En el pabellón Carmen Martín Gaite se ha realizado hoy una charla sobre la nueva narrativa iberoamericana, organizada por el diario El País. Han participado los escritores William Ospina (Colombia), Alejandro Zambra (Chile), Claudia Hernández (El Salvador) y Edmundo Paz-Soldán (Bolivia).
Madrid, 2 de junio de 2008
América Latina vivió un boom en los años 60. Fue el boom que vino de la mano de escritores que retrataban una América Latina exótica, exuberante, tropical y mágica. A este grupo pertenecen algunos de los nombres más importantes de la Literatura Universal, como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Juan Rulfo, entre otros. Para hablar sobre la vigencia de esta tradición literaria y sobre los nuevos caminos de la literatura en América Latina, se han reunido hoy, en los Diálogos de El País, cuatro escritores que pertenecen a las nuevas voces narrativas del otro lado del Atlántico, quienes con sus libros dan cuenta del vigor de las letras iberoamericanas: el poeta y ensayista colombiano, William Ospina; Alejandro Zambra, poeta y narrador chileno; la cuentista salvadoreña Claudia Hernández y el novelista boliviano Edmundo Paz-Soldán.
La coincidencia del lenguaje y la zona geográfica conjunta hace que muchas veces la imagen que se tiene de América Latina sea la de una región idéntica en costumbres, tradiciones y visiones sociales y, por tanto, una región que produciría sólo un tipo de literatura, pensando -quizás- en un solo tipo de lector; sin embargo, las obras literarias que salen de cada uno de esos países dan cuenta de las diferencias entre ellos, lo que los hace independientes. Tomando como punto de partida este tópico, el periodista de El País, Winston Manrique, moderador del diálogo, lo inició preguntando: ¿Para quiénes escriben los autores latinoamericanos?
Ospina afirmó que, a diferencia de los escritores de comienzos del siglo XX, que apenas lograban una difusión más allá de sus países, los actuales autores latinoamericanos escriben pensando en un público ya no iberoamericano, sino mundial. Y que ello es posible precisamente gracias al boom de los sesenta, que dio a conocer universalmente la literatura latina. Y añadió que “tal vez no sabemos en la actualidad exactamente para quién escribimos, pero sí sabemos que hay una muchedumbre global y sensible a literaturas de lugares lejanos y extraños”.
En este punto, Paz-Soldán hace ver la rara contradicción que viven los escritores iberoamericanos, quienes luchan permanentemente por salir de sus fronteras, pero sufren, al mismo tiempo, la demanda constante de la crítica de sus países para que hagan una literatura cada vez más “nacional”, más comprometida con la “conciencia moral y el alma profunda de sus países”. En este sentido, cree que es perfectamente posible ser un escritor de occidente y global a partir de las tradiciones locales.
En cuanto a la herencia de la generación del 60 en Chile, Zambra dijo que ésta, debido a situaciones políticas puntuales, apenas se sintió en Chile. De hecho, afirmó que la contribución de su país al boom “fue un escritor como José Donoso que se salía de los cauces de ese boom, ya que sus mejores novelas están lejos del tropicalismo de sus contemporáneos”. Zambra dijo que en Chile no son muy tropicales, que es un país que nunca ha tenido un carnaval y que eso se ha hecho sentir en el tipo de literatura que genera.
Los cuatro autores coincidieron en señalar que la generación del 60 sin duda ayudó a las generaciones posteriores a romper las barreras geográficas e idiomáticas hasta alcanzar las tan preciadas traducciones.
El mea culpa corrió por parte de Edmundo Paz-Soldán, quien dijo que tal vez el error de los nuevos escritores iberoamericanos era que, para terminar con la etiqueta del realismo mágico, habían terminado por crear una nueva: la etiqueta de la “literatura urbana”, con lo cual se cae en un nuevo tópico. Para el boliviano, es tan peligroso desmenuzar la realidad mediante el realismo mágico como hacerlo desde otras miradas literarias, porque todas, al fin y al cabo, terminan simplificando la riqueza y complejidad de América Latina.
Fuente: Gabinete de Prensa Feria del Libro de Madrid




