Desde el pasado 21 de agosto, en la Sala RG de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, se puede visitar la exposición titulada Memorias, del fotógrafo argentino Marcelo Brodsky. El evento cuenta con el apoyo de la Embajada de Argentina.

Cuarenta y un fotografías acompañadas de textos explicativos componen la muestra, que representa el trabajo de Brodsky desde 1996 hasta 2002. Según Carmen Hernández, quien se desempeña como Coordinadora de Artes Visuales del Celarg, “la mayor parte de esta selección integra un proyecto reflexivo sobre los efectos de la violencia ejercida como acción directa en los cuerpos y como amnesia en la historia política vivida de manera colectiva en Argentina, sobre todo durante el régimen dictatorial desarrollado entre los años 1976 y 1983”.
Para llevar a cabo el proyecto Brodsky recurrió a su archivo de imágenes familiares como una vía para expresar la ausencia de seres queridos que fueron víctimas de la dictadura. “Es a partir del mundo afectivo que él construye una discursividad visual pública, recurriendo a las estrategias derivadas del conceptualismo, tales como: anclajes textuales, recortes, superposiciones y reconstrucciones de las imágenes”, expresó Hernández.

Por su parte, el investigador alemán Andreas Huyssen expresó que “el trabajo individual de Brodsky adquiere significación social porque forma parte de un sentimiento colectivo que espera comprender y exorcizar un momento histórico doloroso en el cuerpo y la imaginación, de lo personal y lo nacional”.
Buena memoria (1996); Nexo (1999-2001); Vislumbres (1994-2002); y Memoria en construcción (2005), son los trabajos en los que están contenidas las piezas que conforman la exposición. La muestra estará abierta al público hasta el próximo 12 de octubre.
Marcelo Brodsky estudió Economía en la Universidad de Barcelona y se formó como fotógrafo en el Centro Internacional de Fotografía con el maestro catalán Manel Esclusa, durante su exilio en España en los años 80. En el año 1997 editó y expuso el ensayo fotográfico Buena Memoria, muestra que se ha expuesto hasta 2007 aproximadamente en cien oportunidades y en veinte países, y cuyo libro ha sido editado en castellano, inglés, italiano y alemán.
Entre sus otros trabajos figuran: Los condenados de la tierra (2000), Memory Works (2003) y Correspondencias con Manel Esclusa (2007).
Memorias. Marcelo Brodsky
Obras con textos explicativos
BUENA MEMORIA, 1996
Fernando en La Boca de la serie Nando, mi hermano, 1964-1970
Fotografía en blanco y negro
44 x 35 cm
Con esta foto de mi hermano, mi mamá empezó y terminó su carrera fotográfica. Pintora y escultora, Sara decidió estudiar fotografía y se anotó en los cursos del Fotoclub Buenos Aires.
En un concurso tema “La Boca”, ganó el primer premio con esta imagen. Nando está sentado en un teatro vacío al aire libre. Mira a mamá serio y concentrado, en un gesto característico. Al enmarcar la foto mi madre le agregó una medalla. No es la que ganó con el premio del Fotoclub, sino una que ganó Nando en una carrera de natación. Es una imagen con doble premio, y merece encabezar este capítulo dedicado a mi hermano, que podría haber tenido muchos más.
Fernando en la pieza de la serie Nando, mi hermano, 1964-1970
Fotografía en blanco y negro
35 x 35 cm
Esta foto de mi hermano es una de las primeras que hice en mi vida, con una cámara antigua que me regaló mi viejo. Estamos en nuestra habitación compartida. Su rostro aparece desdibujado. Su movimiento, hoy ya inexistente, lo hace difuso ante la lente. Las fotos de la pared, en cambio, soportan mejor la exposición prolongada. Es la mejor foto que me queda de él, de cuando vivíamos juntos.
MEMORIA EN CONSTRUCCIÓN, 2005
La camiseta. Nando en la ESMA. Foto obtenida del Archivo del Juzgado, Buenos Aires, 2005
Cybachrome
37 x 35 cm
La camiseta
La fotografía no tiene fin. La imagen que había conseguido reconstruir, el retrato de mi hermano de los hombros para arriba detenido en la ESMA resultó estar incompleta. Durante la visita que realicé con Víctor Basterra al Juzgado Numero 12, donde se tramita la causa ESMA, Víctor reclamó su derecho a revisar el expediente para ver las pruebas que él mismo había aportado. El primer expediente que vimos mostraba sólo fotocopias. Pedimos los originales. Aparecieron.
Y la foto estaba allí, pero completa. De los hombros continuaba hacia abajo, hacia la cintura. Y se veía la camiseta. Una prenda desgarrada, irregular, básica. Una camiseta mínima, arrugada, envolviendo un cuerpo púber después de una sesión de tortura.
Los hombros se ven jóvenes, cruzados por las tiras de la prenda. (los tiempos en la fotografía se superponen, continúan). La indefensión y al mismo tiempo la belleza de la juventud, asomando entre los trozos de tela tras la paliza. El rostro un poco desencajado, pero aún íntegro. La fotografía amplía, agrega información. Tiene pequeños detalles tan irrelevantes como reales. Permite vislumbrar los pasadizos oscuros que llevan a la pared contra la que se hizo, los ruidos de las cadenas arrastradas al caminar, los grilletes...(otra foto muestra las marcas en las muñecas de las cuerdas de amarrar, en una mujer joven, hermana de otro).
El ligero abrigo que da la camiseta viste al cuerpo en su dolor, lo marca. No es un cuerpo desnudo. Recuerda el taparrabos de otro torturado, en la cruz. Y los pañuelos. Géneros blancos en lugares distintos, retazos.
Me cuentan que hacía gimnasia en la celda, un espacio similar a un chiquero para criar chanchos - convinimos en la charla con Basterra-, con paredes de apenas un metro de alto. Un lugar rectangular, pequeño, del tamaño de una colchoneta, por el que apenas se podía asomar la cabeza. Allí mismo hacían lo posible por charlar. Una colchoneta que sólo tenía goma espuma y frazadas: ni forro ni sábanas. Lo mínimo, lo que se da a un esclavo, lo básico para subsistir y no morirse de frío, porque las sesiones debían continuar.
Siempre me gustaron las camisetas. Cuando duermo me pongo una, más bien una remera. Esta es distinta, es la clásica, la del barrio, la del carnicero tomando mate. Encima –es de suponer– bastante sucia, con su olor pegado, y sus pliegues, sus sombras y sombritas en la fotografía, pegadas al cuerpo de mi hermano todavía vivo.
Y una cosa le dijeron los nueve a Basterra, un día que consiguieron reunirse con él con la complicidad de un guardia “bueno”, asomando sus cabezas por el hueco de esos cuartuchos. Le preguntaron “qué será de nosotros”. Silencio. Víctor no sabía, no podía ni quería imaginar lo que sería. El había conseguido cambiar de escalafón: ahora era fotógrafo: lo necesitaban para algo más que para darle máquina. “Que no se la lleven de arriba, Víctor”. Eso le dijeron, los nueve, a oscuras. Que no se la lleven de arriba.
Desde el 21 de agosto hasta el 12 de octubre
Casa de Rómulo Gallegos
Avenida Luis Roche de Altamira
Telf. (0212) 285.27.21 / 285.29.90.
Correo e: prensa(arroba)celarg.gob.ve
www.celarg.gob.ve
Fuente: Prensa Fundación Celarg




