Jueves, 22 de Junio de 2017

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Emilio Gañán, una de las grandes voces de nuestra nueva pintura

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Claro Enigma (Fragmentos para Emilio Gañán)

Juan Manuel Bonet


A lo largo de los últimos años, me he ido fijando, aquí y allá, en el trabajo abstracto, riguroso, contenido, esencial, de Emilio Gañán, que es ya una de las grandes voces de nuestra nueva pintura, y que está a punto de celebrar su segunda individual madrileña en la Galería Fernando Pradilla, donde en 2005 tuvo lugar la primera. Extremeño de Plasencia, y de 1971, trabaja entre esa hermosa ciudad cacereña, tan americana ya, y Madrid. Pintor absolutamente concentrado en el oficio de la pintura, no es por lo demás de los que se encierran en el mutismo, sino que por el contrario es alguien que gusta de razonar sus opciones estéticas y vitales. Se formó en la Facultad de Bellas Artes de Salamanca. De entre sus profesores allá, sigue estando cerca de su colega Carlos Pascual, con el que en 2007 expuso en Badajoz, en la Galería Ángeles Baños, bajo el título Una conversación, y con un interesantísimo catálogo en el que además de, efectivamente, un diálogo entre ambos, figura una suerte de diccionario de sus intereses comunes, establecido por Javier Díaz-Guardiola.

Emilio Gañán Geómetra, Gañán no lo es ortodoxamente, sino todo lo contrario. En tan sólo uno de los cuadros de esta exposición, un cuadro cuadrado y de formato pequeño, el más minimalista del conjunto, se atiene a una ortogonalidad que otras veces sí ha sido su norma, y pienso en las obras (Dintel, y las series Pórtico y Amaranto) reproducidas en el catálogo de su individual cacereña de 2000 en la Galería María Llanos, o más cerca de nosotros en unos papeles de 2006 titulados Octubre. En todos los demás cuadros y papeles que ahora se podrán contemplar por vez primera, lo vemos moviéndose más bien con su característico sistema de líneas, con sus recurrentes diagonales. En clave "geometría sensible", por decirlo con un término que ha hecho fortuna en el Nuevo Mundo, y que Javier Hernando Carrasco emplea a su propósito, en el texto, "Tensa calma", con el cual, en 2003, contribuyó al catálogo de la individual que celebró en la desaparecida Galería Bores & Mallo, de Lisboa, catálogo donde encontramos además las firmas de Fernando Castro Flórez, y de otro extremeño de un poco más abajo, Javier Rodríguez Marcos, el poeta de Frágil, para el cual esta pintura es mezcla de "Razón y sentimiento". (Para Javier Cano, prologuista del catálogo de la individual de Gañán en Ángeles Baños, 2004, la disyuntiva es: "Razón e intuición").

A Gañán le apasionan las líneas rectas, pero no pretende erigir esa pasión en dogma, sino todo lo contrario, en una disciplina que encauce la libertad. Frente a la ortodoxia minimalista, capacidad de este pintor para, junto a Simetrías, proponer Arritmias. Y para apreciar el arrebato, el sentimiento de lo sublime de ciertos expresionistas abstractos norteamericanos.

Siempre tensado por un designio unitario, lo cierto es que en el trabajo de Gañán nos llaman también la atención dos hechos: el que coexistan en él una gran diversidad de soluciones, y el que a cada nueva exposición -esta no va a ser la excepción- sea capaz de sorprendernos con un repertorio formal un poco más diversificado, un poco más ensanchado.

Emoción, sentimiento, intuición, poesía, son palabras que a diferencia de lo que les ocurre a no pocos de sus compañeros de generación, asume Gañán, en positivo, con un cierto orgullo, "a mucha honra", reivindicando una actitud "serena, noble, elevada" -son palabras que anoto apresuradamente en mi libreta- ante la creación. "Lo que manda en mi trabajo -afirma rotundo- es la intuición. Y añade: "De matemáticas, lo justito". Nada tiene de extraño, en ese sentido, que reivindique las enseñanzas de nuestro común amigo Jordi Teixidor, pintor al que conoce desde que, con veinte años, asistiera, en el San Sebastián de 1991, a un curso que el valenciano impartió en Arteleku. Ni que le interesen especialmente Mondrian, Malevich, El Lissitsky, Barnett Newman, Robert Morris, Helmut Federle, Peter Halley, Pedro Cabrita Reis, José Pedro Croft, una lista corta a la cual, a lo largo de la conversación -y del presente texto- se irán agregando unos pocos nombres más.

