El proyecto se inició con la construcción de un escenario en el café “La Máquina” (2007) que invitaba a interactuar al público en sesiones fotográficas que buscaban imágenes con carga generacional transmitidas ahora desde el lenguaje de la pintura.
La iluminación en este escenario ha dado origen a un tratamiento del color que se aleja de una experiencia visual basada en el color reflejado y se acerca a aquella del color atravesado por luz como simulando una pantalla de televisión o monitor de computadora.
Siete pinturas, una instalación y una video-escultura conforman este segundo momento de la experiencia de Factoría “La Estética”.

“Esta es una realidad transmitida. Realidad en tanto todo lo representado ha existido. Transmitida, emitida desde el lenguaje de la pintura como desde una pantalla” dice el artista, quien ha titulado sus cuadros con los nombres de los días de la semana.
Molina llega a esta propuesta pictórica después de atravesar por el proceso de investigación teatral llevado a cabo en los proyectos Golosina: espectáculo y Golosina: revancha dirigidas junto con Diego López en 2005 y 2006 respectivamente. Situaciones teatrales desarrolladas dentro de una cotidianidad en la que el tiempo es mal administrado representan modos en que los jóvenes construyen su propia identidad.
“En concreto, me parece que se tiene que mirar el trabajo de Diego Molina como un trabajo que surge de un interés muy potente por el teatro. En un sentido podría uno decir que crear situaciones teatrales ha sido su mayor aprendizaje en el arte. En ese aspecto resulta interesante, porque es como si hubiera ahí un eco muy extraño, un eco freak del trabajo de los pintores venecianos y españoles del S. XVII; o incluso la noción tantas veces mencionada en relación a la pintura de Poussin, en la que para poder imaginar una escena a ser trabajada en pintura, había la necesidad de construir un modelo previo (o maqueta) del espacio.” Comenta el crítico Jorge Villacorta.

Estos cuadros son un testimonio contemporáneo del ser y estar en el que cada individuo, incluido el pintor, se construye a partir de la experiencia de su tiempo interior en espacios transcicionales. Este tiempo interior podría ser el horizonte en el que Diego Molina reconfigura los momentos vividos en imágenes que son capturadas y sometidas a una transformación digital que el acto de pintar amplifica.
Del 6 de agosto al 6 de setiembre de 2008
Galería Lucía de la Puente
Salas de Proyectos, segundo piso
Paseo Sáenz Peña 206 A, Barranco. Lima –Perú
Tel. 511 4779740 / 511 4770237
www.gluciadelapuente.com




