“La fotografía es un poderoso médium.
Nos lleva al otro lado de la vida.
Y allí, atrapados en su mundo de luces y sombras,
siendo sólo presencia, también vivimos.
Inmutables. Sin penas. Redimidos nuestros pecados.
Por fin domesticados… Congelados.
Al otro lado de la vida, de donde no se vuelve”.
Alberto García- Alix
La muestra que el Museo Reina Sofía dedica a Alberto García-Alix (León, 1956), Premio Nacional de Fotografía 1999, tiene como eje narrativo un texto elaborado por el fotógrafo titulado “De donde no se vuelve”, que además es el guión del vídeo –producido con ocasión de la muestra – en el que el artista emprende un viaje a través de la memoria para descifrar su particular universo fotográfico. Lo que se plantea es una exposición “viva”, que late al ritmo de la visión del artista hacia su propio trabajo.

El recorrido narrativo se compone de una selección de obras realizadas entre 1976 y 2008 (gran parte de ellas nunca antes mostradas) donde se mezclan fotografías de diferentes épocas y formatos, atendiendo al testimonio fotográfico del propio artista. A través de unas 200 piezas, presente y pasado se funden en las salas de la exposición para conseguir una comprensión de la obra, no sólo por las imágenes en sí, sino por el testimonio que conforman la unión de todas ellas. Como afirma el comisario de la muestra Nicolás Combarro: “no se trata de un trabajo retrospectivo, sino introspectivo. Un viaje entre presente, pasado y destino. Una reflexión vital sobre la fotografía”.
Alrededor de cincuenta obras son fotografías de época o vintage, procedentes de la colección particular del artista y el resto son piezas de nueva producción. Además del material fotográfico, núcleo central de la muestra, se exhibe lo que Alberto García-Alix denomina una narración visual que con el título “De donde no se vuelve” recoge el testimonio del autor en primera persona.
La exposición, por tanto, nos acerca no sólo al discurrir de la vida de García-Alix, sino también a su memoria, formando ciclos fotográficos no cronológicos. Encontramos así, imágenes de la primera época realizadas en negativo de 35mm, muchas de ellas en copias realizadas por el propio artista en el momento de su ejecución. En estas primeras imágenes descubrimos una mirada pegada a su vida, a sus amigos; los paisajes de su memoria. Junto a estas, las primeras fotografías de formato medio, desde finales de los ochenta y la década de los noventa, donde García-Alix desarrolla un mayor dominio sobre la composición y profundiza en el retrato. Todo ello se enfrenta a las imágenes del presente, fotografías en las que García-Alix vuelca su mirada hacia su interior, en una comprensión más abstracta, para representar un universo de paisajes, personajes y esencias de su propia vida.

Sobre García-Alix y su obra
Nacido en León, en 1956, Alberto García- Alix guarda muy pocos recuerdos de su ciudad natal ya que en 1965 la familia se traslada a Madrid. Pronto entabla amistad con un fotógrafo aficionado, con quien monta un pequeño laboratorio y así emprende una búsqueda que ya nunca abandonaría. En esos años, siempre con la cámara colgando, retrata su entorno más inmediato, sus amigos, sus compañeros de correrías y sus primeros paisajes.
El contexto histórico y social donde el fotógrafo empieza a desarrollarse comienza a finales de los 70, donde el underground llegado de EE.UU. y la influencia del movimiento cultural barcelonés, suponen la antesala de la eclosión artístico-cultural del Madrid de los 80. Si bien García–Alix no se considera, como algunos le han apodado, “el fotógrafo de la Movida” ya que nunca tuvo esa pretensión documental en su trabajo, sí que fue ficha fundamental de la misma y muchos de sus personajes quedaron fijados en sus retratos. “…desde sus inicios como fotógrafo, la cámara actuaba movida por el deseo de plasmar un estupor o, cuando más, de entender sus razones, nunca por la voluntad de comunicar ni definir nada”, comenta Jenaro Talens en uno de los textos del catálogo.
El valor del testimonio personal y fotográfico de García-Alix sobre esos años, nos permite adentrarnos en los recovecos más desconocidos y sinceros de una época de la que quizás, ha trascendido su parte más frívola: “A veces resulta difícil escapar a las simplificaciones y manipulaciones a que nos somete una memoria tan frágil como colectivamente falsa, en cuanto creada por una cierta e interesada publicidad, tanto mediática como institucional” añade Talens en el catálogo de la muestra.
Hoy, viendo sus imágenes, uno percibe las ausencias y es que muchas de sus fotografías están llenas de desaparecidos. Muchos protagonistas de aquella época murieron pronto, arrastrados en muchos casos por una ola que pocos supieron controlar. “Lo que las fotografías de aquellos años muestran, no es tanto, un tiempo desaparecido, sino el vacío de unas ausencias que ya no pueden dar respuesta a ningún porqué”. O como ha afirmado en alguna ocasión el propio García–Alix: “La fotografía es un certificado de presencia y de ausencia. Lo que más me seduce de la fotografía es ese anhelo de presencia que existe en ella, per se; la presencia de un ojo que mira, que ve lo que te está enseñando y cómo lo quiere ver. Se hacen fotos para enseñar, para ver, no para guardar en un cajón. Todos sabemos que una colección de retratados es una colección de futuros cadáveres, pero siempre queda ese anhelo de presencia porque siempre hay detrás un fotógrafo y un ojo que ve esa escena”.
A comienzos de los años 80 llegan sus primeras exposiciones en galerías madrileñas como Buades y Moriarty y algunas extranjeras, como la Portfolio Gallery de Londres. Su trabajo siempre crea controversia y grandes pasiones, no sólo por la temática libre y provocativa de sus fotografías, sino por encontrarse justo en el momento en el que la fotografía de autor irrumpió con fuerza en el medio del arte. Esto permitió que un trabajo tan personal como el de García-Alix fuese valorado desde una perspectiva más abierta y con una enorme aceptación entre el público de la época.
García-Alix continúa su búsqueda personal, fotografiando el latido de su vida, sus encuentros. Como ha comentado el fotógrafo en alguna ocasión: “He hecho siempre fotos de lo que he tenido a mi alrededor y siempre se producía a través del encuentro. Para mí la magia de la vida es el encuentro, a través del encuentro nos movemos, el encuentro es lo que nos posiciona en la vida, lo que nos obliga a movernos, lo que provoca nuestras pasiones y nuestros sentimientos. El retrato siempre queda como testimonio de ese encuentro. El retrato es un enfrentamiento, es una búsqueda... cuando cojo la cámara me veo obligado a reflexionar sobre el personaje que estoy retratando, cómo es, cómo quiero ver a esa persona, qué me aporta, qué consigo…”