Línea sobre el plano se tituló, casi kandinskianamente -¿por dónde se perdió el punto?-, la anterior muestra del pintor con Fernando Pradilla. La historiadora del arte catalana Inma Julián, en aquel catálogo de 2005, subrayaba ese parentesco, relacionando también esta pintura, con cierta tradición abstracta norteamericana de los años cuarenta y cincuenta, con el "Less is more" miesiano -y ciertamente Mies es un arquitecto muy admirado por el pintor-, y también con ciertos trabajos "op" y cinéticos franceses o con epicentro en París, aunque a mi modo de ver esta última conexión está menos clara.

La línea, en cualquier caso, es, sí, protagonista principalísima de esta pintura. Gañán, para trazar sus líneas, recurre a cintas adhesivas, y la simple descripción de su modo de utilizarlas, me trae a la memoria los procedimientos del ya mencionado Mondrian, en la época final y jazzística neoyorquina, procedimientos desvelados por los admirables cuadros inacabados, casi tan buenos como los terminados.

La línea, aquí -por ejemplo las líneas blancas y negras zigzagueando en el gris, en esta serie significativamente titulada Engarzados, o en un cuadro anterior titulado Prisma-, sugiere a menudo tridimensionalidad, una ilusión de profundidad. Se esboza una perspectiva que luego se quiebra en paradoja, algo que por algún lado -aunque sin el cientifismo un tanto ingenuo de unos sesenta-setenta que reivindicaban el "antes del arte"- podría tener que ver con las célebres Figuras imposibles de un José María Yturralde siempre fascinado por el universo laberíntico del holandés Escher.

La línea, el dibujo. En la voz "Dibujo" del diccionario de Una conversación, Gañán se autodefine como "dibujante de línea clara", lo cual curiosamente nos remitiría -aunque no creo fuera su intención- a Hergé, el creador de Tintín y uno de los ídolos de los neo-metafísicos. "Me gustaría -añade- que la mirada recorriese las líneas del dibujo como lo hace en la carretera siguiendo los cables eléctricos".

Desde el punto de vista cromático, durante bastante tiempo a Gañán se le ha identificado con la intensidad de sus rojos. También le hemos conocido azules de profundidad equivalente. En esta exposición, sin embargo, al igual que en otras de las últimas suyas, predominan colores menos esplendentes, más sombríos, más graves: los ocres, los pardos, los grises, y esos negros que en alguna ocasión él ha titulado, muy significativamente, Carbonos, y que en otra, ha adscrito al reino Mineral. Gañán, en la voz "Color" del diccionario de Una conversación: "La mesura en este aspecto no denota pobreza".

Gravedad, también, revela el título, casi como de "vanitas" de Luis Fernández, de una de las series que presenta ahora: Osario. Serie en ocres, en recintos quebrados, haciendo honor a su título. "Pintura reducida a su chasis", es expresión muy del gusto de Gañán. Esqueletos de formas. Máximo despojamiento.

Emilio Gañán Pablo Palazuelo, parte de cuya existencia transcurrió por cierto en Extremadura, en su castillo de la localidad cacereña de Monroy, es un nombre que se ha citado en alguna ocasión, a propósito de la pintura de Gañán. Que el benjamín admira al "senior" -como admira también a un amigo de este último de los tiempos heroicos, me refiero naturalmente a Eduardo Chillida-, es algo indudable. Por mi parte, sin embargo, en los cuadros del pintor de Plasencia no encuentro tanta huella formal palazueliana. El parentesco existe, pero es más bien de índole espiritual. Palazuelo empezó participando, en el Madrid de 1948, donde acababa de dejar atrás la figuración, en un homenaje a Paul Klee organizado por un alemán de paso, el luego mexicano de adopción y pre-minimalista Mathias Goeritz. Por ahí podrían ir algunos tiros. Henri Michaux, en un texto de 1954, habló inmejorablemente de Klee: "Aventuras de líneas". Gañán, citando también al suizo inmortal, en una carta a Castro Flórez que este ha citado en su antes aludido texto para el catálogo de la individual del pintor de 2003 en Bores & Mallo, ha hablado de las suyas, como si fueran seres vivos: "Como Klee saco a pasear las líneas y ellas tienen sus intenciones".

