Viernes, 25 de Mayo de 2012

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Fundación MAPFRE presenta la exposición de Fotografía Walker Evans en el Fotomuseum Winterthur

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Fundación MAPFRE y el Fotomuseum Winterthur de Suiza inauguraron el 29 de mayo la exposición “Walker Evans” que podrá verse hasta el 23 de agosto en el Museo suizo.

La muestra, comisariada por Jeff L. Rosenheim, Conservador de fotografía del Metropolitam Museum de Nueva York en colaboración con Carlos Gollonet, nos presenta más de un centenar de fotografías vintage (copia de época) y extraordinarios originales en gelatina de plata realizados o bien por el propio artista o por algún colaborador bajo su supervisión directa, y presenta obras excepcionales de todas las décadas en las que Evans trabajó detrás de la cámara, desde finales de los años veinte hasta comienzos de los setenta.

Durante su carrera Evans captó en imágenes concisas, contundentes y sobrias todas las caras de una sociedad capitalista que se presenta al mundo como un ejemplo brillante de desarrollo.

Previamente a su inauguración en Suiza, la muestra se expuso en la Sala de Exposiciones que FUNDACIÓN MAPFRE tiene en la Avda. General Perón, 40. Con motivo de esta exposición FUNDACIÓN MAPFRE ha editado un catálogo en español y en inglés. Además de la reproducción de las obras que se presentan en la exposición, el catálogo incorpora dos estudios que aportan un mayor conocimiento de la obra de nuestro protagonista.


Recorrido

Más de un centenar de fotografías vintage (copia de época) originales realizadas desde 1928 a 1975 muestran como Evans captó en imágenes concisas, contundentes y sobrias todas las caras de una sociedad capitalista que se presentaba al mundo como brillante ejemplo de desarrollo.
El recorrido comienza con una generosa selección de sus primeras fotografías, tomadas con una Leica en Nueva York en 1928. El tema moderno de la ciudad, introducido por Baudelaire, recorre su obra a través de escenas sencillas que prescinden de adjetivos. Intrigado por las posibilidades que ofrecen las vertiginosas alturas de los rascacielos de Nueva York, sus imágenes acaban compartiendo afinidad con esa particular tensión de lo moderno que tanto dominó el fotógrafo ruso Alexandre Rodchenko: ángulos inéditos en la época y sorprendentes puntos de vista que muestran su interés por las posibilidades de la abstracción geométrica.

Este primer acercamiento hacia la América real, junto con su concepción de la fotografía como algo inherente al mundo, recorre su obra como hilo conductor. Nueva York, La Habana, Nueva Orleans, Chicago, las grandes metrópolis del Este: Evans inscribe la mayoría de sus proyectos fotográficos en la exploración del tejido urbano y la acumulación de signos, enfocando su lente hacia una gama de objetos, acontecimientos y personas en encuadres y perspectivas sin precedentes. Así, aborda la calle desde el punto de vista del transeúnte en el notable reportaje que realiza en La Habana en mayo de 1933 para ilustrar The Crime of Cuba, de Carleton Beals. Durante ese viaje, de tan sólo tres semanas, Evans describe a la perfección tanto el espectáculo social como la vitalidad de las grandes ciudades. Una imagen especialmente conmovedora de una madre sin hogar con sus tres hijos testimonia la dura realidad social que el dictador Machado había impuesto a sus ciudadanos. En la escena, los dos hijos mayores descansan envueltos en ropas hechas jirones, tumbados boca arriba a los pies de su madre; su sueño se confunde fácilmente con una perversa imagen de la muerte. Aquí, en una sociedad destrozada por la opresión política, Evans capturó las primeras imágenes de pobreza y desesperanza que caracte- rizarían su trabajo posterior en el Sur de Estados Unidos.

Esos años en los que Evans pasa a formar parte del nuevo programa impulsado por Roosevelt (Farm Security Administration) para estabilizar la economía de la nación sumida en la Gran Depresión serán realmente productivos. Comprende la amplitud del drama social que ha ido a denunciar, pero sabe al mismo tiempo mantener una distancia que, en último término, despoja a sus imágenes de las convenciones del género y de cualquier sentimentalismo, así como de cualquier tipo de reivindicación política. En una imagen memorable de un niño descalzo en el interior de su casa en Morgantown, la austeridad del interior se ve animada por la presencia de carteles publicitarios adornando las paredes. La amarga ironía consiste en que esos materiales son usados como aislante para controlar la temperatura de la cabaña. El Santa Claus cuyo rostro mira por encima de la austera mesa no trae regalos y deja incumplidas sus promesas.

Este proyecto, sin precedentes por su manera de combinar la crítica social, el documental y la estética, trataba de acercar las duras condiciones de vida y la extrema pobreza de la población rural a un público ignorante de la situación por la que atravesaba el país. Este primer desafío de la fotografía documental le llevó a colaborar, junto con el escritor Jame Agee en Let Us Now Praise Famous Men: un reportaje encargado por Fortune sobre la difícil cotidianeidad de los granjeros sureños.

Sus resultados: los inquietantes retratos de los miembros de la familia Burroughs y los estudios de interior de su vivienda. Un primer plano de Floy Burroughs a la entrada de su cabaña sitúa al granjero contra una abstracto vacío negro, afilando el curtido rostro quemado por el sol.

La estrecha relación entre fotógrafo y el sujeto humano originado en su viaje al Sur de Estados Unidos, y en particular la convivencia con tres familias del condado de Hale, resonó mucho tiempo después de su regreso a Nueva York.

Será a partir de entonces, entre 1938 y 1945, cuando Evans emprende un experimento radical dentro del retrato. Con una Contax de 35 mm, comienza a trabajar de forma completamente distinta: ocultándola bajo el abrigo, sin control de encuadre, se centra en las caras y gestos de los viajeros del metro de Nueva York. Pretendía fotografiar a las personas de improviso, atrapándolas al natural y mostrándolas sin tapujos. En estas imágenes, los rostros aparecen despojados de la cortesía habitual. Incluso el vínculo familiar se transforma en distanciamiento en este escenario, como en el caso de la mujer que mira distraídamente fuera del encuadre mientras abraza a su hijo alrededor del cuello.

En Fortune alternó trabajos en blanco y negro con otros en color. Y a pesar de su desconfianza hacia la eficacia pictórica del color, en la última fase de su carrera -desde finales de los cincuenta hasta su muerte en 1975- se convierte, sorprendentemente, en el eje de su trabajo y en una nueva lente a través de la que investigar sus intereses. En 1974, el lanzamiento de la Polaroid SX-70 ofrecerá a un artista de salud débil la posibilidad de seguir creando, al suprimir por completo el duro trabajo del cuarto oscuro.

En sus instantáneas postreras persisten los temas que le han obsesionado a lo largo de toda su carrera. En las fotografías de letreros, los colores chillones pueden ser nuevos, pero la fragmentación y el lenguaje provocativo y con doble sentido permanecen fieles a la iconografía vital de Evans. Las imágenes son expresiones gráficas de una sociedad que se ha vuelto insensible a las múltiples representaciones que componen su experiencia cotidiana. Este es, de hecho, el rasgo inmutable y singular de su trabajo: obtener de la insignificancia de lo particular, la gravedad de lo colectivo, para conocer el mundo por sus formas primitivas y, a menudo, inadvertidas.

Fotomuseum Winterthur
Grüzenstrasse 44
8400 Winterthur, Switzerland
+41 52 234 10 60
www.fotomuseum.ch

Fuente: Dirección de Comunicación de MAPFRE
www.exposicionesmapfrearte.com/walkerevans

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