Miércoles, 26 de Julio de 2017

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Catalina Tuca: espacios para vivir y morir

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  • En la Sala Chile del MNBA se presenta desde el 20 de diciembre al 2 de Marzo el proyecto ganador del V Concurso de Artes Visuales, organizado por Artes y Letras De El Mercurio y el Museo Nacional de Bellas Artes.

La instalación se construye a partir de una trama de cajas de cartón apiladas y adosadas a lo largo de los tres principales muros de la Sala Chile.
“Espacios para vivir y morir” hace referencia a la visualidad urbana a partir de sus aspectos formales recurrentes, asociados a las grandes construcciones que se levantan a diario en la mayoría de las comunas de Santiago. Este paisaje urbano responde a un trazado urbano que busca aumentar la cantidad de espacios habitables, disminuyendo sus tamaños de acuerdo a la mayor densidad, lo cual se refleja en el uso de materiales y tiempos de construcción. Esto se convierte en una realidad violenta para algunos, pero requerida para la mayoría. Por otro lado, el aumento de la necesidad de espacios para vivir provoca un aumento en la necesidad de espacios para morir, lo que genera la construcción de espacios con requerimientos y formas similares.


La caja de cartón es parte de nuestra realidad cotidiana. Usada modularmente para la construcción de un gran muro, permite generar elementos visuales señalados, tales como línea, repetición, monocromía y los conceptos de lleno / vacío, que también caracterizan a estos espacios. Las cajas de cartón contienen una fragilidad evidente, constituyéndose como boceto de los referentes anteriores, y en los cuales no importa el detalle ni su funcionalidad sino su aridez, monotonía y monumentalidad.

Espacios mínimos
por Soledad Novoa Donoso

En la década de los ‘60 hace aparición en Estados Unidos un tipo de obra cuya materialidad recurría a la utilización de productos industriales o derivados de la producción industrial, cuyas formas consistían en módulos seriados que se repetían en un espacio dado, con posibilidad de proyectarse casi al infinito justamente debido a su serialidad y modularidad, y cuyo contenido no apuntaba a la narración de un tema, sino, como lo planteara Sol Le Witt, demandaba la compenetración intelectual del espectador, quien podría descubrir – o establecer - las relaciones matemáticas y geométricas que estas formas seriadas portaban en su estructura.


Todas estas características apartaban, indudablemente, a este nuevo objeto de la noción más tradicional de escultura.

Por su parte, el trabajo de Catalina Tuca se ha caracterizado por la utilización del fragmento, la repetición y la serie, aunque hasta hace un par de años el motivo de su pintura estaba constituido por el fragmento del cuerpo humano, tal como se pudo ver en la exposición Repetición única (Centro Cultural de España 2005). En esa ocasión, el elemento seriado consistía en vistas de sus propios pies dibujados sobre una plancha de melamina blanca, previamente recubierta con látex de color negro.

Aunque el propio título, y una primera mirada superficial, nos hicieran imaginar una repetición exacta del módulo, la misma artista describe ese trabajo como un políptico de 24 piezas iguales, “ninguna idéntica a la otra”. Allí, la imposibilidad de exactitud estaba dada por el proceso manual del dibujo que porta su propia negación.

Recientemente, el trabajo de Tuca ha dado un primer giro, al proyectarse desde la serialización pictórica hacia la serialización objetual, desde la pintura hacia la escultura.

Partiendo del uso de un elemento material y formal –el cartón apilado- Catalina Tuca llega a establecer una estructura extremadamente simple, extremadamente banal, extremadamente monótona. Sin embargo, en su deambular por la ciudad, esta estructura simple, banal y monótona comienza a aparecer incesante y persistentemente en el esqueleto de los innumerables edificios en construcción que saturan el espacio urbano de la ciudad de Santiago.


Por otro lado, en su propio imaginario esta forma también se presenta asociada a otras estructuras que le son familiares, los nichos a medio construir, producto del abandono inmobiliario del Cementerio Católico de Santiago.

En este tránsito, desde el imaginario hacia lo material, la habitación se transforma en módulo, seriado, repetido, idéntico; el hogar se transforma en nicho, estandarizado, extremadamente funcional, impersonal.

Si el minimalismo de los años ‘60 demandaba al espectador entrar en el juego mental y matemático que su serialidad portaba, si llegaba a una extrema pulcritud visual a partir del uso del material industrial frío y de acabado perfecto, si pretendía alejarse de toda narración, la obra de Catalina Tuca acude al material más básico del proceso industrial (el cartón) para involucrar al espectador en una reflexión y un discurso sobre la trama urbana a partir de dos elementos que conforman sus modos extremos de habitar.

De esta manera, el símil visual entre la estructura de cartón, el edificio de departamentos, y el nicho sepulcral lleva a Catalina Tuca a proponer al Museo Nacional de Bellas Artes Espacios para vivir y morir, en un ejercicio de obra que se plantea desde la materialidad a la visualidad, para arribar finalmente a la reflexión sobre la ciudad.

Soledad Novoa Donoso
Noviembre 2007

Espacios para vivir y morir
Del 20 de diciembre de 2007 al 2 de marzo de 2008

Museo Nacional de Bellas Artes
Horario: Martes a Domingo, de 10 a 18:50 hrs.
Martes a Sábado: $600 adultos / $300 est. Y 3° edad.
Domingos entrada liberada
Visitas guiadas concertadas: 6384060 / Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
www.mnba.cl

Fuente: Comunicaciones del MNBA

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