En mi conversación con Gañán a pie de cuadro, en la galería donde pronto estarán colgados, sale a colación otro nombre de nuestra generación abstracta: Jorge Oteiza. Conceptualmente, el lugar del escultor vasco, es similar precisamente al de Goeritz: eslabón pre-minimalista. El pintor de Plasencia me subraya que algunos de sus cuadros Engarzados, a los que he hecho referencia hace unas líneas, le deben no poco a las admirables Cajas metafísicas oteizianas, como está claro que se lo deben los papeles de la serie Volumetrías, en los que el "collage" parece sugerir la textura del acero cortén. Frente a tanto divo que pretende hacernos creer que su proyecto ha nacido por generación espontánea, me llama positivamente la atención el hecho de que uno de nuestros pintores jóvenes más relevantes, nos proporcione sin problema alguno las principales claves de su aprendizaje, aluda a nombres propios no sólo extranjeros sino también españoles, se manifieste interesado en reflexionar sobre ese proceso, sobre cuáles son las tradiciones que le siguen pareciendo válidas, sobre cuáles han sido los faros que lo han guiado en la noche.

De Oteiza siempre hay que recordar su periplo juvenil latinoamericano, realizado entre 1935 y 1948, y que sucesivamente lo llevó a Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador y Colombia. En los países andinos, el vasco se fijó sobre todo en la estatuaria megalítica, a la que a su vuelta a España, dedicó un libro importante. Hablo con Gañán de ese periplo, de esas piedras, de los muros prehispánicos que en su día también motivaron a Joaquín Torres-García (recordar su monumento cósmico en el Parque Rodó de Montevideo) y a otros miembros de la Escuela del Sur, o más recientemente a nuestro admirado Helmut Federle, al Helmut Federle que busca su inspiración en Tiahuanaco.

Algo de esa impresionante monumentalidad arcáica, posee esta nueva serie de Gañán, de título sin embargo nada Nuevo Mundo, sino por el contrario romano, latino, augusto: Prima Porta. Cuadros extremadamente verticales -Gañán habla pertinentemente, en su conversación con Carlos Pascual, de su común afición a lo que llama "formatos extremos", como lo son los de algunos Barnett Newman que tienen algo de columnas. Cuadros sombríos, con mucha insinuación de volumetría, en cuyo centro se dibuja un espacio vacío. Cuadros misteriosos y enigmáticos donde los haya, dentro de lo claros, y a este respecto se me viene a la memoria un título de Carlos Drummond de Andrade, uno de los grandes poetas del "modernismo" brasileño: Claro enigma, título que a la postre adoptaré para colocarlo al frente de estas líneas mías, escritas poco después de volver de mi cuarto viaje al país de Drummond, país con una tradición fuerte de geometrías sensibles, libres.

Prima Porta: inevitable nostalgia romana de Gañán, que en 2004 trabajó en ese lugar único que es nuestra Academia en la capital italiana, y que aunque de otro modo que nuestros figurativos y metafísicos, se ha empapado de la atmósfera cargada de historia de la ciudad, una ciudad que ha contado en su aprendizaje del mundo, lo mismo que París, de cuyo Colegio de España de la Cité Universitaire sería becario en 2006, año en que, probablemente impulsado por la referida nostalgia romana, pintó dos cuadros titulados Foro.

De otro modo que nuestros figurativos y metafísicos, he escrito, y sin embargo sería fácil encontrar terrenos de entente: en la conversación de Gañán la palabra "metafísica" vuelve una y otra vez, y no sólo a propósito de las cajas idem antes aludidas. Le interesa, directamente, la pintura de Giorgio de Chirico, el protagonismo, en ella, de las sombras.

