La Municipalidad de Miraflores y Vértice Galería de Arte presentan La nueva exposición de Natalia Iguiñiz
Por fin la exposición "Pequeñas Historias de Maternidad 2" de la artista Natalia Iguiñiz podrá ser apreciada en la sala Raúl Porras Barrenechea desde el jueves 4 de diciembre de 2008 hasta el 4 de enero del 2009. La calidad de la obra expuesta así como el reciente e intempestivo cierre de la Galería Vértice, donde en un inicio se iba a presentar la exposición, ha generado una gran expectativa alrededor de esta aguda propuesta que indaga en dimensiones poco exploradas de la maternidad. Ahora todos podrán apreciar y disfrutar de este interesante proyecto gracias a la co-producción entre la Galería Vértice y la Municipalidad de Miraflores.
Luego de tres años de ausencia de las galerías limeñas, Natalia Iguiñiz regresa con una nueva e inquietante exposición. La artista plantea una reflexión sobre el cuerpo de la madre, sobre la gestación y la crianza. Dice Iguiñiz: "¿existe el instinto materno?, ¿gobierna su cuerpo una mujer embarazada?, ¿es placentero dar de lactar?, ¿una madre debe criar?"
Como se recordará, en el año 2005 ella presentó la primera parte de esta investigación donde cuestionaba la relación unívoca entre mujer y maternidad. Esta vez, su propuesta profundiza sobre otros aspectos de esta vasta y compleja experiencia humana.
Esta segunda muestra también presenta un conjunto heterogéneo de piezas, que han sido realizadas en distintos medios para dar cuenta de las múltiples dimensiones de la experiencia maternal. Como sostiene Iguiñiz: "Aquí el énfasis está puesto en la reflexión sobre el cuerpo biológico y social que reinventamos cada día. Es imprescindible desnaturalizar la maternidad para liberarnos de las trabas que no nos permiten desarrollar todas nuestras potencialidades humanas".
Pequeñas Historias de Maternidad 2 vuelve a la carga sobre la ambivalencia de la maternidad y las múltiples ansiedades, personales y colectivas, que genera. El exaltado y al mismo tiempo vapuleado mundo de la crianza se le presenta a la artista como un espacio infinito de donde brotan fantasías insospechadas y preguntas de diverso calibre.
Natalia Iguiñiz es una destacada artista visual peruana que desde la pintura y la fotografía, hasta el video y la intervención pública, ha hecho cuestionamientos incisivos e íntimos sobre el género y la vida pública. Ha ganado diversos premios en el país. Es docente de la Facultad de Arte de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha expuesto en los principales circuitos de América Latina –México, Buenos Aires, entre otros- así como en España y Francia.
La exhibición podrá ser visitada hasta el 4 de enero del 2009 en la Av. Larco 770, Miraflores, de de lunes a sábado de 10.00 a.m. a 10.00 p.m., y domingos de 2.00 p.m. a 10.00p.m.
www.nataliaiguiniz.nom.pe
Born to be wild
1968: Steppenwolf lanza la canción que daría origen al heavy metal y sería parte esencial del soundtrack de Easy Rider. Un clima de cambios transformaba aceleradamente el mundo: París de mayo, las protestas contra la Guerra de Vietnam, la utopía hippie y la revolución sexual. Si bien este nuevo espíritu apuntaba a una “vuelta a la naturaleza” frente a los artificios del capitalismo, se daba en un contexto de paradojas: la sublimación de las drogas químicas por la psicodelia y el control de la natalidad a través de la píldora.
Es en este momento que el feminismo y la teoría psicoanalítica generan nuevos planteamientos que transforman la maternidad en una construcción cultural compleja. En su reconstrucción racional, la maternidad fue adquiriendo el filo cortante del heavy metal. Como diría la teórica feminista Donna Haraway en su Manifiesto Cyborg, los nuevos cuerpos se conectan a interfaces tecnológicas y son uno mismo con las máquinas en la medida en que dependen de ellas para sobre vivir. Si la madre es una prótesis temporal proveedora de alimento para un niño que también es prótesis afectiva de ella misma durante la lactancia, los intervalos de esta interdependencia, su antes y después, son oscuros y pueden producirnos extrañamiento. Estos aspectos extraños son documentados y representados por Natalia Iguíñiz en pequeñas historias de la maternidad 2.
La exposición construye una narrativa que llama nuestra atención respecto del cambio, de lo que se gesta, vive y se quiebra sucesivamente. Hay crecimiento pero también sufrimiento, apegos que sólo se conocen después de la ruptura y el destete. Todo sigue el curso de una cadena sadomasoquista dirigida a la vida. Llegar a parir se convierte en una especie de bondage: correas de cuero que atan brazos y vientre, cortes que propician el “parto natural”.
Se acumulan como fetiches los desechos del vínculo afectivo-biológico, como el cordón umbilical y otros objetos y secreciones. Mientras tanto el niño va creciendo y devora a la madre, transforma su vida en rutina. Y cuando esta etapa termina, los signos de dolor por la pérdida no se hacen esperar. La madre cyborg-yonqui recrea rutinas de dependencia: se extrae leche conectada a una interfaz tecnológica de manera casi clandestina en su lugar de trabajo. Una válvula eléctrica remplaza la succión del bebé ausente. La leche extraída será el insumo que prolongará la dependencia afectivo-alimenticia del niño. La proyección de sí misma en el otro dependiente termina muy pronto: la niña crece, camina, deja a la madre. La madre se queda sola con su leche y encuentra su verdadera proyección dándose de lactar a sí misma. Nosotros la miramos desde la rendija de la puerta: somos voyeurs de su intimidad que es el reality de nuestro propio dolor, del dolor y el vacío que nos genera el dejarla.
Sala Raúl Porras Barrenechea
Av. Larco 770, Miraflores.
Del 4 de diciembre de 2008 al 4 de enero de 2009
Tl. 93615149
Fuente: Rosario Wenzel/Galería Vértice