No es hasta 1986, cuando decide comprarse una cámara de medio formato y comenzar a “trabajar” la fotografía. Emprende entonces una evolución a una fotografía más controlada, más medida, donde comienza a domar sus intuiciones, llegando pronto a un impresionante nivel de composición y originalidad. Llegan sus primeros trabajos comerciales con diseñadores como Manuel Piña y colaboraciones editoriales con publicaciones como El Semanal de El País, y revistas de moda como Vogue. En estos encargos, su estilo se mantiene limpio y personal, llevando siempre sus trabajos a su terreno y temáticas personales.
Mientras avanza la década de los noventa, llega el reconocimiento de la crítica y las primeras exposiciones en instituciones. Dentro de este contexto llega su primera exposición retrospectiva, en 1998, protagonista de la primera edición de Photoespaña en Madrid. Esta exposición es la que marca el punto de inflexión en la carrera artística de García-Alix por la enorme repercusión entre el público especializado y la crítica internacional, que alaban la ya extensa obra del artista y su magnitud como retratista, ubicándolo en el nivel mas alto de la fotografía internacional. Este reconocimiento se ve materializado en España con el Premio Nacional de Fotografía que le es otorgado en 1999. Durante estos años, son numerosas las exposiciones internacionales en instituciones y galerías como Chantal Crousel o Kamel Mennour.
Con este contexto entramos en el nuevo siglo. Una nueva exposición retrospectiva organizada por el Ministerio de Cultura en el 2000, recorrerá parte de la geografía española y del extranjero: Paris, Londres, o Nueva York. El fotógrafo emprende un camino paradójicamente todavía más personal. Alix decide entonces mudarse a Paris, dónde trabaja con varias galerías. Allí, el artista se adentra cada vez más en su propia mirada para volverla hacia sí mismo. De esa manera comienza a desarrollar una labor más narrativa, que ya estaba presente desde hacía tiempo en su trabajo, con la escritura y la producción en vídeo. En ese contexto se produce la trilogía en video “Tres videos tristes”, dónde a través de sus fotografías, transiciones en vídeo y su voz en off, “retrata” su experiencia de esos años. En paralelo, su fotografía se vuelve más abstracta y profunda. Nuevas muestras como la retrospectiva en el Festival Internacional de Arles confirman la carrera internacional de García-Alix certificando así la posición del fotógrafo en el marco de la fotografía contemporánea internacional.
Catálogo
Con ocasión de la muestra se ha editado un catálogo que incluye la reproducción de las obras expuestas y varios textos. La narración de Alberto García Alix que sirve también de guión de su obra audiovisual está acompañada de escritos del comisario de la exposición Nicolás Combarro y del fotógrafo Anders Petersen, con un discurso sobre la fotografía próximo al de García Alix, basado en el encuentro. Además, se incluye un texto de Jenaro Talens sobre el cruce entre la imagen y la narración y una biografía del fotógrafo.
Actividades paralelas
Organizado por el Departamento de Educación, el día 7 de noviembre, a las 19:00 h en el Auditorio 200, tendrá lugar un Encuentro en el que el fotógrafo Alberto García- Alix mantendrá una conversación con el comisario de la muestra, Nicolás Combarro, para abordar temas relacionados con la exposición y con la trayectoria del artista.
El 13 de noviembre está previsto el desarrollo de una clase magistral con Alberto García-Alix dentro del Taller Labo_35 dirigido a jóvenes entre 16 y 20 años.
Por otro lado, los integrantes del grupo del programa equipo, el 11 de Noviembre realizarán una entrevista al fotógrafo que será grabada y después colgada en la web del Museo.
Por último, se impartirán talleres en torno a la exposición, todos los sábados comprendidos entre el 15 de noviembre al 14 de febrero: Van dirigidos a adolescentes entre 13 y 18 años. Tras una visita participativa, los jóvenes explorarán de forma independiente la exposición, y desarrollarán finalmente
un taller de creación. (Participación gratuita, previa inscripción: hastadieciocho.mncars(arroba)mcu.es)
Fechas: 4 de noviembre – 16 de febrero 2008
Lugar: Sabatini 3ª planta
Organización: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisario: Nicolás Combarro
Coordinador: Rafael García Horrillo
Aactividades Paralelas:
Encuentro con el artista y el comisario: 7 de noviembre
Clase magistral con Alberto García-Alix: 13 de Noviembre
Talleres para adolescentes: del 15 de Noviembre al 14 de Febrero
www.museoreinasofia.es
Fuente: Gabinete de Prensa, MNCARS