Otro nombre que sale en la conversación de Gañán: Joseph Albers. No tanto por sus por lo demás maravillosos homenajes pre-minimalistas al cuadrado, como por sus trabajos lineales: blanco luminoso de las líneas del alemán abriéndose camino en medio de la negra noche -Vuelo nocturno se titula uno de sus cuadros recientes-, como blancas o rojas o doradas o negras se abren camino, a menudo también en medio del negro, las líneas del español, especialmente en series como la mencionada Carbonos, o como Aurum. Albers: curiosamente, otro que anduvo por el continente americano, también en pos de la quimera prehispánica. Gañán, con humildad: "Creí haber descubierto el Pacífico, y luego me encontré con Albers".

"En el fondo mis cuadros -me dice Gañán, rodeado de ellos-, más que con la arquitectura, tienen que ver con la música". Pero nuestra conversación, a la postre, no se deslizará hacia derroteros musicales. Y eso que en la voz "Pintura", del diccionario de Una conversación, el arte de los sonidos ya hacía acto de presencia: "Hablando de arte, la pintura es lo que más me gusta después de la música". Y en otra voz, "Ritmo", para explicarse utiliza metáforas musicales: "en mi obra [...] tengo propesión a la pieza arrítmica como un gran sonido sostenido y matizado".

La ironía, también. Es irónica la frase coloquial de Gañán, antes citada, sobre las líneas que "saca a pasear" como si fueran perritos. Y es todavía más irónico, el que haya titulado una de sus exposiciones -la que celebró en 2006 en la Sala de Cultura Carlos III, de Pamplona- Silencio!!!, así, con tres exclamaciones, exclamaciones no abiertas, y tan contradictorias con la palabra que las precede... Ironía que en este caso el pintor le toma prestada al prologuista del catálogo, el crítico Javier Hontoria, que empieza así su muy interesante ensayo, uno de los más sugerentes de cuantos ha inspirado la pintura de Gañán: "Hay algo de paradoja en el título de este texto. Vengo a pedir silencio airadamente"... Y también, esto, tan bien visto: "resulta altamente gratificante ver cómo se puede revitalizar un medio sin necesidad de cataclismos".

Emilio Gañán Sorprendido de descubrir, por lo demás, en Gañán, a un artista con una vocación militante de articulador generacional que le desconocía. Me habla, en concreto, de su sueño de una colectiva -ha estado a punto de organizarla en la planta alta de la galería donde ahora se vuelve a presentar en solitario, y en paralelo a su individual, lástima que finalmente el proyecto no se haya llevado a cabo, aunque probablemente en algún momento sea retomado- en la que su trabajo se vería junto al de otros pintores abstractos de su generación, por ejemplo el manchego madrileñizado Eduardo Barco, el también extremeño Julián Gómez -al que premiamos un año en el Salón de Otoño de Plasencia, y que ha coincidido con Gañán en la programación de María Llanos-, el británico-valenciano Oliver Johnson, el franco-madrileño Christophe Prat que se está consolidando como otra gran voz y al cual el de Plasencia conoció cuando coincidieron en la Casa de Velázquez, otro lugar donde él, siempre viajero, pero siempre con la cabeza en orden, ha tenido estudio...

Consciente Gañán, por lo demás, de que planteamientos como los suyos, o como los de compañeros de generación a los que me he referido en las líneas precedentes, y a todos los cuales yo también sigo con el máximo interés -como sigo al Ángel Guache de los Poemas geométricos, a Luis Palmero, a Rosa Brun, a Vicente García Cervera, a Juan Cruz Plaza, a Lisardo, a Javier Victorero, y a unos cuantos más de esa onda-, no se inscriben en el horizonte de la moda actual, sino que representan -palabras textuales suyas, en la voz "Generación" del diccionario de Una conversación- "intereses minoritarios".

A mucha honra, sí: minoritariamente (o lo que es lo mismo: juanramoniamente), airada o silenciosamente, sin necesidad de cataclismos, fuera de la moda, fuera del canon, fuera del mundo. Cerca del corazón de la pintura.

Del 22 de abril al 24 de mayo de 2008

 

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