Miércoles, 23 de Mayo de 2012

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Dos tipos de mapas, Una exposición de Joseph Kosuth

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LA(S) TRAMPA(S)

La cultura no basta porque la vida misma la rebasa. Ante esta afirmación se impone siempre la sospecha filosa frente a todo aquello que, entonces, resulta de una construcción cultural, de un ejercicio de clasificación, jerarquización y taxonomía. Desde siempre la cultura se ha inventado infinitos mecanismos y soportes discursivos para practicar la exclusión. Las redes expansivas de significados culturales cerrados, los mapas (en tanto trampas cartográficas), las genealogías etimológicas y los espejos son, sin duda alguna, ejemplos clarísimos que amparan un procedimiento excluyente y censor. Este es el punto de partida de esta nueva exposición de Joseph Kosuth (USA, 1945) en la galería Juana de Aizpuru, bajo el sugestivo título: Dos tipos de mapas.

Joseph Kosuth

Qué son los mapas y los espejos sino peligrosas trampas sofisticadas que escamotean la verdad, ello suponiendo que tal cosa, definida como verdad, pudiera existir. Ya sabemos que no existe una verdad (aunque sí una construcción de esta), ni una única realidad, ni un único concepto que se disponga a explicarse la paradoja del mundo y de las cosas. Como diría Nietzsche: “no hay mundo si no hay espejo”, considerando siempre que ese espejo alcanzaría -a penas- a reflejar tan sólo una sección minúscula de ese mundo, un fragmento acaso “indigente” y “escuálido” de esa globalidad que toda cartografía consigue mancillar con una desfachatez escandalosa, justificada como acto científico. Estas ideas están subsumidas en esta especie de nueva cartografía que Kosuth propone. Ella abre un grupo de interrogantes y desafía a la doxa del pensamiento monolítico y cerrado que abdica frente a las epistemologías asentadas, sin someterlas si quiere a la duda racional o apasionada, pero a la duda al fin y al cabo.

La sospecha siempre es más fuerte que la certeza, al menos más inquietante, aun cuando esta última suponga el fin para muchos, el arribo a una falsa meta del saber y de la conciencia. Kosuth sabe que la cultura es un espejismo y que sus textos son puras ilusiones aproximativas, las que con un gran esfuerzo de generalización desean, y mueren en el intento, explicar una realidad en extremo sofisticada y compleja que se cifra frente a su mirada. La cultura, cartografiada o no, escrita o no, dicha o no, es un robusto palimpsesto en el que se cruzan infinitas narraciones. Los intentos de leer estas narraciones, de interpretarlas, sobre todo desde la cartografía de significados culturales atribuidos por el peso de la razón, terminan por convertirse en auténticos desvaríos, en digresiones que desvirtúan la esencia misma de esa realidad que comentan y explican. De este modo, los mapas son contracciones delirantes y demenciales de un universo insondable en su propia hondura e indefinición. Tal y como ocurre con el tatuaje, el mapa nombra, marca, limita y, por tanto, llena de vergüenza, ruboriza, excluye, miente. Creer a ciegas en el mapa, en el relato ilusionista de su propuesta, supondría el horror de vivir en las trampas de la fe ciega, en la ignorancia del mundo, en el más cruel desconocimiento de nosotros mismos.

En este sentido, la muestra se articula en base al diálogo cruzado y enfático entre dos grandes instalaciones, de ahí en parte, el título de la misma. Cada instalación supone, de hecho, la presencia y el esbozo de identidad de un mapa. Entre ambas logran fraguar una nueva cartografía de acento estrictamente conceptual, en la que se cuestiona, al tiempo que advierte, la falacia que entraña todo ejercicio intelectual de lectura y clasificación cultural de la realidad, así como lo engañoso, tramposo e indigente que supone el reflejo, cuando éste resulta o se haya sujeto a las medicaciones de la cultura, a sus viciados mecanismos de lectura y de interpretación. Los conceptos, las palabras, el reflejo, como los mapas no son más que construcciones interesadas, enfáticas, puras ilusiones que desvirtúan. Solo
sirven para el alimento del ego, como basamento de la autoestima que se define en la cartografía de los límites del otro. El mapa marca mi identidad, dice quien soy, intenta convencer al mundo, pero el reflejo cóncavo desmiente esa realidad, advierte de su falacia, de su delirio visceral y obtuso.

Dos tipos de mapas es, tal y como ocurre siempre con los proyectos de Kosuth, un ejercicio filoso de deconstrucción y de inteligencia, un procedimiento intelectual agudo que cuestiona e interroga a varios órdenes del conocimiento. No basta con decir que la cultura y el lenguaje son puras construcciones, sino con advertir ese sitio, ese instante, ese momento en el que la construcción se articula por sobre la realidad misma, reemplazándola, desvirtuándola, negándola. J. Kosuth es un artífice de la deconstrucción analítica, una bestia de la interpretación, un auténtico fustigador del orden, de la apariencia. Dos tipos de mapas, queda aquí como una entrega sofisticada de lo que supone es un comentario crítico hacia la cultura misma, en un momento en el que ya todo se convierte en pasarelas tras las que se ocultan todas las cosas.

Andrés Isaac Santana


Desde el 12 de septiembre

Galería Juana de Aizpuru
c/ barquillo 44
28004 Madrid
España
phone: 34 - 91 310 55 61
fax: 34 - 91 319 52 86
e-mail: aizpuru(arroba)juanadeaizpuru.com
www.juanadeaizpuru.com

 

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