Viernes, 25 de Mayo de 2012

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Volver al Comienzo. Pinturas de Isaac Zylberberg

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Isaac Zylberberg: heteronomía y autonomía de un itinerario estético

Zylberberg fue el discípulo dilecto y fiel de Esteban Lisa. Isaac cumplió en primer lugar con su legado pedagógico, porque ha sostenido una escuela de arte, llena de vida y espíritu, abierta, popular, sistemática en los estudios y en la práctica, libérrima en el estímulo de la investigación estética, vanguardista contra viento y marea, ebria de universalidad pues busca que la formación de quienes asisten a sus cursos abarque no sólo el dibujo, la pintura, la plástica, sino la lectura y la meditación de textos filosóficos, el conocimiento de la historia y de la cultura en un sentido lato. Isaac también transitó los caminos estilísticos de su maestro, de modo que bien podríamos hablar de un segundo Lisa y explayarnos acerca de una dependencia maestro-discípulo, de una heteronomía inevitable tras la aparición de una figura tan revolucionaria, generosa y brillante como la de ese artista abstracto outré y autodidacta. Zylberberg ha conservado los "esquemas" que Lisa exigía como ejercicio fundamental del aprendizaje de las formas, unos dibujos que resuelven en pocas líneas, elegantes y armoniosas, la representación de animales y hombres en movimiento. Podemos complacernos con ellos y también con las telas en las que, una y otra vez, los alumnos pintaban los volúmenes elementales de la pirámide, de la botella, del jarrón, y exploraban sus relaciones lineales y cromáticas o los juegos de luces y sombras proyectadas entre los objetos. Lo interesante es que, ya en aquel momento, Isaac descubría en tales indagaciones los modos de resolver el problema del equilibrio de las figuras, los colores y sus tensiones, conquistaba una destreza particular, que nunca lo ha abandonado, en la construcción de un conjunto visual estable aunque recorrido por líneas de fuerza y planos de tonos vibrantes, es decir, habitado por una dinámica que resulta paradójica respecto del efecto total de encontrarnos en presencia de un mundo, autocontenido y completo, de sensibilidad y significado.

 


Tras un período abstracto muy adherido a las fórmulas del maestro, Zylberberg se adentró en la experiencia del paisaje urbano al que supo aplicar esa matriz de la estabilidad del conjunto y del conflicto íntimo de elementos plásticos que acabamos de describir en general. No deja de resultar asombroso, contradictorio y al mismo tiempo bello, el que torres y casas se aparten de la vertical para compensar las curvas o las oblicuas de los troncos de los árboles, el que no existan rectas que definan el horizonte o las calles: enésima ocasión en la que nos enfrentamos a la milagrosa realización visible y objetiva de la "coincidencia de los opuestos" en el arte, quizás porque la trama de los colores saturados permite resolver en el goce feliz de las luces tonalizadas los contrastes y desgarramientos trazados por el dibujo.

Después de las representaciones de la ciudad, Isaac regresó a una abstracción en la que la impronta de Lisa hubo de combinarse con otros modelos -Mondrian, Klee, ciertos atisbos del expresionismo abstracto. Luego, aun cuando sea posible que Zylberberg no se lo haya propuesto como un programa explícito, he aquí que nuestro pintor incursionó en la construcción de objetos desconocidos, desplegados en espacios siempre diferentes que no se desprenden de una concepción a priori de lo tridimensional, sino que son el producto propio de la configuración de aquellos objetos en cada una de las obras. Tal vez sea lícito ver en estas telas la manifestación abstracta, autónoma, puramente plástica del antiguo género de la naturaleza muerta. Es posible que apelar a la denominación inglesa de la categoría, still life, "vida callada", y agregarle el adjetivo abstract nos dé una idea crítica más ajustada de lo que Zylberberg logró en esa época de su actividad artística: abstract still life.

A partir de entonces, Isaac ha alcanzado una autonomía radical, ha ensanchado el horizonte de sus investigaciones y abierto varios caminos simultáneos. El primero ensayó la veta humorística de la figura humana convertida en un muñeco o reducida a un autómata expresivo, que se torna objeto reconocible entre los objetos desconocidos e inventados de la creación abstracta. El segundo consistió en una exhibición de signos complejos sobre un fondo de planos fundidos e imbricados por el color y las texturas logradas mediante el uso cambiante del pincel; los signos pueden ir desde la huella identificable de la silueta de un ser humano hasta el símbolo más arbitrario y libremente creado por el pintor. Los cuadros se tornaron mensajes cifrados cuyo sentido literal se nos escapa, pero que nos remiten a sentidos metafóricos y anagógicos bien anclados en la vida emancipada del espíritu. Las noticias que nos traen esas imágenes remiten al combate con la materia de nuestras vidas que sucede en el interior de quienes contemplamos, a la extraña lucha que con ella y gracias a ella entablamos por la libertad, la belleza y la felicidad que vislumbramos en el acto de la creación gratuita. No es casual que Isaac Zylberberg se complazca ahora en realizar secuencias de cuadros en rollos de telas que se desenvuelven, igual que un tapiz sin principio ni fin. Nuestros ojos van de uno a otro eslabón de la serie y comprenden, "leen" cuanto allí se "dice" o se representa sobre el impulso hacia lo mejor que existe en nosotros. Zylberberg reproduce el susurro enaltecedor de Rilke: "Tú, tú tienes que cambiar de vida".

Buenos Aires, 16 de junio de 2008
José Emilio Burucúa

Fundación Esteban Lisa
Rocamora 4555, Buenos Aires, Argentina
C.P: C 1184 ABK
Tel/Fax: (54-11) 4862-0569
Horario de atención: lunes a viernes, de 16 a 20 hs.
www.estebanlisa.com

Fuente: Fundación Esteban Lisa

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