La sala de exhibicion es una, los artistas comparten un espacio, pero existe una línea invisible que los separa, una línea absurda e intangible que nos separa. Ambos Maracuchos y Cucuteños, Venezolanos y Colombianos. La sensación de unidad se convierte en desconcierto. Camilo Barboza y Gabriel Castillo López no se conocen, pero comparten lenguajes muy cercanos, quizás el respirar esa condición de estar en un lugar que bien podria ser el “otro” los hace pensar y crear un otro mundo donde habitan animales fantasticos, paisajes con sombras de colores taparas como balones futbol o juegos ajedrez multicolores. Tanto Barboza como Castillo López desarrollan en su obra un lenguaje punzante y lleno de ironias, ambos abordan sus propuestas con una libertad total de materiales y técnicas. Sus obras nos hablan de un mundo posible, real, bello, cruel y bizarro. Al salir de la sala la sensación de familiaridad y cercanía la llevamos con nosotros, sentimos haber asistido al encuentro de dos parientes que no se conocian.

Camilo Barboza
Una de las sensaciones más usuales frente a las obras de Camilo Barboza es el desconcierto. Su trabajo se abre al espectador desde un espacio inestable donde confluyen el humor, el gusto por el kitsch y una ironía punzante. Pidiendo disculpas por el lugar común, cabe destacar que a pesar de su juventud Camilo ha consolidado una amplia trayectoria expositiva, producto de la solidez de su investigación artística. Inició pintando y haciendo collage. Su obra bidimensional, en la que aún continúa trabajando, surge como resultado de la superposición de capas y la asociación de elementos tomados de diversos contextos, unificados en piezas cargadas de sentido discursivo.

La serie de esculturas reunida en esta muestra es su trabajo más reciente y obedece a los mismos principios. Pequeños juguetes, animales de plástico, “ovejas de pesebre” y figuritas de dudosa procedencia han sido transformadas en monstruos por efecto de la aplicación de capas de pintura, la modificación de las proporciones y la suma de objetos simples que toman rasgo de atributos. La condición monstruosa de estos animales está dada por partida doble. Es monstruoso aquello que sale del orden regular de la naturaleza y las piezas de Camilo representan animales deformados, pero además son juguetes deformados. El origen inocente del objeto original parece reforzar la violencia de la obra. Son juguetes aptos para desarrollar pesadillas. La ternera amarilla con la ubre llena de espinas, el rinoceronte con sus cuernos de lápices, el larguísimo venadito pintados de rosado o el ciervo rojo que guarda la proporción original pero parece malévolo.
La incomodidad que producen estas obras va más allá de su apariencia abigarrada. Estos animales fantásticos, lucen violentos y perturbadores porque trastocan imágenes asociadas a juegos infantiles y nos recuerdan que nunca ha tenido el hombre un tiempo ideal.
Susana Quintero-Borowiak, Maracaibo 31-08-1971.
Hasta el 27 de septiembre de 2009
Oficina#1
Centro de Arte Los Galpones 29-11. Los Chorros.Caracas




