Jueves, 24 de Mayo de 2012

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Gabriel Martin, Agustina Hubert y Paula Otegui exponen en Pabellón 4

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Gabriel Martin

Algunos pecadores y un retablo para pedir perdón- pinturas
Catapultados en medio de una realidad indescifrable, personajes perdidos buscando desesperadamente su papel y su identidad, obligados a vivir dentro de una hostil sociedad donde todos somos culpables. Un mundo que sigue inexorablemente intentando renovarse y regenerarse, y que al mismo tiempo se cae a pedazos delante de nuestros ojos. El universo que se representa es la exaltación de un pasado contenedor, amplio, centrado, con una perspectiva y un horizonte, el cual añoramos con la imposibilidad de pensar en un presente y menos aún en un futuro. Un sistema que aprueba y confía sin cuestionar la frágil y contradictoria base sobre la cual nuestra vida se desarrolla. No interesa transferir al lienzo los más importantes hechos que están esculpiendo nuestra época. No es una crónica de los actuales días. Por el contrario, se usan imágenes de personajes de manifestaciones graficas contemporáneas donde la confusión y desinformación es una estética corriente para los espectadores, con el objetivo final de recrear y ampliar, el común sentimiento de desorientación y culpa que es característica del período histórico que estamos transitando en el que nos sentimos o hacen sentir pecadores.

Sala I
Del 18 de noviembre al 6 de diciembre de 2008
Lunes a sábados de 16 a 20 Hs.



Agustina Hubert

Ser y estar - Técnicas mixtas y escultura
El solo hecho de pensar nuestra identidad, ser concientes de nuestro ser, e intentar precisarlo, nos otorga una capacidad de acción sobre ella. Quienes somos, queremos ser, creemos que seremos... Que creemos que pudimos haber sido Todo nos identifica. Todo construye nuestro ser. Estos mundos que se dan en simultáneo construyen nuestra persona: la articulación en simultáneo de diversos mundos como constitutivas de cada instante. El eje de mi obra es lo simultáneo. Considero que aquello que se percibe como un todo es en realidad una construccion fragmentada movil y simultanea. La identidad es considerada como un ente dinámico, heterogéneo y en continuo movimiento. En mi obra distintos canales se suceden al mismo tiempo y parecen contradecirse: la linea, el volumen, la imagen, el texto, la sombra, el reflejo,la huella. Combinados intentan construir una concepción viva de la cuestion del ser.

Sala II
Del 18 de noviembre al 6 de diciembre de 2008
Lunes a sábados de 16 a 20 Hs.


Paula Otegui

"Bio-Barroco-Visceral" - Pinturas sala Proyecto cubo

Campos de batalla
Las telas de Paula Otegui son verdaderos campos de batalla. No sólo porque, literalmente, la artista representa con frecuencia a grupos humanos en disputa, sumidos en territorios plásticos más o menos pacíficos, más o menos caóticos, sino principalmente porque en ellas se producen otras luchas no menos evidentes: la eterna contienda entre lo gráfico y lo pictórico, entre la línea y la mancha, entre el trazo y el color.

Como una caja de resonancia, Otegui propaga las tensiones. Con una técnica impecable, superpone patrones figurativos, abstractos, geométricos, manchas, creando una trama visual compleja donde la mirada se abisma. Para esto echa mano a toda una serie de recursos plásticos, contenidos por una composición estricta que evita toda dispersión. Una marcada tendencia al monocromo o al uso de una paleta ascética, perfectamente equilibrada, pone en evidencia su gusto por la armonía y el control, apenas trastocado por el dinamismo de las escenas que representa.

Por otra parte, la superposición constante –de recursos, de figuras– genera una relación ambigua entre bi y tridimensión. Algunas telas, de tratamiento monocromo y dibujo uniforme, son prácticamente planas; otras presentan una profundidad notoria, con claroscuros violentos o figuras en primerísimo plano que postergan el resto de la composición. Hay una energía concentrada en la mayoría de ellas, a veces de manera contundente, como cuando las masas humanas confluyen en estructuras definidas; otras veces es más bien una energía orgánica que surge del tumulto, de su irrefrenable actividad.

Las masas están formadas por personajes que llevan a cabo acciones simples, aunque no siempre reconocibles, ligados íntimamente en el fragor de sus propios actos. Sus actitudes van de la ternura a la violencia, de la banalidad a la perversión. La complejidad de los escenarios invita a la exploración, requiriendo una complicidad también activa por parte del espectador, que debe bucear en las profundidades de esa geografía humana. Recorrer toda la trama de estas acciones involucra un tiempo que necesariamente forma parte de la propuesta plástica, y que vuelve a conmover los límites de la pintura, como lo hiciera antes el dibujo.

Todavía existe una tensión más: la que conecta las partes con el todo. Su presencia es innegable en cada una de las telas. La familiaridad de los personajes pugna por involucrarnos en sus actividades, en su mundo gráfico, en sus asuntos cotidianos, en su lucha singular. A la manera de un contrapunto, la composición nos convoca hacia el planteo plástico general, que se impone con fuerza debido a su cuidada organización. El detalle de las figuras empuja hacia la valoración de lo mínimo, del micromundo figurativo; la macroestructura compositiva invita a la contemplación de las formas que se desprenden, a veces de inmediato y otras tras una observación prolongada, pero que siempre están allí.

Finalmente, una última tensión confronta plasticidad y narratividad. Hay un planteo narrativo claro en las acciones que realizan los personajes, que pueden leerse casi sin dificultad. En contraposición, el planteo formal es más ambiguo. Por momentos, unas figuras geométricas extemporáneas atraviesan la composición, creando un conflicto visual; otras veces es el tratamiento pictórico de los fondos el que aporta al conflicto.

Cada núcleo de tensión es a la vez un centro de estímulo, plástico y visual. Cada elemento es la ocasión de un hallazgo o un encuentro. Sin dudas, el motor principal de las pinturas de Otegui es la búsqueda. Y en cada una de sus telas la artista nos invita, gentilmente, a acompañarla.

Rodrigo Alonso

Del 30 de octubre al 6 de diciembre de 2008
Lunes a sábados de 16 a 20 Hs.

Pabellón 4 Arte Contemporáneo
Uriarte 1332, Palermo Viejo
Buenos Aires, Argentina
Tel.: 4772-8745 / 4779-2654
Lunes a Sábados de 16 a 20 Hs.
www.pabellon4.com

Fuente: Prensa Pabellón 4

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