La presente exhibición reúne obras de artistas que, desde distintas estéticas y perspectivas, se plantean el problema de la verosimilitud. Joaquín Cociña, Cristóbal León y Niles Atallah con sus videos que exacerban la pulsión psíquica; Margarita Dittborn, con sus escenas fotográficas donde se cuelan elementos sacados de escala; Pablo Ferrer con sus pinturas que ponen en evidencia los trucos de montaje; Natalia Revilla con sus dibujos que amplifican el detalle aberrante.
Los artistas pertenecen a la nueva escena chilena, excepto la peruana Natalia Revilla. La excepción no hace más que confirmar la presencia de una sensibilidad circulante, que supera los condicionamientos locales. Hay, en el subtexto de estas obras, una sospecha irónica frente al paradigma racional. Conectados a las redes del pensamiento postmoderno (debería decir “transmoderno”), estos artistas desconstruyen con sofisticado humor la coherencia lógica, montando una visualidad autónoma que potencia la carga crítica de la imagen para activar una narratividad borde.
La operación está basada en un procedimiento de obra. Más allá de las diferencias estilísticas, los artistas de esta exhibición comparten la práctica de elaborar artificiosamente puestas en escena que están pensados para su posterior traducción a una imagen plana. Primero diseñan el guión visual, luego lo realizan en el espacio tridimensional y después lo registran en los distintos lenguajes (dibujo, pintura, fotografía, video). Se trata de una maniobra recursiva, en cuanto el resultado final se lee como representación de otra representación. Precisamente, este vértigo del espejo es lo que hace estallar la pregunta por la verosimilitud.

Tal como sucede en la literatura fantástica y maravillosa, las obras ofrecen un mundo articulado pero, al mismo tiempo, dejan en evidencia quiebres y aberraciones que se integran “naturalmente” al relato. Esto permite que en la dinámica narrativa todos los elementos se justifiquen y lleguemos a “creer en ellos”, aún cuando los índices del sentido común nos señalen su carácter errático. Así, por ejemplo, en el código del cuento no nos sorprendemos de que seres humanos sean devorados por un animal salvaje y luego puedan ser rescatados intactos del vientre de la bestia gracias a una simple operación quirúrgica. Sabemos que es imposible, pero lo aceptamos porque “funciona” dentro de las reglas del juego estético.

Del mismo modo, como desplazamiento funcional de la literatura al formato del arte visual, estas obras montan micro mundos donde ocurren hechos que subvierten el orden racional. Son obras que no están justo en el borde entre la aceptación del canon y su subversión. Es el lugar del punctum, como diría Barthes, zona de la paradoja, mestizaje entre continuidad y quiebre. En efecto, este lugar degenerado (en el sentido de algo que está fuera del género pero en relación a él) -- punza a la especulación, como ejercicio de placer intelectual. Hay personajes, hay atmósferas, hay acciones, hay hechos que podríamos conjeturar. Y todo aparece en un envoltorio perfectamente ajustado, bello y hasta virtuoso. Pero también hay signos que interrumpen el relato, errores que reclaman su legitimidad, elementos que subvierten la escala, hilachas que no se ocultan. Es el poder estético de lo inverosímil que invade nuestro imaginario situándonos en la perversión, como sensibilidad trans, donde se espejean la belleza y el horror.
Catalina Mena
Santiago de Chile, Junio 2009
Del 10 al 30 de junio de 2009
Galería Vértice
Ernesto Plascencia 350, San Isidro, (cdra 7 Camino Real)
Lima, Perú
Telf. 4212197
Horario de atención : lunes a viernes de de 11 am a 8 pm, sábados de 3 a 7pm
www.galeria-vertice.com
Fuente: Prensa Galería Vértice




