF. 2009

Fuente: Prensa Ruth Benzacar Galería de Arte

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